| EDITORIAL | ALJARANDA |
Desde el sigla XIII, al final de cada centuria, en el año 92 de cada una de las mismas, Tarifa celebra el hecho histórico de su toma y de su incorporación a la corona de Castilla por Sancho IV el Bravo.
La entrada de las tropas cristianas el 21 de septiembre de 1292, por una de las puertas falsas de la medina de Tarifa, por aquel postigo o puerta falsa llamada genéricamente por los musulmanes Bad el Gard y por los cristianos como de Santiago, fue tan importante que los conquistadores cristianos quisieron dejar constancia del hecho con un testimonio epigráfico y un monumento conmemorativo.
El testimonio epigráfico consistía en una lápida situada junto al postigo y que decía así: "EN 21 DE SEPTIEMBRE REINANDO EN ESPAÑA SANCHO EL BRAVO SE GANO ESTA CIUDAD A LOS MOROS POR ESTA POSTIGO QUE ESTA EN ESTA SITIO Y SE LLAMABA DE SANTIAGO".
Santiago el Matamoros, símbolo emblemático de aquello que los cronistas mozárabes, de tiempos de Alfonso III de León, habían denominado como RECONQUISTA.
Por ello y para perpertuar la victoria en los tiempos venideros, sacralizaron la conquista de Tarifa levantando un templo en honor del Apóstol combatiente en Clavijo, que englobó postigo, muralla y lápida, todo bajo la sombra protectora del Santo Patrón de España, que fue representado, como no, en actitud guerrera, sobre caballo rampante vencedor sobre las armas y emblemas islámicos.
Ante el presente desarrollo textual muchos podrían preguntarse si las celebraciones del próximo año de 1992, son unas celebraciones de conquista, cargadas de belicismo y xenofobia contra "todo lo que no fuere castellano viejo"
Es una pregunta válida y su razonamiento correcto, por ello, quizás, me aventuro a asumir el criterio y el espíritu que embarga a todos cuantos componemos la COMISIÓN MUNICIPAL del año 1992.
El acontecimiento histórico de la toma de Tarifa es de por si celebrable, aunque sólo sea como punto de arranque de nuestra actual configuración como pueblo.
La conquista trajo como hecho, ciertamente lamentable, la expulsión de los antiguos habitantes musulmanes, sustituidos por repobladores castellanos, leoneses, aragoneses, portugueses y extrapeninsulares a lo largo de un proceso de varios siglos y en los cuales hay que buscar el origen verdadero de nuestros linajes familiares.
Estos nuevos pobladores cristianos, teóricamente nuestros únicos y más directos antepasados, configuraron nuestra actual ciudad construyendo sus monumentos más representativos, crearon nuestras bases económicas agrarias y pesquera, se dotaron de formas de gobierno propias de las que son heredadas nuestras actuales Instituciones, y tal vez lo más importante fueron los autores de nuestras tradiciones, modos y costumbres populares. que nos hacen ser distintos de los demás, que nos identifican como pueblo, que nos hacen ser propios del lugar, es decir Tarifeños.
Es lógico que un pueblo celebre su constitución como tal y por ello Tarifa lo hará con la máxima solemnidad posible el día 21 de Septiembre de 1992.
Pero lejos de una actitud xenófoba e irreconciliable con el resto de sus vivencias. El Islam es algo tan importante en nuestra Historia y Tradiciones como para considerarlo como algo ajeno, lejano, a veces exótico, cuando no hostil.
Si nuestra ciudad se llama Tarifa y nosotros por ende tarifeños, es debido a la conmemoración de otra efemérides, la del primer desembarco en la Península de tropas musulmanas al mando del caudillo bereber Tarif ben Malek.
Tampoco debemos olvidarnos que el origen de la ciudad de Tarifa no es otro que la zona de servicios anexa al recinto fortificado militar de nuestro castillo, levantado por orden de un gran monarca, también musulman pero igualmente hispano, el califa cordobés Abderraman III.
Una ciudad musulmana de la que surgieron hombres de gran prestigio en el campo de las letras y el conocimiento coránico como el poeta y alfaquí Muhammad Ben Ma'Zuz Ben lbrahim Abu Abd Allah Al-Qaysí, que vivió en Ceuta sobre el año 1181
Por ello en el espiritu de la Comisión 92 y en sus planteamientos de trabajo figura el deseo de hacer las celebraciones del próximo año un lugar de encuentro con la más brillante de las civilizaciones que conoció el mundo mediterráneo en la Edad Media: el Islam.
Así frente al campo de batalla de hace siete siglos, esperamos se levante ahora el del diálogo, la tolerancia, la comprensión y el conocimiento.
Un conocimiento que haga que poco a poco nos sintamos también identificados con otras parcelas de nuestra Historia, porque al asentarnos en esta tierra mítica y legendaria asumimos íntegramente su trayectoria a lo largo del tiempo.
Francisco
Javier Criado Atalaya.
DIRECTOR
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