HISTORIA

ALJARANDA

El sitio y defensa de Tarifa 1811-1812

Jesús Terán Gil

    Por donde quiera que se coja la Historia de España, siempre sale a relucir alguna gesta heróica sobre nuestra Ciudad. Una de ellas, sin duda alguna, el sitio y defensa de la Ciudad. Tarifa probó en aquellos días con su general Copons ante los franceses, lo que hacía 517 años probó don Alonso Pérez de Guzmán ante los moros y la traición de un renegado y ambicioso infante.

    Sitiada la Ciudad por un cuerpo del ejército francés (unos 10.000 hombres) del que era Comandante General en Jefe, un Barón del Imperio Caballero Gran Cruz de Carlos Federico de Francia y oficial mayor de la Legión de Honor, no era otro que el general Levall, el cual vino de Algeciras, no obstante ante la activa vigilancia con que le observaba el general Ballesteros que se encontraba en el Campo de Gibraltar al mando de un división de tropas españolas.

Retrato del General Copons. (Foto tomada de la revista Carteya, nº 4, abril 1976)

    Al llegar a la Puerta del Retiro pusieron el cuartel general las tropas francesas y abriendo brecha a la derecha de esta puerta mirando al campo, cuando estaba ya próxima a ser practicable, el general francés mandó una intimidación al valeroso mariscal de campo don Francisco de Copons y Navía que defendía la plaza, concebida en estos términos: Campamento de Tarifa 30 de diciembre de 1811, El general de división, Comandante de las tropas del Sitio de Tarifa, al Señor Gobernador de la Plaza de Tarifa.
Señor Gobernador: Con la defensa que hace esa plaza del mando de VS., tiene suficientemente justificada aquella opinión que es base del honor militar, a fin de que yo no dude, de que penetrado VS. de la multitud de una resistencia más larga, procurará evitar las funestas consecuencias que su obstinación pudiera atraer sobre la Ciudad y habitantes de Tarifa. Desde ayer está abierta la brecha la que en pocas horas será practicable. Elija VS. entre una capitulación honrosa o los horrores de un asalto que le amenaza. Complázcome en creer que aceptará mi primera proposición, siempre que se detenga en considerar de que el mismo honor que le impele a la defensa, le prescribe al mismo tiempo el ahorrar la sangre de un población cuya suerte estriba en VS. antes de verla sepultada en sus ruinas. Tenga VS. a bien, señor Gobernador, el admitir las expresiones de la consideración más distinguidas en que le tengo. Levall.
P.D. Advierto a VS. que solamente tiene dos horas de tiempo para que me envie su contestación.

    Tras leer, detenidamente la intimidación el general Copons le hace llegar la siguiente contestación:
Sr. General Levall
Sin duda ignora VS. que me hallo yo en esta plaza. cuando propone a su gobernador que admita una capitulación por hallarse la brecha próxima a ser practicable. Cuando lo esté, a la cabeza de mis tropas en ellas para defenderla, me encontrará VS. y entonces hablaremos. Queda a la disposición de VS. en la plaza de Tarifa a 30 de diciembre de 1811, a las dos y cuarto de la tarde. Francisco de Copons y Navía.
P.D. Sírvase VS. omitir en lo sucesivo parlamentos.

    Inmediatamente, Copons, dió la proclama que sigue, a la guarnición:
Soldados: el general Levall, jefe de las tropas francesas que tenéis a vuestro frente, temerariamente me ha intimado que esta Plaza de vuestro amado soberano Fernando VII, se la entregue por capitulación, o que de no hacerlo asaltará la brecha. Asegurado yo de vuestra lealtad y del valor que me habéis manifestado, le he contestado lo siguiente: "Sr. general Levall. Sin duda ignora V.S.,....... en lo sucesivo parlamentos". Mi corazón queda penetrado, soldados, que esta contestación que he dado al enemigo, el más bisoño de vosotros lo mismo hubiera hecho. Bien sabéis que a la cabeza de vosotros en los riesgos que hasta ahora se han presentado me habéis visto, y por esto me persuado merecer vuestra cofianza para que me tengáis por compañero y el primero en la brecha si el enemigo intenta atacarla. Tarifa 30 de diciembre de 1811. Francisco de Copons y Navía.

    La fortificación de Tarifa estaba reducida en aquellos tiempos al Castillo de Guzmán y pequeña población encerrada en un cuadrilátero irregular formado por frágiles murallas con sus 26 torreones, verdad es que contaban sus defensores para retirarse en caso necesario con la Isla de las Palomas y el Fuerte de Santa Catalina (donde actualmente se encuentra el semáforo). Copons artilló este fuerte como asimismo habilitó una cisterna y almacenes en la Isla, sirviéndose de un subterráneo antiguo llamado "Cuevas de Moras" que en ella existía. También fortificó otra altura en el camino de la Caleta (en el cerro donde hasta hace poco estuvo el semáforo).

    En la Ciudad sus habitantes se prepararon para defenderla. Se cortaron calles, se barricaron con rejas arrancadas de muchas ventanas y se fortalecieron lo mejor posible dada la clase de elementos que pudieron ser requisables en aquellos días.

    Era Gobernador de la plaza don Manuel Davan, y jefes de Ingenieros y Artillería don Eugenio lraurqui y Pablo Sánchez. Mandaba las fuerzas útiles nuestras Lorenzo Parra, quien tenía a sus órdenes 300 marineros de la Ciudad que voluntariamente se alistaron. Dichas fuerzas con otras de igual clase inglesa formaban nuestro ejército de defensa mandado por el protagonista del relato, general en jefe Francisco de Copons y Navía quien tenía de segundo jefe al coronel inglés Skerret.

Vista de la Puerta del retiro según construcción pictórica del erudito local Juan Lavao. (Foto Archivo del Autor)

    Se abrió la brecha, después de haber sido destruido el torreón de Jesús. Intimada la rendición por Levall y desechado en tono bien enérgico por Copons, el 31 de diciembre dieron asalto a la brecha, 23 compañías francesas con ímpetu y bravura, pero tanto o mayor fue la de los sitiados que recibieron al enemigo con un vivo fuego desde las casas y parapetos que con colchones habían levantado detrás de la muralla. Tal fue la valiente defensa que huyeron los franceses dejando en la brecha 500 hombres entre heridos y muertos. Pidió Levall parlamento, más humilde que lo hiciera el día antes, con el fin de obtener armisticio, el mismo que concedieron los tarifeños con tanto valor como humanidad, pues ayudaron ellos mismos a llevar en sus hombros a los heridos, cuidándoles con esmero.

    Gran ejemplo el que dieron los tarífeños con los vencidos, digno de la noble ciudad más meridional de Europa.

    Copons sacó partido del desaliento que cundía en el enemigo y en esto arreciaron las lluvias con tal fuerza que se desbordó el arroyo que pasaba por la Ciudad y en torrente se derramó sobre las trincheras, las destruyó e inundó el campo, privando de todo abrigo a los sitiadores que decidieron levantar el cerco a Tarifa el 5 de enero de 1812. Esa Tarifa que no supo entregarse ni capitular una paz que no fuera con honra y prestigio ganada con las bajas de dos mil franceses y no pocos cañones.

    Y cuentan las crónicas que ese 5 de enero de 1812, la Virgen de la Luz fue sacada a hombros de los tarifeños hasta las murallas.

    Esa Virgen de la Luz (cuentan las crónicas) a la que se encomendó el general Copons, viendo Tarifa el prodigio del milagro, cual fue el fuerte aguacero que aniquiló totalmente a un enemigo ya vencido.

    De tradición a la Virgen de la Luz se le conceden honores militares y es tradicional asimismo (se dice que desde entonces) que en la procesión de septiembre, el gobernador militar de la Plaza vaya detrás de la Imagen sosteniendo la cola del manto. Vasallaje castrense éste que aún se sigue observando en nuestros días.

    Igualmente se dice que fue el propio Copons el que tras finalizado el asedio, hizo entrega del fajín y el bastón de mando a la Patrona tarifeña.

    Así terminó para los tarifeños la guerra contra la invasión del solar nativo, viendo alejarse de sus muros un ejercito de diez mil hombres.

LA CRUZ DEL SITIO DE TARIFA

Medalla otorgada por el rey Fernando VII a los defensores del Sitio de Tarifa. (Dibujo del Autor)

    En 4 de Junio de 1815 (tres años después de la defensa) queriendo premiar S.M. el Rey los muy señalados y relevantes servicios que por tal defensa prestaron a la patria, las fuerzas del cuarto ejército, encargado de la conservación e independencia de nuestra plaza, contra un enemigo invasor muy superior en número, vencido y dispersado por los valientes tarifeños en ocasión del asalto a la ciudad por la brecha abierta en la Puerta del Retiro, con pérdida total de su artillería y considerables bajas, se dignó S.M. conceder a cuantas personas de armas contribuyeron a la gloriosa defensa de Tarifa, un público testimonio de su real aprecio por tan buenos servicios prestados y vino en crear una cruz de distinción que componía de cuatro aspas esmaltadas de color naranja, con tres globitos en los remates de cada una, teniendo sobre la principal una corona real y pendiente de una cinta azul celeste con filete a los cantos de color naranja y el centro de la cruz circular, esmaltada de azul, con el lema siguiente: "A LOS DEFENSORES DE TARIFA". Tan preciado galardón era de oro para los generales, jefes y oficiales y de plata para las demás clases.

    Para evitar abusos en el goce de dicha distinción por los aspirantes a ella, había de elevarse instancia por conducto de los jefes inmediatos a la comisión o junta revalidadora establecida a tal efecto en la capital con arreglo a una real disposición del 27 de mayo de aquel mismo año. Tal fue la circular expedida por orden de S.M. el Rey a la municipalidad de Tarifa para su efecto consiguiente y en virtud de la cual quedó creada la honorosa distinción que sin duda alguna habrá por algún cajón de algún descendiente de estos defensores del Sitio de Tarifa.

    A principio de este siglo, se pensó en construir una valiosa "Cruz del Sitio de Tarifa" y hasta se pidió algún que otro boceto a una joyería de Barcelona. Para cubrir su presupuesto, se había pensado en suscripción popular y ofrenderla a nuestra patrona ya que Ella como consta de tradición, fue sacada a hombros de sus fieles hasta la muralla aquel memorable día del 5 de enero de 1812.

    Una buena idea que no llegó a cuajar y, que hubiese significado el tributo rendido por el fervor de un pueblo a su augusta patrona y también el medio de dar vitalidad a tan preciada insignia.

    Y hasta no hace muchos años (aún quedna vestigios) hubo una lápida colocada en la muralla que recordaba el hecho. Esta lápida que fue puesta en el lugar donde se desarrolló el hecho, tenía la ínscripción siguiente: "SITIO DE TARIFA - 5 DE ENERO DE 1812" y se puso a todo bombo y platillo el dia 5 de enero de 1912. Ahora sería el momento (a los 180 años) de colocar una nueva lápida que recuerde la gesta.

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