| CRÓNICAS | ALJARANDA |
Martín Bueno Lozano
Martín Bueno Lozano, es natural de Jimena, gran erudito de la Historia de nuestra Comarca, es conocido, sobre todo por nosotros, por su condición de sacerdote y en el desempeño de este ministerio fué varios años párroco de nuestra Iglesia Mayor de San Mateo.
Si alguna población del sur merece ser llamada "de la Frontera" entre las varias que llevan ese añadido (Vejer de la Frontera, Conil de la Frontera, etc) ésta es precisamente Tarifa, porque ninguna lo fue tanto tiempo ni vivió sus azares con tanta intensidad. Y lo que generalmente no se sabe es que realmente esa es su denominación oficial: Tarifa de la Frontera. Así consta, al menos, en documentación que se guarda en su Ayuntamiento. (1)
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| Libro extracto del catastro del Marqués de la Ensenada (Foto M. Rojas) |
Tarifa empezó a serlo de algún modo desde la conquista de Sevilla el 1248. Sin apenas defensas naturales las tierras que bajan hasta la desembocadura del Barbate no pudieron resistir a los cristianos, quienes no por falta de ganas, sino de pobladores, no pudieron someterlas a régimen de ocupación, sino solamente de vasallaje. Luego, el norteño, siempre deslumbrado con el sur (no es nueva la atracción de Torremolinos sobre los suecos), aprovechó la oportunidad y vino a la baja Andalucía en busca del azul de su cielo, de la luminosidad de su aire, del blanco de sus caseríos, del perfume del azahar y el jazmín, y de la feracidad de sus tierras. De ésto sobre todo. Cuando fueron bastantes echaron de sus casas y de sus tierras a todo andaluz-moro, propietario legítimo de lo suyo desde siempre (la historia es en gran parte pura rapiña), y los tarifeños, entonces también andaluces-moros, vieron con horror y con lágrimas como aquel año las aves no emigraban solas hacia África. Fue en el 1264. Aquellos norteños-cristianos ocuparon Vejer, Medina, quedando establecida la frontera entre estas poblaciones y Tarifa. Todavía el monte de enfrente de Vejer, la Barca de por medio, se llama sierra de Granada, señal de que para la pequeña guarnición cristiana que ocupó el pueblo, empezaban allí este reino.
Así quedaron las cosas 38 años, a pesar de que la entrada en la región del Estrecho les era de perentoria necesidad para cortar el paso al peligro de una nueva invasión africana (la de los benimerines) que ponía en peligro sus recientes conquistas. Pero no les era fácil. Para hacerlo sólo les quedaba la gran mella de Puerto Llano, que en la lejanía, de la parte de Medina, aparece tan nítida cortada casi a tajo entre las azules sierras de Saladavieja y Saladaviciosa. No les quedaba otro remedio que entrar por aquí y, según las crónicas, por aquí lo hicieron. Lo que la orografía evidencia lo confirma la historia. No en vano el terreno es uno de sus mayores condicionamientos. Mientras duró el estado de frontera (dos siglos aproximados) fueron muchos los soldados y reyes cristianos que por aquí pasaron. Los primeros osados lo hicieron el 77 con el fracasado intento de quedarse en Algeciras. Quince años después volvieron a la carga, esta vez con éxito. Bajo el mando directo e inmediato del rey Sancho, que de primera intención pensó en Algeciras, pero que aconsejado mudó de propósito cayendo sobre Tarifa por mor de la facilidad de la retirada en caso de apuro por el puerto cercano. El 21 de septiembre, según la crónica cristiana, o el 12 de octubre, según la benimirín, Tarifa pasó a manos cristianas. Tan expuesta, que evidentemente mantenerla constituía a priori un error militar. La crónica del rey Sancho dice que "desque ovo tomado (a Tarifa) fue muy cara de mantener". Para
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| Vista de la torre del Rayo en Puertollano, perteneciente al dispositivo de defensa de la frontera sur castellana. (Foto M. Rojas) |
éIlo se recurrió a la concesión de extraordinarios privilegios a quienes tuvieran el atrevimiento o mejor dicho, la temeridad de venir a vivirla: No importaba que fueran los mayores criminales. Para éstos había, además impunidad total durante su permanencia y total amnistía si se prolongaba un año y un día. Fue necesario montar carísimos y excepcionales dispositivos de defensa y vigilancia, como el de la serie de torres, que aun se conservan, y que servían para avisar rápidamente del peligro a la retaguardia cristiana por medio de ahumadas. El primer aviso lo recibía directamente de Tarifa la del Rayo, que, a su vez, lo transmitía a la de Torrejosa al otro lado de Puerto Llano y, por último, el humo de ésta alertaba a la de Benalup para la región de Alcalá y Medina, y a la Atalaya de Zahara para la de Vejer. Las torres, desde luego, son contemporáneas. La similitud de sus estruturas indica claramente la pertenencia de los constructores a una misma escuela de arquitectura militar.
No puede uno menos de admirarse de que por tanto tiempo y en tan difícil situación pudiera permanecer inexpugnable esta posición. Estos dos siglos de epopeya bien merecen la atención de cuantos estudiosos voy conociendo y que con tanta razón aman a Tarifa. La que no cabe duda que lleva merecidamente de manera oficial el genitivo epexegético "de la Frontera", de cuyo desuso se ignoran los motivos.
(1) Libro de Extracto del Catastro del Marqués de la Ensenada. LEGAJO DE LOS PRIVILEGIOS A.M. TARIFA. Publicado por Francisco Javier FERNÁNDEZ BARBERÁ en su libro Historia de Tarifa.
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