| HISTORIA | ALJARANDA |
Enrique Gozalbes Cravioto
En 1994 el Ayuntamiento de Tarifa organizó toda una serie amplia de actividades para conmemorar el VII Centenario de la defensa heroica de la plaza militar, un episodio en el que el protagonismo histórico mayor lo tuvo su alcaide, Alonso Pérez de Guzmán. Entre otras actividades, en la conmemoración del VII Centenario, la Comisión Municipal organizó un ciclo de conferencias y se publicó un número especial de ALJARANDA (el 14) dedicado a Guzmán el Bueno.
En dicho ciclo de conferencias me correspondió pronunciar una dedicada a Guzmán el Bueno desde otra perspectiva, y de la que ahora trataré de recoger un resumen. En la misma trataba de desmitificar al personaje de Guzmán, incluyéndolo en lo que considero su verdadero contexto histórico. Sobre todo porque su hazaña de 1294 en Tarifa ha sido vista desde unas perspectivas diferentes y cambiante según cada uno de los momentos. O como puede resumirse en titulares, se ha inventado un Guzman el Bueno distinto para el consumo en cada época.
La tesis fundamental que he defendido es la de que en cada momento los historiadores, de un lado, y los escritores, desde otro, han fabricado un Guzmán con fines utilitarios del momento. El montaje ya lo iniciaron los cronistas áureos a sueldo de la Casa de Medina Sidonia en los siglos XV y XVI. Primero con el relato caballeresco de sus supuestas gestas en Marruecos, y más tarde con la ampliación literaria del tan famoso como sacrificado episodio de su hijo.
La síntesis principal de todos estos planteamientos la tenemos en la Crónica de Pedro Barrantes Maldonado, sus Ilustraciones de la Casa de Niebla. El escritor reconocía que para escribir del episodio de 1294 había paseado por las almenas, las torres y los adarves tarifeños. La práctica entonces de la empatía histórica fue decisiva; en la edición de su crónica el episodio del sacrificio del hijo de Guzmán el Bueno ocupa nada menos que seis páginas. Diálogos y análisis psicológico que iban a ser utilizados como auténtica fuente histórica cuando constituyó un mero ejercicio literario.
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| Guzmán el Bueno en un cuadro de Primitivo Álvarez. |
Por esta razón, desde el hoy, debemos tratar de despojarnos de esa construcción literaria del personaje. Lo hiperbólico de esa construcción es evidente. La fuente cronística que sirve de base documental, a la que luego nos referiremos, pone en boca de Guzmán, en un giro moderado, que estaba dispuesto al sacrificio de ese hijo e otros cinco que los toviese. En la historiografía de los siglos XVI-XVII, en el Padre Mariana, los cinco hijos se han convertido en cien en la feroz expresión que se le atribuye. En la historiografía del siglo pasado los cien dejan paso a muchos más: antes no solo ese hijo, sino mil que tuviera, todos dejaría entregar a la muerte (Adolfo de Castro).
Junto a la reconstrucción literaria no menos importancia, sobre todo en los dos últimos siglos, ha tenido la ideológica . El gesto de Guzmán el Bueno ha sido pasado por el tamiz de las ideas que ha desdibujado los perfiles del personaje. Creemos que debemos, en lo posible, acercarnos al personaje desde otra perspectiva diferente. Olvidemos al Guzmán secuestrado por las interpretaciones literarias e ideológicas, el que muchas veces se nos ha enseñado en la escuela.
Así Guzmán el Bueno apareció en el siglo XIX, en la obra de Manuel José Quintana, como un patriota liberal. Por el contrario, historiadores ultraconservadores del siglo XX lo han presentado como un símbolo del poder y de la imposición de los valores castrenses sobre la sociedad civil. Otros historiadores, como Giménez Soler, reaccionaban negando incluso que fuera cierto el episodio del sacrificio de su hijo.
Muy pocas veces se ha realizado una aproximación verdaderamente histórica a Guzmán el Bueno. Una de las escasas ocasiones la tenemos en un articulo de 1920 escrito por Mercedes Gaibrois de Ballesteros. Entonces descalificaba con rigor los famosos diálogos atribuidos por Barrantes a Pérez de Guzmán: su estoicismo de clásica belleza moral ha pasado a la posterioridad envuelto en el recargado ropaje de la leyenda, y adulterado por las huecas loas de genealogistas asalariados, que no sólo restan grandiosidad a la excelsa hazaña, sino que la hacen sospechosa ante la verdad histórica.
El Guzmán el Bueno devuelto a la Historia nos aparece así como un personaje diferente al de la perspectiva tradicional. Ni impasible y casi sobrehumano, ni particularmente cruel y despiadado falto de ternura paternal, ni liberal e idealista patriótico, ni legionario y ultramontano. Frente a todas estas perspectivas tenemos otra bien diferente, de carácter histórico, la del modelo perfecto de un guerrero castellano, de grandes dotes, pero propio del siglo XIII.
Ya Morel-Fatio, en el año 1900, demostró que muchas de las supuestas cartas relacionadas con Guzmán el Bueno habían sido invenciones posteriores. No parece serlo, por el contrario , el privilegio rodado otorgado por Sancho IV y dado en 1297 en la ciudad de Toro. En el mismo se donaba a Guzmán el lugar de Sanlúcar de Barrameda en virtud de los servicios prestados en la guarda de Tarifa: en que mataron un fijo que este don Alfonso Perez había, que moros traían consigo por que non les quiso dar la villa, e él mismo lanzó un cuchillo a los moros con que matasen el su fijo, porque fuesen ciertos que non daría la villa, que antes no tomase hi muerte, é los moros, veyendo esto, mataronle el fijo con su cuchillo.
En la Crónica de Sancho IV, redactada medio siglo después del acontecimiento, ya encontramos algunas ampliaciones literarias. Ya el hecho de la ejecución del hijo no se atribuye a los moros sino al traidor infante don Juan: que le diese la villa e si non que le mataría el fijo que él tenia. E don Alfonso Perez dijo que la villa que gela non daria ; que cuanto por la muerte de su fijo, que él daria el cuchillo, e dijo que ante queria que le matase aquel fijo e otros cinco si los toviese, que non darle la villa del Rey su senior, de que él ficiera omenaje; é el infante don Juán con saña, mandó matar su fijo, e con esto nunca pudo tomar la villa.
En la crónica encontramos ya reflejados hechos de una cierta teatralidad y que pudieron o no ser ciertos. En todo caso, el privilegio de Toro se limitaba a indicar que Guzmán lanzó el cuchillo a los moros sin indicar desde que sitio; por el contrario, la crónica indica que el cuchillo fue lanzado desde el adarve o camino de las almenas y no desde la torre.
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| Dibujo de Pedro Barrantes Maldonado, de 1540, sobre la gesta de Guzmán el Bueno. (Foto R. A. de la Historia) |
Podemos detectar aquí una contradicción con lo que más tarde escribiría Barrantes y que ha sido tradición con posterioridad; según Barrantes, en aquel tiempo se llamaba la torre del Cubo, porque es una torre redonda de cantería antigua y comidas las piedras por la gran antigüedad que en ella muestra, y es toda terraplena hasta arriba. Son datos contradictorios.El relato más antiguo nos habla del adarve y no de la torre. Barrantes menciona ya la tradición acerca de la Torre de Guzmán, pero su descripción de la misma (redonda, terraplena) no coincide con la existente. Por el contrario, en el dibujo que se recoge en su manuscrito, la torre (con la figura de Guzmán y el cuchillo) no es redonda. Y según escribió el profesor Torres Balbás, hace ya bastantes años, la torre actual es de factura muy posterior (y Barrantes indica que ya era antigua en 1540). Son datos que, de una o de otra forma, ponen en discusión la tradición sobre la denominada Torre de Guzmán.
Pero sobre todo, lo que más nos interesa, es que la crónica de Sancho IV atribuye en el siglo XIV una fórmula que es, sin duda, mucho más cercana a lo que pudo ser el pensamiento de Guzmán. Si en los historiadores del siglo XIX el heroísmo venía motivado por la lucha por la libentad, y en el siglo XX por la patria, en Barrantes el sacrificio venía motivado por el Estado o la monarquía como encarnación del mismo. Sin embargo, en la Crónica de Sancho IV la frase atribuida a Guzmán es la de non darle la villa del Rey su señor, de que él ficiera omenaje.
Esta es sin duda una motivación mucho más real. Nos hallamos, como era característico a finales del siglo XIII, con un homenaje, con unos lazos de dependencia feudales. Tenemos que alejar la actuación del episodio histórico de los componentes de un nacionalismo inexistente en la época. El Alonso Pérez que combatía al servicio del rey de Marruecos, y el que entregó la vida de su hijo, forman pante del concepto de caballero ejemplar en un sistema feudal. El honor y la lealtad de Guzmán condujeron a su indudable prosperidad posterior, a la generosidad con la que en años posteriores sería tratado por la Corona. Y es que con el episodio de Tarifa, con la muerte de su propio hijo, el guerrero había demostrado, de una forma más que suficiente, su lealtad y su ejemplaridad como modelo de guerrero castellano.
Pero no es menos cierto que Alonso Pérez de Guzmán actuó de acuerdo con lo que podríamos denominar las reales ordenanzas de aquella época. Así lo encontramos, en el texto de Las Partidas, el código legislativo de la época. Las Partidas fueron elaboradas bajo Alfonso X, muy pocos años antes del famoso suceso de 1294. En la segunda de Las Partidas podemos leer el siguiente mandamiento referido a lo que debían de cumplir los alcaides de los castillos: Si acaeciese que el castillo se lo combatiesen o cercasen, débelo amparar hasta la muerte. Ni por ser él preso, atormentado o herido de muerte o amenazado de matar, ni por otra razón de mal que ser pudiese o de bien que le hiciesen o prometisen. Ni por atormentar o herir o matar la mujer o los hijos, u otros hombres cualesquiera que amasa, no debe dar el castillo, ni mandar que lo diesen. Que si ello hiciese caería por traición.
Este texto nos incorpora una perspectiva más novedosa sobre el personaje y acerca de las características de su personal actuación. De un golpe, o noble o traidor, o héroe o villano. Por eso ante su situación, es probable que no hubiera podido obrar de otra manera, es fácil hacer empatía. La discusión acerca del carácter moral de la opción no tiene sentido siete siglos después. A partir de la defensa de Tarifa Guzmán demostró su heroísmo, su sentido del honor caballeresco y su capacidad de sacrificio. No era poco sino precisamente lo más necesario en la Castilla del siglo XII.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
FUENTES:
(1) El privilegio de Toro fue publicado por A. BENAVIDES, Memorias de
Fernando IV de Castilla, Madrid, 1860, II, pág. 145.
(2) Crónica de Sancho IV, XI Edición de C. ROSELL, en la Biblioteca de Autores
Españoles, t.66, Madrid, 1953, pág. 86
(3) Documentos posteriores, correspondencia con el Rey de Aragón, fue publicada por A.
GIMÉNEZ SOLER, La Crónica de Aragón y Granada, Barcelona, 1908.
(4) La falsedad de otras cartas de Guzmán con la Corona de Castilla fue demostrada por A.
MOREL-FATIO, La lettre du roi Sancho IV a Alonso Pérez de Guzmán sur la
défense de Tarifa, Bulletin Hispanique, 2 , 1900, págs. 15-24.
ELABORACIONES DE SU FIGURA Y EPISODIO DE 1292:
(5) BARRANTES MALDONADO, P., Ilustraciones de la Casa de Niebla, Ed. del Memorial
Histórico Español, t.IX, Madrid,1857.
(6) SÁNCHEZ DE AREVALO, Rodrigo, Compendiosa Historia Hispánica, Roma, 1570.
(7) MARIANA, Juan de, Historia General de España, Madrid,1600.
(8) QUINTANA, M.J., Vida de Guzmán el Bueno. Vida de españoles célebres, Madrid,1807.
(9) CASTRO, A. de, Historia de Cádiz y su provincia, Cádiz, 1858.
(10) GONZÁLEZ LAFUENTE, M., Guzmán el Bueno. dechado de regeneradores, Madrid,1901.
ESTUDIOS HISTÓRICOS FUNDAMENTALES:
(11) GAIBROIS, M., Tarifa y la política de D. Sancho IV, Boletin de la Real
Academia de la Historia, núm.76 (1920).
(12) ROBLES, C., Historia documentada de Guzmán el Bueno, León, 1927.
(13) MILLÉ JIMENEZ, I., Guzmán el Bueno en la Historia y en la Literatura, Revue
Hispanique, núm. 174 (1930), págs. 311 y ss.
(14) GONZÁLEZ JIMÉNEZ, M.,Guzmán el Bueno y su tiempo, Annales de la Faculté des
Lettres et Sciences Humaines de Nice (1983)
(15) SÁNCHEZ, F., Transformaciones y funciones de un mito nacional: Guzmán el Bueno,
Revista de Literatura, núm. 100 (1988).
(16) LADERO QUESADA, M.A., Castilla y la batalla del estrecho en torno a 1292: la toma
de Tarifa, Almoraima, núm. 9 (1993).
(17) ÁLVAREZ DE TOLEDO, L., La mirada hacia la Historia, ALJARANDA, núm.
14 (1994).
(18) SEGURA, W., La gesta de Guzmán el Bueno en la literatura, ALJARANDA,
núm. 14 (1994), págs. 28 y ss.
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