| HISTORIA | ALJARANDA |
Una visión de su Geografía y su Historia por Alonso Fernández del Portillo (I)
Francisco Javier
Criado Atalaya
Juan Ignacio de Vicente Lara
EL MANUSCRITO
Por razones desconocidas la obra de Portillo quedo manuscrita e inédita, tal y como el propio autor había presagiado: esto creo que no se llegará a imprimirse sino que morirá en manos de quien la hizo sin salir a la luz (folio 2), habiendo de transcurrir más de siglo y medio para que se diera a conocer su existencia.
Probablemente gracias a que Portillo encomendó su custodia al Ayuntamiento gibraltareño, ésta quedó a buen recaudo depositada en los fondos documentales del Archivo del Cabildo, donde permanecería hasta la ocupación británica de 1704. Al abandonar los gibraltareños el Peñón, y al frente de ellos, su Cabildo, el Pendón y cuanta documentación pudo salvarse del pillaje, el manuscrito de Portillo pasó a custodiarse en alguna de las nuevas poblaciones del Campo.
Fue en 1780 cuando el historiador Ignacio López de Ayala, vinculado a nuestra zona por su matrimonio con la taifeña Josefa Abreu, tuvo la posibilidad de consultar el manuscrito en el Ayuntamiento de Algeciras, dándolo a conocer a la historiografía española a través de su obra Historia de Gibraltar, en la que vertió gran parte de la escrita por Portillo. El propio Ayala escribe en el prólogo de su obra: no he perdonado diligencias en buscar noticias seguras e importantes, valiéndome además de las que ofrecen nuestras crónicas, de una Historia manuscrita de Gibraltar, que se conserva en el Archivo de Algeciras, compuesta a principios del siglo pasado por Alonso Hernández del Portillo, jurado de la misma ciudad, hombre curioso, de verdad i sensato; si bien mezcla muchas noticias fabulosas, omite todas las del tiempo de los moros, es diminuto en las restantes (1).
Casi un siglo más tarde, el manuscrito había desaparecido del Ayuntamiento algecireño, según denuncia en 1860 Francisco María Montero (2), quien al no poder consultarlo, tiene que valerse de las amplias transcripciones de Ayala. Pero por fortuna, la historia de Portillo no se perdió irremisiblemente: sí, su original, pero había de aparecer una copia. En 1883 Juan Pérez de Guzmán, en sus Apuntes Bibliográficos para el Aparato Histórico de Gibraltar (3), dio a conocer la existencia, entre los fondos de la Biblioteca Nacional de Madrid, registrada con la signatura Q28, de una obra titulada Historia de la Muy noble y Muy Leal Ciudad de Gibraltar (sic), de la que es autor Alonso Fernández de Portillo, datos que salvo la errata del título Muy Leal, en lugar de Más Leal, son coincidentes con la obra citada por Ayala.
Efectivamente el texto del manuscrito citado por Pérez de Guzmán, es idéntico al manejado por Ayala en Algeciras, por lo que no resultaría descabellada la posibilidad de que fuese el propio historiador grazalemeño el que se encargase de que una copia del manuscrito de Portillo llegase a los fondos de la Biblioteca Nacional, disposición con la que conseguiría salvaguardar esta obra para la posteridad.
Sin embargo hay una cuestión que se nos escapa y nos parece extraña, es el hecho de que ninguno de los historiadores posteriores, aún a pesar de conocer la recopilación de Pérez de Guzmán, e incluso citándola en sus obras como bibliografía consultada, acuden al manuscrito de la Biblioteca Nacional, conformándose con la extracción e información contenida en Ayala.
Dos historiadores clásicos de la Historiografía gibraltareña, Juan del Álamo (1942) y José Carlos de Luna (1944), se dejaron arrastrar por esta actitud cómoda, y en consecuencia, toda la información contenida en la obra de Portillo que había sido desechada por Ayala, ha quedado inédita, caso que ha afectado en alguna de las concernientes a nuestra ciudad. José Carlos de Luna, que residió en Algeciras mientras escribía su obra, se equivoca al decir que la copia del Portillo existente en la Biblioteca Nacional (que es indiscutiblemente del siglo XVIII), es de la misma época que el original perdido en Algeciras. Nos aporta en cambio, un dato interesantísimo, la existencia de copias de muchos capítulos, notas y referencias en archivos particulares (4).
Ya en 1983, con motivo de unas investigaciones efectuadas en la Biblioteca Nacional de Madrid por uno de nosotros (J. I. de Vicente junto a F. Humanes), se tuvo acceso al manuscrito citado por Pérez de Guzmán. En la actualidad, el manuscrito lleva la signatura 5.579 y en portada contiene dos datos curiosos: la fecha 7 de Junio de 1781, que podría corresponder a su entrada en el Registro General y por lo tanto, totalmente compatible con Ayala, que publica su obra un año después. El otro dato es la consignación de que costó 120 reales.
Sobre la base del citado manuscrito venimos realizando una serie de estudios (5), fruto de los cuales es el presente artículo.
LA OBRA
La versión de la obra de Portillo que ha llegado hasta nosotros consta de 137 folios, comprensivos de un Prólogo y siete libros o capítulos, en casi todos los cuales encontramos referencias a Tarifa, entre las que señalamos:
-Sus alusiones al islero del Estrecho en la Antigüedad.
-El intento de corrección de equívoco de los Cronistas del momento al ubicar Carteia en
Tarifa.
-La participación tarifeña en la conquista definitiva por Castilla de la ciudad de
Gibraltar en 1462.
-Las referencias al Pleito que enfrentó a Tarifa con Gibraltar por los antiguos términos
de las Algeciras.
-Las noticias acerca de la Batalla del Salado, la Gesta de Alonso Pérez de Guzmán, el
carácter guerrero e indómito de los tarifeños, con la grandeza de linaje de sus gentes.
-Culminando su recorrido con un canto de alabanzas a Tarifa.
Otro de los problemas que plantea este códice es la fechación de la obra de Portillo, lo que ha dado lugar a que se le atribuyan diversos momentos de redacción, producto de la falta de una lectura detenida y comprensiva de la obra.
Para Montero, Portillo escribe hacia 1610, mientras que para Pérez de Guzmán lo hace entre los años 1599 y 1610. Lo cierto y verdad es que Portillo menciona el hallazgo en 1599 de unos bolaños de piedra, empleados por Alfonso XI en el segundo cerco a Gibraltar en 1349 (folio 43), aunque en realidad la fecha más moderna y reciente que cita el manuscrito es la de 1625, año en el que Pedro Machado hace donación de una lámpara a la ermita de Ntra. Sra. de Europa (folio 27). Un hecho casi coetáneo del mismo, y al que Portillo también se refiere, es la visita realizada a Gibraltar por el rey Felipe IV, la cual tuvo lugar el día 31 de Marzo de 1624, por lo que no cabe duda de que la Historia de Portillo, o al menos su conclusión, fue bastante posterior a lo que creyeron Montero y Pérez de Guzmán. Por otra parte en el folio 85, Portillo escribe que: esta ciudad ha recibido esta merced y favor del Excmo. Sr. D. Alonso Pérez de Guzmán que hoy vive, y ella les está muy agradecida. Este Don Alonso Pérez de Guzmán, fue el séptimo Duque de Medina Sidonia, gran benefactor del Convento de Regina Coelis en Sanlúcar de Barrameda (6), quien falleció en 1615, por lo que Portillo emprendería la redacción de su obra entre los años 1599 y 1615, finalizándola en 1625 o muy poco tiempo después, si se tiene en cuenta su ya avanzada edad, casi octogenaria.
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| Plano del fondeadero de Tarifa (Foto Biblioteca Palacio Real) |
LA FIGURA
Son escasos los datos personales que hemos podido recoger a la hora de hablar del propio Portillo como figura histórica.
En una gran mayoría proceden de los textos de su obra, donde se encuentran expuestos de una manera solapada.
Por ella sabemos que Portillo nació en Gibraltar, de donde eran sus antepasados los que aquí nacimos y traemos largo origen de esta ciudad (folio 7), aunque ignoramos la fecha concreta de su nacimiento, si conocemos que era bien niño en el año 1553 (folio 4). Durante veinticinco años desempeñó la función de Jurado (folio 85), teniendo a su cargo una de las collaciones o distritos más céntricos de la ciudad, compuesto por los barrios de la Barcina, Albacar y Villa Vieja, el Baluarte del Canuto o San Sebastián y las puertas de Mar y Tierra, distrito en el cual residía al ubicarse su casa en la Calle Real (folio 99). Por un documento inédito que damos a conocer en el presente artículo, consta que el día 6 de Mayo de 1600, instituyó en la ciudad de Gibraltar una Capellanía de misas a favor de su hijo Francisco Rodríguez Vernal, pronto a recibir la orden sacerdotal. Por este documento sabemos que nuestro personaje estaba casado con Doña Beatriz Alonso Vernal, siendo sus hijos: Francisco Rodríguez Vernal, Alonso de Portillo, Jerónimo López de Portillo e Inés de Portillo Galindo. En el mismo el hijo sacerdote se comprometía a cambio de las rentas de sus casas existentes en la Calle Real y en la Barcina a decir cada año cuarenta y cuatro misas rezadas de esta manera: todos los primeros viernes de cada mes una misa de oficio de la Santa Cruz y las demás a cumplimiento las dichas cuarenta y cuatro misas rezadas de esta manera: todos los primeros viernes de cada mes una misa de oficio de la Santa Cruz y las demás a cumplimiento las dichas cuarenta y cuatro misas se han de decir de los Santos que cayeren en dicho mes, prefiriendo las fiestas de Nuestra Señora y del Apóstol Santo Tomas, San Bernardo y San Francisco (7).
Hombre de su tiempo, Portillo poseía firmes convicciones religiosas, dentro de la más absoluta ortodoxia católica.
Su obra recoge no sólo el aspecto formal propio del estilo del momento, el Renacimiento, sino también numerosas alusiones de las que se desprende una fe profunda al amparo y protección del cielo. A título de ejemplo, diremos que la obra comienza, tomo por mis defensores y protectores al Benditisimo Jesús, Dios y Salvador Nuestro y a su Bendita Madre la Virgen Santa María y al glorioso Arcángel San Rafael y en su nombre comenzaré mi discurso (folio 2 vto.).
Hombre de desahogada posición económica, poseía una gran inquietud de conocimientos que le habría de llevar a consultar, sino a disponer, incluso, de una extensa biblioteca de gran pluralidad temática, a la que acude en apoyo de su obra. Se nos revela como un gran conocedor y amante del latín, llegando a decir que no tiene en romance la misma gracia que en latín (folio 116). Además se nos muestra como un gran conocedor de la Sagradas Escrituras, sabiendo de Astrología, Herbolaria y no estando muy alejado de la sabiduría popular, recogiendo en su obra diversos refranes como el plasmado en el folio 33: todos sabemos que no hay mal sin castigo.
TARIFA EN LA OBRA DE PORTILLO
Nuestro recorrido por la obra de Portillo se inicia con la descripción que nos ofrece sobre la Paleogeografía del Estrecho de Gibraltar y sobre la exacta situación de los enclaves urbanos en él situados durante la Antigüedad Clásica.
Al igual que el escritor griego Euctemón cree que las Columnas de Hércules, no deben identificarse con los montes Abyla y Calpe (Yebel Muza y Gibraltar), sino con las islas e islotes situados a lo largo de las costas del Estrecho (8), con claras funciones de lugares sagrados y de culto (9).
Un conjunto de islas que según Portillo alcanzó el número de siete, aunque en su época muchas de ellas habían desaparecido inundadas por las aguas.
Un conjunto isleño, este archipiélago del Estrecho, al que Portillo dio nombre al folio 14 de su obra: frontero a esta Punta (Punta Carnero), está la isla de Cucalis: ésta con su contorno anegadas. Eran lss antiguas Gades que dieron nombre al Estrecho de Fretum Gaditanum: se dice que estas islas Afrodisias como adelante se dirá, nombres, éstos, aplicados a las islas donde los fenicios fundaron Gadir, Cádiz, por ello Portillo más adelante continua señalando que: tengo para mi que mucho de lo que se le atribuye a Cádiz fue de esta Bahía (Algeciras), engañados los Autores por el nombre de Gadir, o Gades que era también de las islas de aquí tenemos, como más en particular se dirá (folio 29).
Refiriéndose más concretamente a las situadas en las cercanías de Tarifa, nos dice que: hay muchas peñas anegadas hasta llegar cerca de Tarifa (folio 133 vto), extremo que aún era muy detectable en el siglo XIX, cuando en un plano del año 1806 se nos representa emergiendo del mar un accidente denominado La Isleta (10), topónimo que sigue conservando el lugar.
Continúa afirmando el autor gibraltareño que el rosario de isletas continúa hasta llegar cerca de Tarifa donde esta una, la mayor de las que habemos dicho. Esta a mi parecer es la famosa Erythia, como se dirá (folio 29). [...] Adelante de esta otro pedazo de Ysla bien grande pudo ser continua con esta por estarlo muy cerca anegada y undida debaxo del agua, que se le llama hoy la Laxa de Tarifa, que ha costado muchos navíos y vidas de hombres que en ella se han perdido y ahogado (folio 133 vto.).
Coincide aquí Portillo con las descripciones antiguas del Estrecho, tales como las recogidas en la Ora Marítima (11) y las ofrecidas por el griego Strabón (12) y el musulmán Idrisi (13), en las que se nos habla de dos islas: la actual de las Palomas y de la llamada Laja de Tarifa, y aún más con la versión gráfica que, de la Tarifa de la segunda mitad del siglo XVI, ofreció en sus láminas el dibujante flamenco Antón Van den Wyngaerde, quien en 1567 la dibujó siguiendo la perspectiva que ofrecía desde la Isla de las Palomas, que quedaba a su espalda (14).
La visión de la Laja, hoy semioculta bajo el pavimento y cimientos del camino de la Isla de las Palomas, en la llamada Playa Chica, se nos facilita con tal precisión, al igual que todo el contorno marítimo cercano a la población, lo que nos permiten esbozar una serie de consideraciones, ya expresadas por uno de nosotros (15). De esta manera podemos inferir que la zona fue, sobre todo durante la Antigüedad, un verdadero rosario de islas, islotes y lajas, unidos al continente en ocasiones por tómbolos de arena en el momento de la bajamar, que los convertía en accidentes muy peligrosos para la navegación de cabotaje durante la pleamar.
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| Detalle de Tarifa en 1567 por Antón Van Den Wyngaerde. |
Sigue el Jurado gibraltareño indicando el nombre de la mayor de las islas tarifeñas, analizando su etimología y apoyando sus conclusiones en citas de otros autores y en la existencia en la misma de muy antiguos restos de edificaciones: la Erythia, que yo juzgo es la que está junto a Tarifa, tiene rastros de haber habido en ella edificios, y aún dura en ella algunos antiquisimos aljibes (folio 135 vto.) [...] soy así mismo de la opinión que la Ysla que está junto a Tarifa era la famosa Erythia y debiósele dar este nombre como dice Ocampos (16), por ser los primeros pobladores egipcios venidos del Mar Bermejo, o que su capitán o los más pobladores eran bermejos o porque en ellos hubiesen antes que se anegasen algunos arenas bermejos o colorados, como los de Gibraltar o porque debían tener algunos edificios del mismo color [...] hay hasta hoy en ella edificios antiquisimos que declaran bien su antigüedad; tiene cuatro algibes cerca unos de otros y maravillanse mucho los naturales que en los otros dos haya agua buena para beber, y en los otros salada, estando casi juntos. A mi me parece que la causa de esto es estar los dos sobre asientos y peñas firmes y fuertes que no pueden penetrarle el agua del mar y donde se comunica la de la tierra.
Los otros no tienen tan fuerte e impenetrable asiento y el suelo, y por eso se les comunica el agua del mar, y si no es esto es un gran secreto de naturaleza y obra del Altísimo y Omnipotente Dios, a quien son debidas infinitas gracias y loor (folid 137-137 vto.).
En un plano del Archivo General de Simancas, localizado por uno de nosotros (De Vicente, 1987) y fechado en torno al año 1771, durante el Corregimiento de Isidro de Peralta (17), puede observarse con gran detalle el contorno de la Isla de las Palomas, distinguiéndose de manera palpable las peñas semihundidas de la Laja a los pies del Cerro de Santa Catalina y diversos topónimos en el interior de la Isla, como el caso de la Torre, el Aljibe y la llamada Sepultura del Gigante.
Una serie de planos, de la misma fecha, procedentes del Servicio Histórico Militar (18), nos ofrecen más detalles e informaciones mostrando como durante la pleamar las aguas llegaban al Cerro de Santa Catalina y como las peñas de la Laja afloraban sobre la superficie del mar durante la bajamar, indicándonos igualmente la existencia en la Isla de las Palomas de una torre, que se pensaba remozar y acompañar de una batería de artillería, del aljibe, inutilizado según la explicación planimétrica y de la sepultura del gigante, definida como una excavación en la roca.
Este último topónimo y la afirmación de Portillo de la existencia de restos arquitectónicos muy antiguos, nos llevan a nuevos comentarios y análisis.
Aunque el historial sobre el descubrimiento de restos arqueológicos es viejo y largo, los trabajos y publicaciones sobre los mismos son muy escasos y recientes.
Por orden los más antiguos, son los datos facilitados por Enrique Romero de Torres (19).
Ya en la década de los años ochenta tenemos otra serie de trabajos, los más numerosos de ellos obra del Coronel de Infantería e investigador de temas locales Javier Fernández Barberá, quien expuso sus descubrimientos en diversas publicaciones (20), donde da a conocer de forma novedosa la presencia fénico-púnica en la Isla de Tarifa, a través principalmente de la existencia de un complejo de tumbas hipogeos, fechado entre los siglos VI y V a. C. situado sobre el acantilado norte de la misma, en una de cuyas tumbas se encontró una cabeza esculpida en piedra ostionera, que representaba a una persona con rasgos negroides, así como un importante número de restos de carácter cerámico y de material vítreo, entre los que destacan diversos tipos de ánforas de los fondos marinos cercanos, brazaletes, cuentas de collar y sobre todo una pequeña pieza de cerámica que representa la cabeza de un caballo y a la que podemos definir como de rasgos muy arcaicos.
Los hallazgos de Fernández Barberá pusieron al descubierto las potencialidades reales de la Isla de las Palomas y en realidad de todo el litoral ibérico del Estrecho desde Algeciras a Tarifa, por ello en 1985 la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía envió un equipo de investigación con el objetivo de realizar una serie de prospecciones arqueológicas (21), que permitieron conocer de manera más precisa los restos arqueológicos, como por ejemplo las ánforas, definidas como fénico-púnicas, pertenecientes a los tipos: Maña-Pascual A.4, que debemos situar cronológicamente entre los siglos III y II a. C. y del conocido como Vuillemot R-1 o ánfora de saco, fechables en los primeros momentos de la colonización fenicia en Occidente.
En lo que respecta a las tumbas de acantilado llegaron a localizar un total de cinco, a las que agruparon en dos tipologías: 1º) Tumba de pozo y cámara, con nichos en la pared. 2º) Tumba con escalera de acceso y cámara rectangular con o sin nicho.
REFERENCIAS
(1) LÓPEZ DE AYALA, Ignacio, Historia de Gibraltar, Imprenta
de Sancha, Madrid 1782, pág. XIII.
(2) MONTERO, Francisco María, Historia de Gibraltar y su Campo, Imprenta de la
Revista Médica, Cádiz,1860, pág. VIII.
(3) Incluido en: NAVARRETE, José, Las Llaves del Estrecho, Tipografía de Manuel
G. Hernández, Madrid, 1983.
(4) LUNA, José Carlos de, Historia de Gibraltar, Gráficas Ugina, Madrid,
1944, pág. 7.
(5) VICENTE LARA, Juan I., y CRIADO ATALAYA, Fco. Javier, Aspectos sobre la
Religiosidad Popular en la Ciudad de Gibraltar, según el Jurado Alonso Fernández de
Portillo, en Actas del Congreso de Religiosidad Popular en Andalucía, Cabra,
Enero de 1994. (E.P).
(6) El centro religioso y el patronazgo que ejerció sobre el mismo el séptimo duque de
Medina, están siendo tratados en los estudios que realiza nuestra compañera y amiga
María del Carmen Rodríguez Duarte.
(7) A.H.D.C., Sección Gibraltar., Signatura 2713-162, 2714-163.
(8) FESTO AVIENO, Rufo, Ora Marítima, Verso 355: refiere que entre la tierra
del país líbico y la costa de Europa yacen dos islas y estas dicen que son llamadas
Columnas de Hércules, [...] separadas por treinta estadios, que por todas partes están
cubiertas de extensos bosques y que son siempre inhospitalarios para los navegantes.
(9) IBIDEM, Verso 360: dice además que en ellas hay templos y aras dedicados a
Hércules, que los visitantes llegados en sus barcos para sacrificar al dios se alejan con
pie presuroso, que se tiene por sacrilegio permanecer en las islas.
(10) S.H.M., Plano de la costa desde el río de la Miel hasta Valdevaqueros, Año
1806,B-5-40.
(11) FESTO AVIENO, Rufo, Ora Marítima,Verso 360-365: cuenta también que
alrededor y junto a ellas las islas el mar es muy poco profundo en una gran extensión, no
pudiendo los barcos cargados acercarse a estos lugares a causa de la poca profundidad de
las aguas y del espeso lodo de la costa.
(12) STRABON, Geografía, III. 5. 3.: Junto a ellas (Columnas de Hércules) hay
dos islotes, a uno de los cuales llaman isla de Hera.
(13) IDRISI, Geografía de España, tomado de la obra de Joaquín VALLVÉ BERMEJO, Nuevas
Ideas sobre la Conquista Árabe de España. Toponimia y Onomástica, R.A.H., Madrid,
1989, págs. 46-58: la isla de Tarifa está a orillas del Mar Sirio o Mediterráneo
(al-Barh as Sami), al tiempo del paso o Estrecho (Mayaz), llamado az-Zuqaq. Limita al
norte con el Mar Tenebroso (barh az-Zulma). Es una ciudad pequeña, con murallas de tierra
y la cruza un riachuelo [...] Tiene delante dos islas pequeñas, llamada una de ellas al-
Qantir. Están cerca de tierra firme.
(14) KAGAN, Richard. L., Ciudades del siglo de oro. Vistas Españolas de Antón Van den
Wyngaerde, Ediciones el Viso, págs 291, 292, 293 y 294.
(15) CRIADO ATALAYA, Fco. Javier, Evolución Histórica del Urbanismo Tarifeño, en
Actas de las 1 jornadas de Historia del Campo de Gibraltar, Revista Almoraima de
Estudios Campogibraltareños n" 5, Algeciras 1991.
IDEM, Cuadernos Divulgativos: Tarifa: Su Geografía, Historia y Patrimonio. Tarifa:
Breves Apuntes sobre Historia, Tarifa, 1992, pág. 3.
(16) OCAMPOS, Florián de, Los Cinco Primeros Libros de la Crónica General de España,
Medina del Campo 1553, Libro I, Capitulo XI, págs. 24-26.
(17) A.G.S., Seccion Guerra Moderna, Legajo 3.632.
(18) S.H.M., Núm. 9.851. Mapa de la Plaza e Isla de Tarifa, 1771, G.4-125.
Nº 9.860. Mapa particular de la Isla de Tarifa, 1771, (Dos hojas),
G.4-134.
(19) ROMERO DE TORRES, Enrique, Catálogo monumental de Cádiz y Provincia, Madrid
1934, pág. 230: la próxima isla de las Palomas estuvo primitivamente separada por un
canal [...] En el mes de Marzo del año 1887 el gobernador de Cádiz dirigió dos oficios
a la Real Academia de la Historia notificándola de haber pedido para esta Corporación la
fotografía de un pequeño busto de mármol que representaba la figura de una mujer
diademada, con el cabello suelto, descubierto en la parte de Levante de la isla de las
Palomas, y que continuaba las gestiones para obtenerla, a pesar de que el objeto
descubierto había pasado a ser propiedad del señor General Subinspector de Artillería
de este distrito, a quien lo regaló el autor del descubrimiento. Pág. 211: En el
año 1908 tuvimos ocasión de ver en la ensenada de los Lances de Tarifa, término de este
pueblo, tres sarcófagos, iguales al que se conserva en el Museo de Ibiza y a los que el
señor Vives publicó en su obra "Estudio de la Arqueología Cartaginesa".
(20) FERNÁNDEZ BARBERÁ, Javier, Historia de Tarifa, Torrejón de Ardoz, 1982.
IDEM, Tarifa. Buscando los Orígenes. Inédito. Obra en la que dedica varios e
interesantes comentarios a los restos por él hallados en el suelo, subsuelo y fondo
marino de la Isla de las Palomas, que fueron posteriormente expuestos con mayor rigor en
otra de sus obras: Presencia Púnica en la Isla de Tarifa. Rvta. Cuadernos del Archivo
Municipal de Ceuta nº 5, Ceuta, 1989, págs 8 y 9.
(21) MUÑOZ, Ángel y BALIÑA, Rafael, Informe Preliminar de las Prospecciones
Arqueológicas del Litoral Gaditano: De Getares a Tarifa, 1985, en Anuario
Arqueológico de la Junta de Andalucía, 1985, págs 161-168.
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