| PSICOLOGÍA | ALJARANDA |
José Vicente Araújo Peralta
A. Hace tiempo te publicaron en ALJARANDA un artículo... ¿cómo se titulaba...?
B. Tarifa, Arte y Pereza. Salió hace tres años, más o menos,
A. Trataba sobre si en Tarifa había algo especial que explicara que se dieran tantos artistas.
B. Bueno, si, en parte...
A. .., pero ¿no te parece que la respuesta era un poco vaga?
B. Si, claro. Premeditadamente. Utilicé un argumento metafórico que me permitía dar un repaso a otros temas; sobre todo hablar de la situación de la cultura en Tarifa y de paso criticar la desidia municipal al respecto. Y no sólo municipal.
A. O sea, que no te interesaba contestar la pregunta, sino utilizarla como excusa para ...
B. No, no, Además también me interesaba la pregunta. Lo que pasa es que quería destacar lo sorprendente de la situación: no solo había (hay) un número sorprendente de artistas para un pueblo relativamente pequeño. Es que no se da ninguna condición para que esto ocurra, aparte del clima. Del viento.
A. ¿Y qué tiene que ver el viento con el arte?
B. En principio, nada. Pero todos sabemos como nos afecta el levante. Nos produce cambios antes y durante un temporal. A nosotros a los animales, y los niños...
A. Lo barruntamos, si. Pero sigo sin ver la relación. No puedes decir que la culpa la tiene el viento y dejarlo sin explicar. Me parece poco científico.
B. Claro, ya. Es que no creo en la ciencia.
A. Toma ya.
B. Toma ya por qué.
A. Porque si no crees en la ciencia, ¿en qué crees? ¿En Rappel?
B. Anda éste. ¿Qué pasa? ¿O la ciencia o el ridículo? ¿No hay inteligencia al margen del pensamiento científico?
A. Tío, si no te conociera pensaría que estas a punto de ponerte místico.
B. ¿Místico yo? No, hombre, eso lo dejo para cuando sea viejo. Lo que pasa es que no soy tan positivista ni tan racionalista como tú.
A. Pues si, creo en la razón. ¿O es que tú no? ¿O es que hay otra forma de explicar el mundo?
B. Pues claro, de eso se trata. Eso es precisamente lo que quiero decir con que no creo en la ciencia. O más bien que no creo que tenga que ser la suya la última palabra sobre todo. La ciencia tiene respuesta para determinadas preguntas, pero para otras no. Hay problemas cuya solución podemos intuir claramente, pero estas intuiciones no tienen nada que ver con la lógica o la razón.
A. ¿Por ejemplo?
B. No sé, cuestiones morales, por ejemplo. He oído a personas cultas invocando a Darwin para justificar la intervención arbitraria de occidente en la política y la economía de los paises subdesarrollados. Y más aún, ¿no has leido en la prensa que un club de superdotados en EE.UU. ha publicado una propuesta sobre la posible conveniencia de eliminar a los pobres, a los viejos, a los locos...? La propuesta en sí es escandalosa, pero lo es más aún que la respalden con argumentos perfectamente racionales. Si la ciencia y la razón lógica nos llevan a conclusiones absurdas, a lo mejor es que la estamos usando en terrenos en los que no son eficaces.
A. Pero la moral puede ser explicada por la ciencia: la psicología, la antropología, la sociología, la historia, explican cómo y porqué se forma el sustrato sobre el que una sociedad construye sus juicios morales.
B. No, perdona, la ciencia describe procesos, pero no explica porqués. Hace poco leí algo sobre cómo determinados procesos químicos en el cerebro influyen en la duración de los amores pasionales que calculaban en más o menos tres años. Pues bueno, pues vale, pues me alegro, pero eso no es más que una descripción de un cómo, sin ser capaz de explicar ni porqué ni porqué no,
A. Puede ser, pero prefiero SABER cómo que INTUIR porqué. Prefiero un conocimiento limitado, pero fiable, a no estar seguro de nada, y eso es la que echaba de menos en lo que escribiste: algo que pudiera creerme algún argumento de peso, datos, hechos, una verdad demostrada por la experiencia...
B. A ti lo que te pasa es que has leído el estudio sobre psicobiología del arte en la revista que te dejé y te mueres de ganas de contárselo a todo el mundo.
A. Me parece que a la gente podría interesarle, sí.
B. Pues no te cortes.
A. Vale, no me corto. ¿Por dónde empiezo?
B. Por donde te parezca más científico.
A. De acuerdo. A ver si me explico. Lo que tú decías de que el viento influye más o menos directamente en la formación de personalidades creadoras o creativas. En psicología existe una clasificación de la personalidad, del carácter, en varios grupos. Ninguno de estos grupos recibe el nombre de creador o creativo o artístico, pero al parecer hay una relación directa entre la creatividad y lo que llaman una personalidad hiperactiva. ¿Puede probarse una relación entre hiperactividad y clima? Pues parece que si: al originarse una tormenta, las partículas que forman el aire se rozan unas con otras cargándose de electricidad, y esta atmósfera cargada de iones positivos causa en los mamíferos una producción excesiva de un neurotransmisor llamado serotonina, que a su vez tiene que ver directamente con la hiperactividad.
B. Bueno, bueno, pero no corras. A ver qué es un neurotransmisor.
A. Ah, si. Un neurotransmisor es una sustancia química que generan las neuronas (las células que componen el sistema nervioso) para transmitir información unas a otras. La información transmitida por la serotanina se traduciría en excitación, euforia, hiperactividad... ¿vale así?
B. Vale. Aclara también que al remitir la producción de serotonina puede producirse un mono que causaría depresión, apatía, cuajo.
A. Si, Bueno... resumiendo diría que se ha descrito la reacción del sistema nervioso ante un clima expuesto a fuertes vientos de la siguiente manera: primero al exceso de producción de serotanina causa jaquecas, dificultades respiratorias, ansiedad y angustia.
B. Que pueden darse incluso antes de que salte el levante puesto que la electricidad viaja más rápido que el aire.
A. Exacto: el barrunto. Luego tiene lugar el llamado síndrome de agotamiento, y por último una fase de nerviosismo, debilidad y depresión.
B. Es decir, si me permites hacer un resumen: la fricción del aire carga el ambiente de iones positivos que causan en el hombre un exceso en la producción de serotonina y este exceso se traduce a su vez en hiperactividad. Esta última sería un rasgo previo a los comportamientos, creativos, que constituirían la característica que define al artista. Por supuesto esto no quiere decir que todo el que viva en un ambiente ventoso se vaya a dedicar al arte, sino que explica en todo caso una tendencia estadística. Otros factores, al margen de los psicobiológicos, fueron enumerados en mi artículo (muy por encima). También habría que decir que existen otras causas que pueden favorecer la liberación de neurotransmisores descrita, desde una predisposición física de la persona hasta la excitación amorosa, pasando por ciertas drogas, pero no nos vamos a ocupar ahora de eso, ¿no?
A. No, más vale.
B. Entonces, qué, ¿te has quedao tranquilo?
A. Hombre, sí; por lo menos hemos ofrecido otro punto de vista.
B. Pues ya sabe el lector: quédese con el que prefiera, o con los dos, o con ninguno. O pregúntele a Juanito, que él si sabe.
REFERENCIAS
MUNTANE, Mª D., Biología de la creatividad, Lápiz, núm.
104.
CABRERO, E., Extasis, Ajoblanco, núm. 58, diciembre,1993.
Gracias a Estanislao Álvarez por la ayuda didáctica.
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