| BIOGRAFÍA | ALJARANDA |
Wenceslao Segura González
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| Fernando Llanos León a final del siglo pasado, por el fotógrafo M. Fuentes. |
Tarifa vive durante casi todo el siglo pasado un periodo de esplendor. Grandes acontecimientos que influyen en la vida de la nación tienen lugar en nuestro suelo: el sitio de Tarifa, con su influencia en la guerra de la Independencia y el levantamiento liberal de Francisco Valdés, son los más notables. Pero a parte de estos sucesos, en Tarifa surge una intensa actividad política, cultural y social, aunque no así económica. Los avatares de la política nacional tienen fiel reflejo en nuestra población. Teniendo por expresión más concreta el surgimiento, en el último cuarto del siglo pasado, de un grupo de personajes tarifeños de elevado nivel cultural, que se preocuparon desinteresadamente por Tarifa. Juan Araújo Rodríguez, Pablo Gómez Moure, Juan García de Celis, Juan Alba Frunzado, José María Morales Gutiérrez,... son algunas de estas personas. A las que hay que añadir el nombre de Fernando Llanos León, médico, profesor, político, alcalde,... pero sobre todo un hombre entusiasta, que durante los años finales de siglo desarrolla una inagotable actividad, con el único pensamiento de beneficiar a Tarifa y a sus gentes.
LOS ANTEPASADOS
La familia de Fernando Llanos León tiene un largo arraigo en nuestra población, ya en el siglo XVIII vive en Tarifa su abuelo, Fernando Llanos Castro. Tuvo éste una larga prole de ocho hijos, el segundo de los cuales Fernando Llanos Pérez, adquiere protagonismo en la azarosa época que le tocó vivir. A los 26 años alcanza el cargo de regidor del Ayuntamiento, para llegar a ser alcalde en 1863. Dedicado al comercio y casado con Petrola Pérez Martínez, de origen campesino, tuvo que inculcarle a nuestro Fernando Llanos el interés por la política y en definitiva el altruismo que nuestro biografiado arrastró durante toda su existencia.
Tiene Fernando Llanos Pérez cuatro hijos: Dolores, Ángel, Luis y nuestro biografiado. Dolores se casaría con Manuel Núñez Núñez, originando una familia que aún hoy tiene continuidad en nuestra población. No ocurriendo así con la descendencia de los demás hermanos y con el propio apellido Llanos que llega a desaperecer de Tarifa, al esparcirse los descendientes por varios rincones de España: Cádiz, Valladolid, Barcelona, Asturias,...
Nació Fernando Llanos León en Tarifa el 11 de julio de 1841, a la una de la madrugada y escasamente a los ocho meses del matrimonio de sus padres. En su acta de bautismo aparece con el nombre de Fernando José María de los Dolores (1).
EL ESTUDIANTE
Los padres de Fernando tenían determinado para él que iniciara la carrera eclesiástica, por lo que recién cumplido los once años, y después de sus estudios primarios en Tarifa, lo ingresan en el Seminario Conciliar de San Bartolomé de Cádiz, ciudad a la que estuvo muy ligada la familia Llanos.
Realiza durante los dos primeros cursos en el seminario, los estudios de Latinidad y Humanidades, obteniendo las calificaciones de méritus y beneméritus (2). Durante el curso 54-55 cursa la enseñanza doméstica, bajando su rendimiento, alcanzando sólo el aprobado. Pero a esta edad de 14 años comprueba que la vida sacerdotal no era su camino y oponiéndose a la voluntad paterna sale del seminario para continuar los estudios de bachiller en el Instituto Provincial de Jerez de la Frontera. Y es verdad que la religión ni era ni fue su fuerte, como lo demuestra que las brillantes calificaciones que obtiene durante todos sus estudios de bachillerato, sean estropeadas con el raspado aprobado que obtiene en la asignatura de Religión y Moral.
En el año 1859 y a la edad de 18 años supera el examen de grado en el Bachillerato de Artes, pero no consigue el título al no haber aprobado la asignatura de Griego del sexto curso.
Durante estos años madura en Fernando Llanos la idea de iniciar los estudios de Medicina, rompiendo la tradición familiar cuyas ocupaciones habían sido la del comercio y la agricultura. Pero habiendo anidado en Fernando la sabia del entusiasmo, llevó a cabo su determinación, matriculándose en la Facultad de Medicina de Cádiz, comenzando los estudios que culminaría en 1865, a los veinticuatro años de edad, y sin haber destacado especialmente durante su etapa de estudiante. El título, que lo expide el Ministro de Fomento, lo recibe estando ya en Tarifa y de manos del propio alcalde.
Su estancia en Cádiz, en donde vivió en humildes pensiones de estudiantes, debieron fortalecer el espíritu de Fernando, inmersa como estaba la capital de esa atmósfera erudita que ha permanecido hasta nuestros días.
Con sus estudios terminados, con su carácter formado, estaba nuestro biografiado en condiciones de dejar un recuerdo indeleble de su paso y vida en nuestra ciudad.
EL MÉDICO
Tuvo Fernando Llanos diversas ocupaciones durante su vida, pero fue la medicina su única actividad remunerada, pues nunca tuvo propiedades o bienes que le permitieran el sustento.
En su actividad como médico hay que destacar en primer lugar el papel que tuvo durante la gravísima epidemia del cólera morbo que azotó Tarifa en 1886 (3), (4). Siendo médico titular de la ciudad detectó el primer caso de cólera que se dio en uno de sus vecinos, que habitaba en la calle de San Francisco, junto a la iglesia (5). Inmediatamente se forma la Junta de Sanidad a la que pertenecían además de Fernando, los otros médicos de la localidad: Pablo Gómez Moure, que también era farmacéutico, Juan García de Celis y José Peláez Derqui, adoptándose las medidas para combatir la epidemia (6).
La actuación de Fernando Llanos durante la epidemia viene recogida en la certificación que le expide el Ayuntamiento: No sólo visitó con gran celo e interés a los enfermos que se le encomendaron, pertenecientes al populoso barrio de San Mateo, donde está englobado el barrio extramuro, sino también fue el primero que declaró la existencia del mal a las autoridades, acompañando a tomar las medidas, que aconseja la higiene para atajar la epidemia y aminorar las víctimas, también es de justicia consignar que a la vez que se multiplicaba de día y de noche en auxilio de los invadidos, hacía un estudio de la marcha de la epidemia y de todo lo notable que esta presentaba y que pudiera dar alguna luz para la ciencia, a cuyo fin en una memoria clara y detallada puso a la vista del doctor Edward Shaspeare, comisionado por el Gobierno de los Estados Unidos de América, cuantas observaciones fueron necesarias como complemento de los estudios que sobre el Baccillus Virgula ejecutó en ésta, siendo considerado por el citado doctor americano, como su colaborador.
Don Fernando Llanos León, licenciado en Medicina y Cirujia y médico titular de Tarifa, fue el primero que declaró a las autoridades la existencia del cólera morbo asiático que invadió Tarifa en los meses de enero, febrero y marzo de 1886.
Por todo lo cual se hizo acreedor de los plácemes de las autoridades y del vecindario, habiendo esta Corporación Municipal ha acordado quedar sumamente satisfecha por los importantes servicios prestados (7).
En su carrera profesional Fernando Llanos ejerció como especialista en Enfermedades de la Infancia, pasando consulta en el Hospital de la Caridad (8). Por cierto, hospital al que ayudó en su fundación, que fue poco después de haber pasado la epidemia de cólera.
Es sorprendente que aún hoy día se recuerde entre sus lejanos descendientes detalles de su quehacer como médico, en particular su abnegación por el trabajo y los servicios que gratuitamente hacía a los enfermos con escasos recursos económicos.
En su actividad profesional hay que destacar que fue Director de Sanidad Marítima del Puerto de Fregeneda y Director del Hospital Cívico-Militar de Tarifa, dando atención sanitaria a la tropa que se encontraba en la isla (9). Valga como anécdota recordar que rutinariamente, por las mañanas, se dirigía Fernando a la isla montado en su frágil carro de caballos, lo que para él era algo incómodo por su exagerada obesidad, que hacía que el carro perdiera el equilibrio, con riesgo para su conductor. No era por ello extraño que pidiera a alguna de sus hijas que le acompañara, para que de esa manera le sirviera de contrapeso (10).
Y esto de la gordura le venía porque en el comer encontraba Fernando Llanos una de sus aficiones favoritas. A gala tenía comer bien y tener dispuesta su mesa para las visitas que oportuna o inoportunamente se presentaran a la hora de la comida. Conocida en el pueblo esta afición, era corriente que en su diario recorrido hacia la isla, algún marinero le esperase para ofrecerle ese pescado que a él le gustaba, tras pararse y examinar la mercancía, anotaba en alguna de sus recetas las instrucciones para su preparación, enviando al marinero para que lo llevase a su casa.
EL POLÍTICO
Si como médico se ganaba la vida Fernando Llanos, en la política tenía su pasión y en esa actividad es en donde se aprecia mejor su carácter: entusiasta e idealista, que una y otra vez choca con la realidad de un mundo difícil de cambiar.
De siempre se encontró ligado al partido Liberal-Dinástico que a nivel provincial dirigía Cayetano del Toro, colega y amigo personal de Fernando Llanos, con el que siempre mantuvo cordiales relaciones.
Su actividad política llega a su culminación cuando por una orden del 27 de diciembre de 1889 el Rey, y en su nombre la Regente, le nombra alcalde de Tarifa para el siguiente bienio (11). Fernando Llanos, que ya era concejal, toma posesión a principios de enero. En esa misma sesión dio un elocuente discurso expresando el gran sacrificio que me he impuesto en pro de la buena administración, acayando (sic) para ello los efectos de la amistad (12). Y así fue porque su primer acto fue trasladar la Depositaría, con su caja de caudales, al Ayuntamiento, medida que a la larga acabaría con su cargo de alcalde.
Este asunto ocasionó un gran revuelo, lo que le animó en su determinación como se desprende de sus palabras en el pleno municipal: Han llegado a mi noticias, rumores de venganzas y acechanzas por parte de los que se encuentran disgustados, pero en nada de esto creo. Por más que si fuera preciso estoy dispuesto a arrastrar cuantos peligros se presenten tomando por tipo de mi conducta al ilustre Guzmán el Bueno, Gloria de Tarifa y de la España entera. Tras estas palabras el público, que llenaba el salón de plenos, irrumpió en un fuerte aplauso.
Ante la situación de rebeldía de los funcionarios, Fernando Llanos determina el cese del Depositario y el del Jefe de Consumo, contando con el apoyo unánime de los concejales.
Fernando Llanos siguiendo las directrices que su partido se había trazado a nivel nacional, se propone sanear la administración pública y en el mes de marzo del mismo año de su posesión, presenta un informe sobre la administración municipal. Informe que es apoyado por los concejales. Pero aún más, el radical Pablo Gómez Moure, solicita que se abran expedientes a los alcaldes anteriores. Sin embargo los contratiempos con los que se encuentra Llanos León, van en aumento, sus apoyos no debieron ser muy fuertes, y su situación en el Ayuntamiento llega a ser tan delicada que presenta la dimisión al Ministro de la Gobernación, ocho meses después de haber sido nombrado alcalde.
Además de su fracasado intento de renovar la administración municipal, poco más hay que anotar en los escasos meses que estuvo en la alcaldía: diversas actuaciones para combatir una peligrosa epidemia de grippe y el cambio del nombre de la calle Luna por el de Sagasta.
Pero aún habiendo abandonado la vida municipal, pues también dejó de ser concejal siguió perteneciendo al Comité Liberal-Dinástico de Tarifa. Por poco tiempo, pues en agosto de 1893 abandona sus cargos partidistas, invitando a los demás miembros a que hicieran lo mismo y con ello renovar enteramente el partido a nivel local (13), (14).
EL PERIODISTA
La actividad de nuestro biografiado era incesante, aunque poco constante, más por las dificultades que encuentra que por falta de entusiasmo que nunca lo perdió. Cultivó Fernando Llanos el periodismo, como hiciera otro de los médicos colegas suyos, Juan García de Celis que dirigió El Tarifeño. Funda el periódico La Abeja, de escasa duración, por lo que no ha llegado ningún ejemplar hasta nosotros (15).
Escribía Llanos León una sección de opinión a la que tituló Funestos errores modernos y que en el primer número comenzo con el proverbio: El libar la ciencia hace a los hombres incrédulos; y el beberla a grandes tragos les vuelve la fe (16).
LAS CONDECORACIONES
En la esquela mortuoria de Fernando Llanos aparecen los principales cargos que éste tuvo durante su vida, y las dos condecoraciones que recibió. Equivocadamente aparece la distinción de Caballero-Comendador de la Orden Americana de Isabel la Católica. Sin embargo tal categoría no existe. Se concede la de Caballero o la de Comendador indistintamente. Además la orden de Isabel La Católica dejó de llamarse Americana, antes incluso de que naciera Fernando Llanos.
Para aclarar qué condecoración recibió nuestro biografiado, acudimos al Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, que es el encargado de conceder la citada condecoración, considerada desde su fundación como la de mayor importancia civil. En los archivos informatizados no aparece nuestro paisano. Ante una posible equivocación consultamos todos los libros de registro de las concesiones, no llegando a obtener resultado positivo. Esta extraña situación podría explicarse en el número de personas que a finales del siglo pasado se le daba la condecoración de Isabel La Católica, que puede estimarse en unos mil al año. No sería por ello extraño que se diera un error burocrático. Pues otra posibilidad es difícil de creer.
Ciertamente la medalla de Isabel La Católica, correspondiente a la categoría de Caballero, está en posesión de una de sus nietas. E incluso en la fotografía que ilustra este artículo aparece al cuello con la misma condecoración.
El no haber encontrado los documentos originales, nos priva de saber la razón por la que se le concedió tan alta distinción.
En la esquela citada, se indica que recibió la cruz de la Orden Civil de Beneficencia. La consulta del expediente por el que se le concedió esa orden también es difícil. Hay que tener en cuenta que la orden de Beneficencia, que fue creada para premiar los servicios hechos contra el cólera, fue recibida por miles de personas. Y los expedientes están actualmente diseminados en varios archivos, en donde por otra parte no se encuentran debidamente ordenados (17).
Por lo tanto no hemos averiguado el motivo por el que se le dio ambas condecoraciones, mérito que ningún tarifeño ha llegado a poseer. Aunque no sería muy equivocado pensar que le fueran concedidas por los servicios que hiciera en la lucha contra la epidemia de cólera morbo.
EL PROFESOR
Si importantes se pueden considerar las anteriores actividades de Fernando Llanos, todavía nos queda por reseñar una en donde dejó perdurable huella. Fue en su faceta como profesor.
En el año 1884 se funda en Tarifa el primer Colegio de Segunda Enseñanza, que tuvo por nombre San Luis de Gonzaga, en honor al patrón de la juventud. El Colegio es fundado por el sacerdote Pablo Duarte Liñán, y desde el mismo año en que se puso en funcionamiento tuvo a Fernando Llanos como a uno de sus profesores (18), (19).
En el colegio San Luis de Gonzaga Fernando Llanos impartió las más variadas clases, por ejemplo da Latín, Lengua, Francés, Historia Natural y Geografía. Allí comparte tareas docentes con otros tantos ilustres tarifeños de la época, citar entre ellos a José Peláez Derqui, Miguel Cabello, Juan García de Celis o Joaquín Abreu Herrera.
Después de la marcha del director-fundador del colegio y tras estar éste durante tres años con un director interino, toma Fernando Llanos la dirección del centro en el año 1893, conservándola hasta su muerte en 1896.
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| Caricatura de M. Tovar para la Unión de Tarifa, 1927. |
No se puede dejar pasar su actividad académica con la simpática anécdota que le ocurrió en uno de los exámenes. El Colegio San Luis de Gonzaga dependía del Instituto Provincial, que entonces lo era el de Jerez de la Frontera. En los exámenes ordinarios de Junio, que eran orales y públicos, el tribunal venía a examinar a Tarifa. Pero los exámenes extraordinarios de septiembre se realizaban en Jerez. En una de estas ocasiones fue a examinarse uno de los sobrinos de Fernando. Se encontraba el joven ante el severo tribunal, en donde también se encontraba su tío. Uno de los miembros le formula una pregunta cuya contestación era el color blanco. El alumno, que no tenía que ser buen estudiante, ni remotamente sabia la contestación. Entonces su tío empezó a señalar insistentemente su chaleco, por ser este del color blanco. Habiéndolo mirado su sobrino, éste vio la luz, aunque equivocada y contestó con pasmosa tranquilidad: El chaleco de mi tío Fernando. Ni que decir tiene que incluso los serios miembros del tribunal irrumpieron en sonora carcajada, ante el apuro de nuestro biografiado.
La actividad docente de Fernando continúa en la enseñanza musical. Buen aficionado a la música, forma parte como vocal del Liceo Tarifeño, en donde dirige la sección musical. Célebre fue el discurso que pronunció en 1877 cuando la entrega de galardones a los alumnos del Liceo, en donde demostró sus conocimientos sobre la historia de la música (20).
Para expresar el sentimiento docente de Fernando mejor utilizar sus propias palabras: Entre vosotros vi por primera vez la luz del astro del día: entre vosotros vivo y espero morir donde también yacen mis mayores: no dudéis que mi anhelado sueño es el progreso constante de nuestra juventud; siempre acudiré con presteza donde quiera que se reclamen mis pequeñas fuerzas (20).
EL FINAL
Fernando Llanos León se casó con la tarifeña María Luisa Delgado Mayo, con la que tuvo siete hijos, viviendo dos de sus hijas, Lola y Luisa, en nuestra ciudad, hasta entrados los años sesenta. Sus escasos descendientes se dispersaron por otras ciudades, pero su recuerdo y obra sí permanecieron con nosotros.
Su fallecimiento se produjo el 15 de noviembre de 1896, con sólo 55 años de edad, en la certificación de defunción se indica que su muerte se produjo por una enfermedad cardiaca: endopericarditis, probablemente ocasionada por su obesidad. Sus reducidos bienes no le obligan a dejar testamento, pero por su categoría social recibe un funeral de honras enteras hasta el cementerio, con conducción de Cruz y con tres pozas.
Cumplido casi un siglo desde su fallecimiento, valga este artículo como homenaje, como también en su momento le tributó la Unión de Tarifa, en donde la fácil pluma de Carlos Núñez y Manso escribía sobre Fernando Llanos: Unión de Tarifa siente noble orgullo al dedicar unas columnas a la memoria de un culto tarifeño que simboliza el amor, la cultura y la laboriosidad, de cuantos hayan rendido algo al acervo común del pueblo (21).
REFERENCIAS
(1) Las partidas de nacimiento, defunción y matrimonio de
Fernando Llanos León y de sus antepasados se encuentran en los Archivos Parroquiales de
San Mateo y San Francisco.
(2) Todo el expediente académico se encuentra en la Facultad de Medicina de Cádiz. Los
correspondientes al bachillerato también se pueden consultar en el Instituto de
Bachillerato Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera.
(3) LIAÑO RIVERA, M., Epidemia de cólera y desviación del arroyo, ALJARANDA, núm.
1, 1991.
(4) MORALES BENÍTEZ, A., La crisis del cólera: el Ayuntamiento de Tarifa ante la
epidemia de cólera de 1886, ALJARANDA, núm. 15, 1994.
(5) Tanto éste como otros datos personales y no documentados, han sido facilitados por
Manuel Acame, marido de una de las nietas de Fernando Llanos.
(6) NÚÑEZ MANSO, C., Última epidemia de cólera, hace 40 años, Unión de Tarifa, núm.
51, 1925.
(7) Archivo particular de Carlos Núñez Jiménez.
(8) Según receta de Fernando Llanos.
(9) Esquela mortuoria correspondiente al primer aniversario.
(10) Anécdotas personales facilitadas por Manuel Acame.
(11) Archivo Municipal de Tarifa (AMT), Acta capitular del 1 de enero de 1890.
(12) AMT, Acta Capitular del 5 de enero de 1890.
(13) LLANOS LEÓN, F., Un asunto de actualidad, 1893.
(14) ALBA FRUNZADO, J., A los liberales de Tarifa. Preveníos contra la sugestión, 1893.
(15) La única referencia que se tiene sobre La Abeja aparece en In Memorian,
Unión de Tarifa, núm. 157, 1927.
(16) Idem.
(17) Se han realizado consultas tanto en el Centro de Información de Documentación y
Archivos (CIDA), como en el Archivo Histórico Nacional, sin resultado positivo.
(18) SEGURA GONZÁLEZ, W., 100 años de Enseñanza Media en Tarifa.
(19) En los archivos de los Institutos de Bachillerato Luis Coloma de Jerez de la Frontera
y Columela de Cádiz, se encuentra abundante información sobre el Colegio San Luis de
Gonzaga.
(20) LLANOS LEÓN, F., Discurso pronunciado con motivo de los primeros exámenes de
alumnos de la sección filarmónica del Liceo de Tarifa, 1877.
(21) In memoria, Unión de Tarifa, núm. 157, 1927.
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