| GEOGRAFÍA | ALJARANDA |
Carlos Núñez Jiménez
Grato es indudable a los pueblos, conocer su historia y más aún si está llena de hechos heroicos, que han trascendido a todas partes, que son comentados en todos los centros de enseñanza y de cultura y que la humanidad los admira, dejando éstos su huella de tal modo que forman épocas históricas.
Tal sucede con Tarifa, su historia es brillante, pues en este pueblo y sus inmediaciones han tenido lugar hechos famosos de notoria influencia en la suerte de la nación española.
Si pasamos una ligera ojeada por su historia no podremos por menos de reconocerlo.
En Tarifa o Tartesso, desembarcaron según nos refiere Aristóteles, los primeros fenicios, estableciendo éstos sus relaciones comerciales con nuestros antecesores.
En Tarifa sentaron sus reales las primeras huestes que al mando de Don Iñigo, envió el rey Don Rodrigo, su primo, para detener al ejército árabe que al mando de Tarif amenazaba la Península.
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| Tarifa o Tartesso donde desembarcaron los primeros fenicios (Foto M. Rojas) |
Tarifa fue durante la mayor parte de la edad media el primer baluarte que tenían los cristianos para defenderse de los árabes en sus continuos desembarcos y correrías y así lo reconoce el heróico defensor de la plaza Don Alonso Pérez de Guzmán, cuando en una carta que dirigía al rey de Aragón dice: la verdad es que conquistada esta defensa y baluarte fortísimo contra las fuerzas del Africa, pretenden que España quede desnuda y flaca enmedio de tantos torbellinos.
Tarifa resistió con heroísmo las furiosas acometidas de los ejércitos de Abul-Hasán rey de Túnes, y de Jusuf séptimo rey de Granada, hasta que llegadas las fuerzas cristianas, a cuyo frente iba Alfonso XI se dió en las inmediaciones del río Salado la memorable batalla de este nombre, quedando deshechas las huestes agarenas que en número de 70.000 jinetes y 400.000 infantes se proponían invadir España.
Tarifa fue siempre codiciada por vencedores y vencidos. El rey moro de Granada daba por ella 22 castillos, 20.000 escudos y el pago adelantado del tributo de cuatro años.
En el transcurso de los siglos se ve a este pueblo caer en manos de los árabes, y aparecer después en poder de los cristianos, hasta que definitivamente dominando éstos hicieron de ella la primera defensa contra los enemigos de su religión y su Patria.
La historia de Tarifa, en los tiempos primitivos y en la edad antigua, está unida a la de España en general. Confusos son los datos que se encuentran de aquellas remotas edades.
Si se consultan los historiadores de más fama, solo se encuentra en ellos multitud de opiniones basadas en hechos legendarios o fabulosos, con más o menos probabilidades de certeza.
Autores de renombre dan por cierto que en los campos de Tarifa tuvo lugar la famosa batalla del egipcio Osiris (el sol) y el indigena Gerión, el cual murió derrotado, siendo sepultado su cuerpo cerca de Barbate.
Otros hacen venir a Hércules a esta ciudad, en la que vivió algún tiempo, afirmándose que su sepulcro debe estar en las inmediaciones del pueblo.
Por otros se concede a Tarifa tal importancia como para dar nombre al hoy Estrecho de Gibraltar, que se llamó tartessiano, nombre derivado de Tartesso, con que se designaban los pueblos comprendidos desde Gibraltar hasta la desembocadura del Guadalquivir.
En ésta tuvo su corte el esforzado y benéfico Argantonio, rey de los tartessios, 620 años antes de Cristo. Silio Itálico dice vivió el monarca tartessiano 300 años, opinando Plinio que no vivió más que 150 años.
Otras varias opiniones de autores pudieran citarse como la de Aristóteles que afirma desembarcaron en Tarifa los primeros fenicios, los cuales traían sus barcos cargados de aceite, que cambiaron por plata a los de Tartesso, en tal abundancia, que las áncoras y enseres de sus barcos eran de este precioso metal.
El historiador Mannet afirma que Tarifa se llamó Julia Traducta y Gossél dice se llamó Melaria, opinando Ayala que este pueblo estuvo en la boca del riachuelo de Guadalmesí.
Sea de todo esto lo que se quiera, lo cierto es que nuestro pueblo no empieza a figurar de un modo concreto en la historia hasta la invasión de los árabes, que al mando del general Tarif desembarcaron en esta parte de Andalucía, teniendo estos con los visigodos sus primeros encuentros en las inmediaciones de Tarifa. Y ya que anteriormente hemos nombrado el Estrecho de Gibraltar, nos parece obligado hacer un recorrido geográfico e histórico del mismo. En primer lugar nos preguntaremos si el Estrecho siempre ha existido tal como lo vemos hoy o por el contrario constituía un istmo uniendo ambos Continentes, las opiniones de los escritores andan divididas.
Estudios posteriores han establecido, como hipótesis la más verosímil, que el Estrecho debió su origen al levantamiento de la costa de Berbería y de la cordillera del Atlas, en las épocas undécima y duodécima respectivamente. Se concibe fácilmente que alzadas estas costas y ya también en pie las otras montañas, se formasen los profundos valles del Mediterráneo y que abriendo el canal entre uno y otro Continente, se precipitase el Océano, cubriendo con sus aguas el terreno que ya estaba preparado para contener el nuevo mar. Roto el dique, pudo el Atlántico inundar todos los valles del Mediterráneo. Hay que suponer, por otra parte que el Mediterráneo era mucho más bajo que las tierras que lo rodean, pues no es problable que una inundación por inmensa que fuese, deprimiría el suelo a tanta profundidad como la que tiene al presente.
En el Estrecho existen diversas corrientes. Hay una que viene del Oceáno al Mediterráneo, es decir del Oeste al Este, constantemente, la cual atraviesa por medio del cauce o canal con una velocidad de cuatro millas por hora con toda clase de vientos y mareas. Hay otras dos en dirección inversa de Este a Oeste, que corren por las costas de África y España durante el flujo o pleamar, que son de corta extensión y fuerza y duración escasa. Por medio de la corriente principal, introduce el Océano sus aguas en el Mediterráneo.
Nos podríamos preguntar, ¿a dónde van a parar estas masas, supuesto que el Mediterráneo que las recibe, no por esto sale de sus estrechos y reducidos límites ni se nivela con el Oceáno? Lo que podemos decir, es que esta corriente general y continua que abarca en redondo todo el Mediterráneo llega tan sólo hasta el Cabo de Gata, término de estas mareas.
Hablando de éstas, nótese en las del Estrecho una extraordinaria irregularidad, que tal vez nazca de las sinuosidades internas de las mismas montañas que la rodean, o de las costas o bien de otros obstáculos que existan en el fondo del canal.
Lo cierto es que el flujo o pleamar se siente en la Punta de Europa, dos horas antes que en Puente Mayorga, distante legua y media en el centro de la ensenada.
La ensenada comprende en su ámbito las bahías de Algeciras y Gibraltar, y forma una especie de herradura cuyos dos extremos son la Punta de Europa y Punta Carnero, distante ocho kilómetros una de otra, que es la boca que sirve de entrada a ella teniendo en cuenta que la de Carnero avanza hacia el Estrecho dos y medio kilómetros más que la de Europa.
La longitud de la ensenada de Norte a Sur, o sea desde Puente Mayorga a la entrada, es decir diez kilómetros de Este a Oeste y desde Gibraltar a Algeciras de ocho.
El Monte Calpe, o sea el Peñón, está lleno de concavidades, circunstancia que le mereció el nombre de Monte Cóncavo. Dichos huecos son otros tantos receptáculos del agua llovediza, lo que evita que baje en torrente y se aneguen sus faldas. Lo más notable de cuantas cavernas tiene, es la llamada cueva de San Miguel situada en la parte Sur y que merece una particular descripción, aunque también se hallan otras menos notables como son: la de Martín, la del Moro y otra sobre la bahía de los Catalanes.
En la de San Miguel, se entra por una boca muy pequeña que mira al Oeste y siguiendo una pendiente resbaladiza, se llega a un espacioso salón distante unos cien pasos de la entrada, que tiene de ancho 65 varas en forma de cuadrado, con 21 de elevación. A mano derecha de este salón, hay una abertura que da entrada después de unos veinte pasos a otra segunda caverna de 17 varas de largo y cinco de ancho, más allá de la cueva o salón primero se ha conocido siempre una balsa de agua, formada con la destilada por las techumbres, cuyo depósito parece que servía para abastecer a la población.
La vegetación del monte es idéntica a la que se observa en las Sierras Carbonera y Bermeja situadas al Norte y también de los montes vecinos de África.
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| Torre de guadalmesí, en donde según Ayala estaba Julia Traducta (Foto M. Rojas) |
La parte más angosta del Estrecho es la comprendida entre Guadalmesí y Punta Ciris (7,5 millas). A cosa de milla y media al Este de esta línea y en su parte media, entre el Cerro del Fraile y Punta Leona, hállase la profundidad mayor dentro del Estrecho 1.085 metros.
Es de notar que las grandes profundidades se advierten más bien del lado del Mediterráneo que del Atlántico. Entre el Peñón de Gibraltar y el promontorio de Ceuta se han hecho sondeos hasta 1.088 y 1.093 metros, en cambio en los cabos de Trafalgar y Espartel, los sondeos más profundos no han llegado a 400 metros.
Siguiendo un derrotero por en medio del Estrecho no se encuentran profundidades inferiores a 200 metros, sólo a nivel de Barbate las profundidades no pasan de 140 a 180 metros.
El carácter medio del suelo del Estrecho es pedregoso. Las elevaciones del terreno en la orilla del Estrecho producen altitudes que no llegan ni con mucho a las profundidades antes citadas. Si trazamos una línea de la cumbre del Monte de las Monas, en Sierra Bullones de 856 metros a la del Palancar de 823 metros, observaremos que entre ambos puntos el terreno desciende formando un cauce de más de mil metros bajo el nivel del mar. La línea del Cábrito, de 435 metros, a Pico Redondo (en Marruecos) de 476 metros, presenta en su centro una depresión de más de 800 metros.
Según observaciones hechas en un periodo de 14 años, de 1.870 a 1.884 de los 365 días del año, el levante sopla en el Estrecho 115 días y el viento de Sudeste 10 días y el de Nordeste 44 días.
De modo que los vientos variables del Este reinan durante 169 días y el resto, es decir más de la mitad de año pertenece a las variaciones del lado de Poniente.
En la peor estación del año, entre Febrero, Marzo y Abril, predominan los vientos del Nordeste acampañados de frecuentes lluvias y cuando se corren al Este o Sudeste generalmente se convierten en temporal. Los vientos más peligrosos del Estrecho, llamados vendavales, son los del suroeste. Los levantes se anuncian antes de desarrollarse y en Algeciras, Ceuta, Tarifa y Gibraltar, pueden preverse con 24 horas de anticipación.
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