| ANTROPOLOGÍA | ALJARANDA |
Aproximación a las
creencias religiosas en la zona del Estrecho
y otras aproximaciones
Enrique Díaz Rodríguez
Los mitos y las leyendas son una invención humana universal. En diversas épocas y en distintos lugares han surgido como explicaciones a los problemas acuciantes que se le iban presentando al ser humano.
Entre sus preocupaciones importantes figuraban la razón de vida, el infortunio, el éxito, la crueldad, el amor y la fertilidad, la magia, el poder, el destino y la muerte.
Casi todas las religiones presentan una dimensión mitológica que siempre está basada en creencias antiguas. La cantidad de hechos y descripciones de la mitología nos lleva a una fuente muy profunda del alma humana. Los especialistas no se han puesto de acuerdo para darle explicación.
Una comunidad reducida, como eran las prehistóricas, tenía plena conciencia de su dependencia respecto a las fuerzas del sol, la lluvia, la tempestad y el huracán; y como éstas actúan de forma terrible y caprichosa, no siendo posible su control, era necesario para el hombre obligarlas, halagarlas o propiciarlas.
Una vez que se creía encontrado un sistema (mágico) para conseguir obligarlas o reducirlas, o un ritual para hacer que estos fenómenos se aplaquen, la creencia se convierte en consuelo.
El hecho religioso es pues una parte sustancial de la cultura y responde a la necesidad del hombre de comprender y explicar lo que le rodea y, si es posible, reconducirlo a favor de sus intereses.
La religión, en un sentido más amplio, se define como el culto tributado a la divinidad. Esto implica un conjunto de creencias y de prácticas, muy diferentes, según las épocas y los pueblos, pero que tienen en común el difundir la idea de un mundo sobrenatural con el cual puede el hombre entrar en relación.
El principio y el origen de las religiones es una tarea difícil que no cuenta aún con suficientes datos, a pesar de la cantidad de estudios sobre la prehistoria que tenemos.
Nuestra región fue de las primeras de Europa que estuvo habitada por la especie humana.
EL HOMBRE APARECE
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| Fig. 1 Dolmen de Laguardia en la Rioja. |
Hace miles de años que el Homo habilis emigró de África y esto no fue así hasta que no se perfeccionó en su tecnología de hachas de piedra y en el uso del fuego. Después, comenzó a emigrar hacia el Norte de África, e incluso al Estrecho de Gibraltar (yacimientos en Puerto de Santa María, Carmona, Los Barrios, Punta Palmones...).
En nuestra región encontraron cuevas y abrigos que los resguardaban de los fríos y abundancia de caza. El tamaño de la mayoría de los asentamientos prehistóricos era de unas treinta personas, hasta que nos aproximamos al Neolítico.
Un buen habitat era los alrededores de la Laguna de La Janda, en donde se representan con mucha frecuencia hombres y animales como la cabra montés, el ciervo, cánidos, aves, bóvidos y caballos conducidos por hombres.
Al lado de estas representaciones claras y bien dibujadas más antiguas (Paleolítico Superior), existen otras posteriores que curiosamente son más enigmáticas, estilizadas y pintadas a trazo simple (Neolítico). Se considera que en conjunto tienen un significado mítico-religioso y que se relacionan con el culto a los muertos, la caza propicia y otras vicisitudes del hombre prehistórico.
Se comienza a apreciar un cierto interés religioso unido a los restos humanos. Los restos hallados sólo sugieren que muchos hombres quedaban insepultos y eran devorados, unos por animales y otros por sus semejantes. Aunque el canibalismo ritual ha sido demostrado en esta época sólo en contadas ocasiones, el consumo de carne humana procedente de prisioneros de confrontaciones ha sido interpretado en algunas ocasiones como un ritual que permitía apoderarse de la fuerza alojada en el cuerpo del vencido. Los enterramientos se empezaron a efectuar en el Paleolítico Medio. En el Paleolítico Superior ya se usaba la sepultura y a los cadáveres se les untaba con ocre y se les conservaban sus adornos personales. El ocre simboliza la sangre y, por consiguiente, la vida del muerto.
La existencia de rituales de carácter funerario es comúnmente aceptada como representativa de creencias en seres espirituales.
Los testimonios funerarios de la época Paleolítica corresponden a enterramientos en cuevas o abrigos y, excepcionalmente, al aire libre. Todos los enterramientos son individuales y aislados unos de otros, es decir, aún no existían las necrópolis.
Los pueblos primitivos de nuestra zona creían en seres míticos medio humanos medio animales, que se consideraban como antepasados de los hombres y de los animales. Esto contribuye a explicar la razón de las pinturas y grabados antropomorfos tan corrientes en cuevas y abrigos de nuestro entorno, puesto que todo acto material tiene su aspecto espiritual, o si se quiere, religioso. Por ejemplo, el acto de comer adquiere carácter de ritual. Las ceremonias que se practicaban para fomentar la procreación de especies animales y vegetales que servían de sustento, adquieren en nuestros pueblos supremo rango entre las de tipo religioso, y más tarde la acumulación o recolección de tales animales o plantas, constituye una de las más transcedentales, unido a recitaciones de mitos y al empleo de la magia, con fórmulas y procedimientos secretos.
El poder mágico es patrimonio de los ancianos, brujos y chamanes, quienes con decisión y fe, son los que curan, vaticinan desgracias, fertilizan las tierras y penetran en el poder, disfrazándose de sobrenaturales.
De esto se deduce que las pinturas prehistóricas no están hechas por amor al arte, sino como testimonio del complejo mundo religioso y demuestra la espiritualidad del hombre de aquella época.
Creo superfluo el intentar definir si la actitud religiosa del hombre del paleolítico merece más el nombre de religión que el nombre de magia. Para aquellos tiempos las expresiones magia, y religión pueden ser tenidas por sinónimas.
CUEVAS PREHISTÓRICAS
¿Qué sabemos de estos trogloditas de la zona del Estrecho? Poco, aunque lo suficiente para aproximarnos a esas mismas cuevas donde la tradición esotérica (1) las eleva a símbolos del centro místico. Se trata de algo que puede percibir por ósmosis (2) cualquier visitante de un complejo paleolítico.
Nadie consigue mantenerse ajeno a la peculiar proposición de encanto emanada por esos recintos. ¿Son santuarios donde la divinidad se revelaba, o revela?.
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| Fig. 2 Enterramiento colectivo de Los Millares. |
El hombre del paleolítico, vinculado en extremo a la piedra (lítico), ocupaba cuevas naturales de grandes bóvedas. Según Leo Frobenius, toda bóveda encierra un significado genésico de la unión entre el principio masculino del cielo y el femenino de la Tierra y su separación engendra el vacío. Desde esta perspectiva no sorprende que el chamán paleolítico de La Janda llenara el techo de las cavernas y abrigos con dibujos de claro contenido mágico. Se limitaba a colocar las marcas empíreas (celestiales, divinas) en las bóvedas y sus paredes para no perder el estado de trance durante los largos períodos de cobijo impuestos por el frío y las lluvias.
Todas las religiones históricas recogen y desarrollan el símbolo místico de la bóveda, que alcanza su culminación en las soberbias cúpulas romanas y más tarde cristianas. Detrás de cada pintura hay un símbolo y por tanto una invitación a meditar su significado. En estos lugares sagrados se conservan enigmáticos signos de los que no se conoce su significado. Los investigadores han visto en ellos, calendarios, trampas, redes, barcos y otros objetos más o menos tangibles. Abundan las inscripciones ógmicas, reticulares, esféricas o tectiformes. De estas y otras maneras las ha bautizado el desconcierto de los estudiosos.
Más arriba de estas líneas decía que cualquier visitante de una cueva o lugar de restos prehistóricos con pinturas no puede evitar mantenerse ajeno a un estado de ánimo que invariablemente se repite y en el que predominan dos sensaciones complementarias. Una, la de encontrarse en presencia de una cultura con ideas muy claras, dueña de un conocimiento de la naturaleza más profundo del que generalmente se piensa. Y otra, se refiere a la convicción de que los hombres capaces de pintar o decorar una cueva eran hombres en un medio histórico y social que hacían posible el desarrollo individual, palpándose una filosofía de la existencia y un código de comportamiento.
LA REVOLUCIÓN DEL NEOLÍTICO, EL DOLMEN
La organización social de los grandes cazadores del Paleolítico Superior alcanza la consideración de cultura degenerada incapaz de liberarse (según los expertos) de sus trabas hasta que el Neolítico vino ha redimirla. En suma, una etapa de milenios de escaso interés científico. Aunque las transformaciones se aceleran cada vez más, y en un periodo de entre los 35.000 y 11.000 años a.d.C. Se aprecia en Europa una sucesión de culturas que comienza con el Auriñaciense y termina con el Magdaleniense. Se sitúa la difusión del Neolítico alrededor del 6.000 al 3.000 a.d.C. de Oriente a Occidente. Sabemos que a partir de este momento cambia la forma de vida del género humano. Los dólmenes corresponden al momento en que otra cultura desplaza los modos de vida Paleolíticos (fig.1).
Pareciendo que el dólmen es menos estimulante para la imaginación, es sin embargo el que de un modo más claro revela la huella del hombre que durante varios milenios se mantuvo unida por encima de separaciones geográficas, distancias e incluso con grandes problemas de comunicación.
Algo tan evidente como inescrutable, que sólo se puede explicar en un contexto de poderes telepáticos desconocidos. La zona geográfica de los dólmenes es inmensa. Hasta ahora se han encontrado en la India, Siria, Cáucaso, Crimea, África del Norte, Dinamarca, Suecia, Italia, España...
El simbolismo dolménico coincide con el habitual en las litofanías (3) (explicado anteriormente en las pinturas del paleolítico): alude a la fertilidad, o trasmisión de la vida pudiendo entenderse como acceso a niveles superiores de conciencia.
El dólmen es alegoría de la Gran Madre o el eterno principio de lo femenino. De lo que se llamará más tarde, Isis en Egipto, Maya en Roma, Cibeles en Asia, Parvati en la India y María en la tradición Evangélica. En la tésis de la escuela difusionista, los dólmenes y las galerías cubiertas serán un testimonio tan claro de la expansión de la religión megalítica, como las catedrales pudieran serlo de la cristiana.
Estas galerías cubiertas o sepulcros de cúpula y corredor, abundan en Andalucía y precisamente en zonas habitadas por los curetes. Sin duda se trataba del sepulcro de un jefe poderoso al que se solía rodear de sus familiares y sirvientes (previamente inmolados), para que siguiera viviendo. Estos sepulcros consistían en una larga galería que termina en una cámara de planta circular con bóveda cónica, cerrada por lo común con una gran losa (fig.2).
CULTOS Y RITOS NEOLÍTICOS
Al final del Neolítico y más bien al principio del Bronce, en esta zona se sitúa aproximadamente el uso del arado, de las especies animales domesticadas y los vegetales. Se domesticó la vaca y se dio un significado religioso al apero.
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| Fig. 3 Detalle de los dibujos de la Cueva del Bacinete. |
Las divinidades más importantes eran el Sol y la Luna, que regían la vida del Universo y a los que se sacrificaba una vaca. Para tener en toda ocasión dispuesto el sacrificio y la alimentación, guardaban muchas vacas en grandes recintos y en dehesas en estado de semi-libertad, y de aquí se fueron convirtiendo poco a poco en animales domesticos. Hay quien piensa que el nomadismo pastoril derivaba de este hecho y tambien el cultivo con arado. El arado en principio sería identificado con la virilidad que penetraría en las entrañas de la Tierra en determinada representación religiosa.
El culto a la fertilidad o los ritos mágicos practicados para ayudar u obligar a las fuerzas de la reproducción fueron muy importantes en los períodos neolíticos. En los campos de aquella época se han encontrado pequeñas figurillas femeninas con los caracteres sexuales muy acusados modeladas en arcilla.
Se les ha dado en llamar diosas de la fecundidad. ¿Acaso la tierra de cuyas entrañas brota el grano, fue concebida realmente a semejanza de una mujer, con cuyas funciones generadoras estaba familiarizado el hombre?
TITANES Y GIGANTES
Según Plinio el Viejo (23 a 79 d.d.C.), en el Oceanus Gaditanus, moraba en la antigüedad un gigante nocturno que se encaramaba en la cubierta de los barcos haciéndolos escorar con su peso. A veces, añade, se hundían. Y por Tahivilla se descubrieron huesos primitivos cuyas tibias daban una medida de un cuerpo humano de unos 2,85 m. de altura. En la cueva del Elechar II (Casas Rachiles, en Tarifa) hay unas pinturas donde se ve un gigante con los brazos sobre la cabeza y en las manos un barco. Su significado resulta algo confuso a causa de haber sido utilizado el mito comparando a estos gigantes con los ángeles rebeldes de la Biblia en épocas posteriores.
En aquel tiempo habitaban la tierra los gigantes (Génesis, 6, 4). Esta extraña frase figura en el catálogo Bíblico de los pueblos antediluvianos. Pero ocurre que los gigantes del Génesis tienen su paralelo en los Jöten escandinavos y en los Hünen germanos. Estos superhombres aparecen asociados en las leyendas a unas construcciones hechas de grandes bloques de piedra: los dólmenes y los monumentos megalíticos en general.
En la cueva del Bacinete (Los Barrios) hay una pintura parietal donde todo el entramado del pintor o pintores, (si tenemos en cuenta que la composición no fue pintada en un solo momento sino durante siglos, en varias ocasiones, ocupando la pared poco a poco) gira alrededor de un gigante; alza sus brazos con los cinco dedos extendidos y tan exageradas son las manos en tamaño que parecen estrellas. La cabeza es pequeña, el busto de atleta se ve de frente, la cintura estrecha, y las piernas se ven de perfil (al estilo egipcio). A su alrededor, con gesto orante, se agrupan animales y hombres con hachas en las manos (fig.3).
Titán, demonio o espíritu del mal, el gigante tuvo que simbolizar antes de todo eso al héroe trágico, al pecador expulsado, y tales gigantes no eran considerados demonios sino titanes.
Sea como fuere, salta a la vista el entronque megalítico y postdiluvial de este asunto. J. M. Tabanera acertó a dibujar un mapa en el que los focos del gigantismo mítico se superponen a las zonas de difusión de monumentos megalíticos.
PINTURAS PARIETALES
Sobre el Tajo de las Figuras (Benalup de Sidonia) y sus siete cuevas de pinturas parietales, U. Topper interpretando estas figuras, dicen que ...es la composición más hermosa perteneciente al grupo de figuras más antigua de la región. El centro de la composición (Loc.I A) la ocupa un gran ciervo de estilo naturalista con astas de tamaño enorme. La representación del sexo del ciervo indica la idea de Fertilidad que fue el sentido que motivó la pintura. En las figuras humanas se distinguen tres guerreros con armas, tres mujeres (una al lado del ciervo muy estilizada) y un niño (fig.4).
Está claro que el sentido de esta composición es una oración a la fertilidad de los humanos. Se admite de modo general, basado en comparaciones de estudios de otras civilizaciones que el ciervo es un símbolo de virilidad y esto ocurría tanto en China como aquí. Según se ve en estas cuevas, el ciervo figura entre los animales comparado a símbolos masculinos. Alrededor de los siete abrigos pintados, (siete son las cuevas y siete son los candiles de las astas de los ciervos, esta preferencia se puede atribuir a la sacralidad que le daban al número siete), que constituyen uno de los más destacados sitios de Arte Rupestre de España, hay abundantes tumbas antropomorfas talladas en la roca. Lo que nos demuestra el carácter religioso y el lugar donde representaban sus creencias en las fuerzas vivificadoras de la tierra, introduciéndose en el seno de la misma a través de la cueva y el culto a los muertos en el interior de las piedras.
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| Fig. 4 Detalle de la Cueva El Tajo de las Figuras. |
LA REGIÓN DE LOS CURETES (4)
Un escritor romano, Justino, dice que los primeros habitantes del bosque de los tartesios tras la lucha mítica de los titanes con los dioses, fueron los curetes, El rey más antiguo conocido de los curetes fue Gargoris. Se consideraba a Gargoris como el descubridor del arte de recoger y aprovechar la miel. Una hija suya tuvo de soltera por obra de amores incestuosos un niño, cosa que produjo tal vergüenza al rey que determinó deshacerse de él. Ordenó que se le dejara abandonado en el monte, pero los animales silvestres lo amamantaron y lo volvieron a encontrar vivo. Hízolo colocar en un sendero de rebaños para que lo aplastáran y tambien salió salvo. Lo echó a las perras y cerdas hambrientas y éstas lo amamantaron. Entonces Gargoris lo echó al mar. Pero protegido por los dioses fue a parar a la orilla como si fuera en barca. Salió una cierva que lo cuidó junto con sus crías, protegidos por el macho.
Creció el niño entre su familia animal ligero y veloz como ella, hasta que en cierta ocasión, cogido en un lazo o trampa, fue llevado ante Gargoris, que le reconoció y, admirado del destino, le nombró su heredero llamándole Habis (fig.4).
Habis fue un héroe civilizador. Le dictó a su pueblo curete las primeras leyes civilizadas, y le enseñó a cultivar la tierra con bueyes y arado. Prohibió el trabajo a una parte de sus súbditos (a los nobles) y repartió a los otros, (a la masa) tierras dividiéndolas en siete clases.
Hay quien afirma que las pinturas rupestres del Tajo de las Figuras (junto a Benalup y al borde de la antigua Laguna de la Janda), aluden a la peripecia mitológica de Gargoris y Habis.
Esta hipótesis apunta la posibilidad de que este mito alentara durante cientos de años a los hechiceros o brujos iniciáticos de hace unos 8.000 años.
Por estar este grupo de cuevas situado bastante cerca de los bosques que la leyenda llama tartésicos y ya que Diodoro de Sicilia atribuye a los curetes la invención del arco, la espada, el casco, la ganadería y la agricultura, no parece muy aventurado suponer que Gargoris y Habis fueron curetes y jefes de curetes.
Acerca de este pueblo, ubicado no muy lejos de nuestro municipio. Diodoro dice que ocupaba riscos y cumbres cuando los titanes vagaban por el llano.
Si no fundadores, los curetes llegaron a ser ciudadanos de toda la zona occidental del cono Sur de Andalucía. A ellos se debía referir Estrabón cuando aludía a la grande y primitiva raza ibérica.
Turdetanos, tartesos o curetes: iberos, en definitiva. La primera manifestación de lo español.
Todos los mitos de los orígenes nos han llegado a través de este inicial núcleo de Andalucía. En todo caso, es evidente que la reforma Neolítica empieza en la época postdiluvial y que los curetes constituyen el primer vestigio de ese misterioso pueblo que introdujo la agricultura en el valle del Betis, valiéndose de la hoz de hueso con sílices incrustados como dientes de corte (fig.8).
NOTAS Y REFERENCIAS
(1) Esoterismo: Es la doctrina que los antiguos sólo
comunicaban a un número pequeño de iniciados.
(2) Ósmosis: corriente de sensaciones de distinta intensidad que se percibe en
determinadas circunstancias o lugares.
(3) Litofanías: Templos de piedra.
(4) Curetes: Según Justino los primeros habitantes del bosque de los Tartesios fueron los
cunetes, o curetes. Está por averiguar si fue una sola raza o es que entre tartesios y
curetes mediaron jerarquías de clase o castas.
BIBLIOGRAFÍA
GORDON CHILDE, Los orígenes de la civilización, Historia de
España, CARO BAROJA, J..
BERGMAN, L., Las pinturas rupestres de Tarifa, ALJARANDA núm. 7.
MOURE ROMANILLO a, Y GONZÁLEZ MORALES, M.R., La expansión de los cazadores.
SÁNCHEZ DRAGO. F., Una historia mágica de España. Guía didáctica del
Museo Arqueológico Nacional (Prehistoria).
RUIZ A. y MOLINOS M., Los Íberos.
MENÉNDEZ PELAYO, M., Historia de los heterodoxos españoles.
LEROI-GOURHAN, A., Las religiones de la Prehistoria.
LEAKEY, R., La formación de la humanidad.
CHAPA T., Las claves de la Prehistoria.
COTTREL, A., Mitos y Leyendas.
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