| BIOGRAFÍA | ALJARANDA |
José de Arcos
Carlos Núñez JimenezEl periódico local El Tarifeño del año 1.892, daba la noticia del fallecimiento del ilustre militar y tarifeño, José de Arcos y García Hidalgo, diciendo: Con verdadero dolor de nuestra alma cumplimos en nuestro número anterior el deber como periodistas locales, de denunciar el fallecimiento del ilustre Coronel de Artillería, del ciudadano honrado, y pundonoroso, de militar digno de afectación, bondadoso y compasivo sin alardes, amoroso padre de extensa familia, sin que la providencia le dajárase sucesión directa (pues vivió siempre célibe) y a quien hoy lloran gran número de allegados desvalidos: del tarifeño ferviente por los intereses que la patria confiara a su custodia, bajo la fase de oficial y jefe encargado del material de todas clases, y puntual cumplidor de todos sus más sagrados deberes de militar acrisolado: de D. José de Arcos, en fin, en quien vivió y murió el más bello y respetable compendio de las principales dotes que enaltecen al hombre.
Hoy también con la satisfacción posible dentro de la natural congoja que su pérdida nos causara cumplimos otro no menos importante e ineludible de hacer una pálida, pero no menos imparcial reseña biográfica de tan interesante personaje tanto como justísimo y póstumo tributo a sus revelantes méritos cuanto porque sirva de noble emulación a todos los varones de nuestro pueblo.
Hijo de acomodada y respetable familia, nació el Sr. Arcos en esta ciudad el 17 de Marzo de 1836.
Conocida su afición a las armas y principalmente a la especial de Artillería, abandonó nuestros lares a los 11 años de edad (1847) para emprender los primeros estudios, y el 1 de Agosto de 1852, logró por medio de brillantes ejercicios, ingresar de Cadete en la Academia de Segovia, en la cual y merced a su aplicación y conducta, llegó a ejercer el honorífico cargo de Sub-Brigadier de la Compañia de los mismos, sus compañeros.
Fue Sub-Teniente alumno el 1º de Enero de 1855 y teniente del cuerpo el 14 de Julio de 1857
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| Primera página de un ejemplar de El Tarifeño (Colección del autor) |
Destinado al 3º regimiento a pie, permaneció en Cádiz; donde se hallaba éste de guarnición, hasta que habiéndose movido en 1859 la guerra intercontinental con África fue agregado a la Compañia de Coheteros que pasó a aquella Campaña, prestando brillantes servicios y habiendo tomado parte en las acciones y batallas de los días 1,6,8,10,12, 14,23 y 31 de Enero de 1860 y en la de 4 de Febrero y 11 y 23 de Marzo del mismo año, en todas las cuales, como buen hijo de España, luchó con el valor característico de nuestra raza.
Cayó herido en la última de estas acciones (batalla de Varas) y tanto por ésto como por su heroico comportamiento en la de las cercanías de Tetuan (4 de Febrero) salió agraciado de las campañas con la Cruz de San Fernando de 1ª clase por mérito en esta última y el grado de capitán de Infantería como recompensa a los contraídos en la anterior.
Continuó en el ejército de ocupación de Tetuan todo el tiempo que duró este estado de cosas.
Volvió luego a Cádiz de guarnición y después sucesivamente estuvo destinado en Melilla, Badajoz, Sevilla y Tarifa en donde en calidad de Jefe del Parque pasó la mayor parte de su honrosa vida.
La intempestiva fractura de una pierna al ponerse en marcha hacia Algeciras, a la reconcentración intentada por el general Osorio, le privó de asistir a la batalla de Alcolea, decisiva de la revolución de 1868.
Durante su carrera desempeñó muchas veces cargos de gran confianza, como los de ayudante, habilitado, cajero etc. y en otras varias el de Gobernador Militar de esta plaza. Ascendió a Capitán el 25 de Octubre de 1864, estuvo retirado cuando la disolución del cuerpo en 1873 como todos sus compañeros, 7 meses hasta octubre del mismo año en que se restableció la integridad del mismo.
Recibió el empleo de Comandante el 7 de Mayo de 1875, el de Teniente-Coronel el 21 de Abril de 1882 y el de Coronel el 21 de Diciembre de 1888.
Adornaba su pecho con las condecoraciones del Mérito Militar de 1ª y 2ª clase, por servicios especiales, la Medalla de África, Cruz de San Fernando de 1ª clase, Cruz Placa de San Hermenegildo y otras varias.
Falleció el 1 de Enero de 1892 a los 56 años de edad y a los 40,5 meses y 30 días de haber estado prestando a la patria incesantes e inmaculados servicios.
No menos respetable será siempre en Tarifa la memoria del finado por los infinitos beneficios que a manos llenas sembraba entre todos los que se acercaban en demanda de cualquier protección o favor accesible a sus medios.
Los sentimientos de amor al prójimo encarnados en su sensible corazón y la hidalguía, que en todos sus actos rayaba en el límites, hacen que de él se diga que no tuvo pariente pobre ni nadie lo fue de entre todos sino él mismo.
Los quintos de Tarifa de todas clases encontraban en él un amoroso protector y se desvelaba por el último de los artilleros con la solicitud de un padre.
El Parque de Tarifa, por su magnífico arreglo, limpieza, conservación de edificios y efectos y su admirable orden en lo cual alguna vez llegó a invertir, a más de la consignación algo de su hacienda, puede citarse como modelo entre todos los de la península y claro espejo donde se refleja la pulcritud, actividad y patriotismo de la notable figura que ha dejado de existir.
En sus desvelos por Tarifa y todo lo que a ella concerniese, apuró más de una vez sus valiosas relaciones con militares de alta graduación e influyentes en el país, amigos suyos, emitió luminosos informes que hiciesen comprender al Gobierno la necesidad de fortificar este plaza fronteriza con preferencia a otras y elevarla en categoría a los tales efectos, estimuló a su condiscípulo Sr. Navarrete, también escritor, a hacer aquella Campaña en la prensa titulada Las Llaves del Estrecho, cuyos resultados aunque débiles y premiosos por la apatía de los Gobiernos comenzamos a tocar hace algún tiempo, gestionaba con interés la venida de un batallón de su arma como dotación necesaria al nuevo y más numeroso artillado que para aquí se dispuso, y en una palabra, si hubiese estado en su mano, hubiese hecho de Tarifa otro Gibraltar.
Más vehemente aún que se mostrara en sus afectos al pueblo, lo era para con su familia colateral, por la que su amor rayaba en el delirio. Nuevo Proculeyo para con sus hermanos, acaso la exageración de este mismo afecto y la sacratísima obligación que se forjó de no desamparar a nadie de los suyos, estableció en el finado una lucha de encontrados afectos y probablemente ésta una enfermedad moral, que haciéndose física y dando lugar a otra secundaria y más terrible, puso fin a los días de nuestro esclarecido biografiado.
El pueblo de Tarifa llora hoy en el Sr. Arcos un honradísimo ciudadano y leal amigo, el Cuerpo de Artillería, un preclaro jefe de sus armas y su desconsolada familia el inmenso vacío del mas amoroso de los padres.
Nosotros, en tanto, creyendo interpretar con la mayor fidelidad los sentimientos que a todos animan y adhiriéndonos a ellos en su dolor, dedicándoles esta desaliñada memoria, cual flor única que tenemos, aunque marchita y deshojada para su tumba.
Era D. José de Arcos García Hidalgo, hijo de D. Francisco de Arcos Carrasco, natural de Ceuta, Maestrante de Ronda, y de Dª Ana García Hidalgo Villagarcía, natural de Guadalajara, hermanos Dª Pilar, Dª Francisca, D. Mateos, D. Carlos y D. Antonio. D. Miguel de Arcos Carrasco, hermano de su padre, fue Cura Párroco en Tarifa.
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