PRENSA

ALJARANDA

La Verdad

Manuel Liaño Rivera

    Cuando dábamos por concluida la pequeña gran historia de las cabeceras de prensa editadas en nuestro pueblo, nuestro buen amigo Wenceslao Segura, nos da la grata noticia de haber encontrado un buen numero de periódicos de La Verdad.

    Coetáneo del otro periódico satírico La Sirena, como ya dejamos entrever al publicar la cabecera del mismo (ALJARANDA núm. 12), La Verdad, que se autotitula Semanario político, es órgano del Partido Liberal, comandado por Serafín Romeu, Conde de Barbate, que, con esta cabecera y tras las bambalinas, irrumpe en la escena tarifeña para dar la batalla a Carlos Núñez, que ha dimitido de la Alcaldía al terminar la Dictadura de Primo de Rivera.

    El 30 de Junio de 1930, hace su aparición, pues, La Verdad, confeccionándose dicho periódico en Cádiz, en los Talleres tipográficos del Noticiero Gaditano. Con cuatro páginas y a cuatro columnas, tiene unas dimensiones de 40X30.

    Su redacción y administración se encuentra en Sancho IV el Bravo, 6, y el precio del ejemplar es de 20 céntimos.

    Sus secciones: Editorial. Tribuna Pública. Notas Políticas. Críticas del Pueblo. Salmos de David. Interviú Rápida y una serie de anuncios satíricos intercalados en las distintas páginas del periódico.

    Sus colaboradores : Te, Kalé, Manolo, Clariti, Kakita, Marco Tulio, Patrik, Zabulón Rabbí y la colaboración desde Casablanca del sempiterno Luis Herrero.

Cabecera de La Verdad.

    Damos a conocer dos artículos, publicados en los números 5 y 8 respectivamente.

DE LAS DIVERSAS MANERAS DE REGIR LA ADMINISTRACIÓN COMUNAL

    Conocemos varias. Citaré algunas.

    Una muy usada en los días dictatoriales retropróximos consistía en hacer el Siervo de la U.P. todo lo que se le antojaba, a cambio de ser accionista de cierto diario, dirigido por Don Felix del Mamporro y de la Sonrisa.

    Otra consistía en hacer fantásticas operaciones crediticias, a cambio de dar sonoros nombres a calles y plazas, menospreciando los que de antaño las rotulaban.

    Sí se podían organizar homenajes; recepciones; banquetes; etc... el pueblo se distraía y... luego a pagar la francachela.

    La ejecución de obras innecesarias y costosísimas era otra de las formas de "administrar el caudal de los pueblos".

    En la falange dominadora se suscribían los opresores, haciendo "leva" de los oprimidos, formando núcleos de mucho número y nula fuerza, mas de apariencia engañosa.

    Ese personal estaba oportuno en caso de reclutamiento, para recibir mandarines y vitorearlos. Alguna vez se les daba de comer y beber. No era siempre atendido en sus cuitas.

PROCLAMANDO LA VERDAD

    La revista LA UNION DE TARIFA, con fecha 28 de Junio del corriente año, publica un artículo, en el cual, entre otras inexactitudes, se dice que la Dictadura quitó por lesiva la concesión de la almadraba de Barbate a Don Serafín Romeu.

Carlos Nuñez y Manso.

    Esto es completamente falso, porque si bien es cierto que el Dictador publicó en el periodo de su máximo poder una R.O. de fecha 20 de Julio de 1.925, inserta en la "Gaceta" del 22 de dicho mes, para quitarle la almadraba al señor Romeu, es también cierto que el Tribunal Supremo dictó en 4 de Julio de 1.927 una sentencia, inserta en la "Gaceta" del 29 de Octubre del mismo año (falta de espacio nos veda publicarla, lo que haremos en próxima edición) dándole toda la razón al sr. Romeu y declarando que no hubo infracción legal, ni siquiera "presunciones racionales" de lesión.

    Resulta pues, que el más alto Tribunal de España demostró y proclamó, en pleno periodo de la Dictadura, la rectitud y pureza con que se administró antes del advenimiento del Directorio y la falta de razón que inspiraba la R.O. del Presidente.

    Fracasado el intento de despojar al Sr. Romeu quitándole la almadraba de Barbate, se inventó el Consorcio que le priva de una parte de las ganancias que obtenía en sus concesiones pesqueras, exigiendo que el 52 por 100 de los superbeneficios del Consorcio fuesen para el Estado. Y con las protestas de los almadraberos, consignada en acto solemne, y por imposición de la omnímoda Dictadura, se creó el consorcio, que priva a los antiguos concesionarios de algunos millones de beneficios.

    Si en todos los asuntos está tan bien informado como en este LA UNION DE TARIFA, compadecemos a sus lectores.

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