| CREACIÓN LITERARIA | ALJARANDA |
José Araujo Balongo
En su chaqueta estrecha y arrugada
acumulaba polvo de todos los caminos.
La camisa, en el cuello, por el filo,
aureolada en sudor de muchos días.
No podía faltarle la corbata,
señal y distintivo de su categoría
aunque luciera raída y parda,
sin color definido ni brillo prestigioso.
La pesada maleta sobre un hombro vencido
que no recuperaba su ángulo normal
después de descargado.
Al llegar a la plaza entraba en la taberna,
donde pedía un vino de Chiclana
y una silla, prestada, que sirviera de base
al almacén-maleta de su mercadería.
Y después de instalado,
mientras en derredor un corro de curiosos
esperaba el momento del comienzo del acto,
con un pañuelo a cuadros se secaba el sudor
que todo aquel trajín acumuló en su frente.
Con ademanes dignos de senador romano
empieza el parlamento:
"Señoras y caballeros:
Tengo el honor y la satisfacción de presentar hoy, aquí, en esta plaza, después de
haberlo hecho en las más importantes de toda España, una oferta de promoción comercial
que, por la extraordinaria calidad de los artículos y lo ridículo de su precio, no tengo
la menor duda de que merecerá la aceptación y será del mayor agrado del distinguido
público que me escucha.
Por favor, no empujen que habrá para todos, aunque eso sí, tendré que limitarme a la venta de un sólo lote por persona al objeto de poder satisfacer a la mayoría y evitar, al mismo tiempo, la comercialización de estos artículos en una posible reventa para lo que no están destinados... Niño, no te apoyes en la maleta que puede venirse todo el tinglado al suelo; estaros quietos, por favor; podeis mirar cuanto querais pero sin tocar. Gracias".
De la maleta extrae unos objetos
que alza en su mano diestra
mientras que continúa su parlamento:
"Vean , señores; esta es mi oferta. Este lote que hoy, día 18 de mayo de 1944 y por un solo día, someto al juicio de tan entendido auditorio.
Observen en primer lugar el artículo número uno del lote: la pluma estilográfica de cuerpo de ámbar y capuchón dorado, fabricada en Alemania, de gran capacidad en su depósito de tinta y con la que podrán escribir durante horas y horas días y días. Una pluma garantizada que pasea con orgullo por el mundo la alta y reconocida tecnología alemana.
El artículo número dos es este paquete de cuchillas de afeitar, conteniendo diez cajitas con diez hojas cada una; o sea, cien hojas en total, fabricadas con el prestigioso acero toledano de la mejor calidad; el mismo con el que fue forjada la espada del Cid Campeador y las de los reyes, nobles y caballeros castellanos que los hacían poco menos que invencibles en los campos de batalla. Una cuchilla con la que España se incorpora y compite con las más importantes empresas mundiales del rasurado. Un rasurado que es una caricia para el rostro, consiguiendo un apurado perfecto con una sola pasada.
Y, por fin, el artículo número tres y último: esta corbata de seda natural de franjas transversales con los colores de la enseña nacional y que sirve como complemento perfecto e indispensable para la mejor camisa y el mejor traje. Una corbata que prestigia a quien la lleva, dándole ese toque especial de distinción y buen gusto que caracteriza al hombre elegante de hoy".
A medida que hablaba,
se le iba acumulando en la boca
una saliva blanca y espumosa,
espesa, sobre todo entre las comisuras
de sus labios inquietos y nerviosos,
con la que rociaba, en constante espurreo,
a los que se encontraban en las primeras filas.
Y sigue el parlamento:
"Pues bien, señoras y señores; estos artículos, que en cualquier establecimiento especializado del ramo no podrían adquirirse por menos de doscientas pesetas cada uno de ellos, tengo yo el honor y el orgullo de poder ofrecerlos hoy aquí por una cantidad infinitamente menor de la que acabo de decir. No pido por ellos ni seiscientas, ni quinientas, ni cuatrocientas pesetas. Tampoco voy a pedir ni trescientas, ni doscientas, ni tan siquiera cien. Y dispuesto ya a tirar la casa por la ventana y porque me da la gana, tampoco pediré cincuenta pesetas: Por la increíble cantidad de veinticinco pesetas, ¡cinco duros, oiga!, podrán llevarse este magnífico lote, compuesto por pluma estilográfica, caja de paquetes de cuchillas de afeitar y corbata de seda natural... ¡Todo por cinco duritos!... A ver quien es el primer valiente que se decide... ¿Será posible que no haya nadie dispuesto a beneficiarse de esta ganga?... ¡iAllí al caballero!!. Tenga señor; perdone, que no llego... Chico, haz el favor de alargárselo al caballero de la mascota marrón. Gracias, señor; páguele al chico, él me lo traerá...
A ver, otro valiente... ¡Aquí el militar!... Tenga, mi sargento. Se ve que usted entiende; le felicito.
Bien; parece que esto empieza a animarse. Al principio siempre cuesta decidirse, ocurre en todas partes; pero luego no doy abasto... ¡Otro lote por allá!... ¡ ¡Y otro más allá al fondo!!... Por favor, tengan la bondad de esperar un momento... Chico, ¿quieres ayudarme?... ¿Si?... Anda, al final te haré un buen regalo... Entrégale este lote a aquella señora del hábito nazareno y cóbrale... Gracias, señora. ¡Un momento caballero!!... ¡Un momento!... Todos serán atendidos... ¿Os decía yo que no daría abasto?... Pása siempre... A ver, secretario... Date prisa. Toma, este otro lote para el señor de la churrería... No se preocupe, señora; todos serán servidos por riguroso turno...
¡¡A cinco durítos, oiga!!".
Y así, durante un rato,
en la mañana cálida, con olores a churros,
a café, a aguardiente, a jurelitos frescos
cogidos del boliche; a verdura y a frutas
del mercado cercano; a matalahuva y orégano
de la tienda de especias,
continúa con su oferta y su verborrea fácil
el hombre que viniera ni se sabe de dónde.
Acumulando nuevos polvos
en su chaqueta estrecha y arrugada;
ensanchando la aureola de sudor
en el cuello de su camisa deslucida...
Y después, el camino. Cada vez más cansado.
Y mañana otro pueblo
donde repetirá la misma ceremonia.
Mientras le quede voz y el hombro le resista
y los pies le sostengan,
ésta será su no elegida forma,
igual que cualquier otra,
de ganarse (¿ganarse?) la vida.
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