HISTORIA

ALJARANDA

La mirada hacia la historia

Luisa Isabel Álvarez de Toledo

    E el mismo lanzó un su cuchiello a los moros con que matasen el su fijo, porque fuesen ciertos que non daría la villa, que antes no tomase y muerte. Escueta y précisa, la versión de 13 de octubre de 1.297, es la más próxima al suceso. Aparece en privilegio de Fernando IV, concediendo al Guzmán la villa de Sant Lúcar de Barrameda. A juzgar por el texto, hubo de prestar otros muchos e buenos servicios, para merecerla. Adaptada la historia oficial a los vientos ideológicos, imperantes en sucesivos presentes, abre la relación la conquista que él fizo de Tarifa, bajo Sancho IV. Silenciada la participación de Alonso Pérez, en la crónica, no es posible determinar por qué se decidió ocultarla, justificando su acceso a la alcaidía de la villa, cargo que ostentó hasta su muerte, con relato alambicado. Se dice que siendo alcaide Don Rodrigo, maestre de Calatrava, con tenencias de dos cuentos o millones de maravedís el Guzmán se presentó en Burgos, donde estaba Sancho IV, ofreciendo desempeñar el cargo a cambio de seiscientas veces mil maravedís, puja a la baja que al Rey plugole e enviógela luego mandar entregar. Siguió el sitio y la muerte del hijo, continuando la hoja de servicios con el defendimiento de la nuestra tierra de la Andalucía, e de la guerra que el rey de Granada había con nusco, et en amparar e en defender la villa de Tarifa, et otrosi por quan bien, e quan lealmente se paró en la guerra que había con nusco el Rey de Portogal, faciendo en la su tierra la más crua guerra que se facer podía, lote insuficiente, pues no olvida Fernando IV señalar que el regalo compensaba, además, otros muchos servicios, que nos fizo e faze e fará, daquí adelante.

Guzmán el Bueno luchando contra la sierpe por Pedro Barrantes Maldonado, 1.540 (Real Academia de la Historia)

    Esto nos lleva a concluir que el gesto, admirado a través de las generaciones, de haberse producido aislado, apenas hubiese merecido real felicitación. Mucho menos de haber sido la causa la defensa del pueblo, la justicia o la verdad, quedando en vituperable, de redundar en perjuicio de la Corona. Como en todos los tiempos, los actos no se juzgaban por la generosidad que encerrasen. Ni siquiera por sus motivaciones. Se valoran en función al criterio que puedan reportarle. Sin embargo, lo que sucedió en Tarifa, no parece haber sido común aunque el chantaje tuviese precedente. El mismo Don Juan, aliado de su hermano Sancho, en la sublevación contra Alfonso X, padre de ambos, lo aplicó en Zamora. Abiertas las puertas de la villa, por el vecindario, en ausencia del Merino Mayor de Galicia, Garci Pérez, la esposa de éste se encerró en el alcázar. Enterado de que tenía un hijo de ocho días, que le criaban en una puebla, fuera de la villa, lo hizo traer, amenazando con matarlo, si no entregaba el castillo, alcanzando fácil victoria.

Dibujo de Guzmán el Bueno tomado de la Historia General del Padre Mariana.

    Ignorado Alonso Pérez por la crónica, antes de aparecer como candidato a la alcaidía de Tarifa, posteriormente se omite su intervención en la guerra con Portugal, dando escasa relevancia a su intervención en la del moro. Hito y resumen de su vida de héroe, el sacrificio del hijo, las diferentes versiones, que llegaron a nosotros, son tan similares, en su fondo y forma, que cabe preguntarse si el romance es versión popularizada de la prosa. O viceversa. Dando vida a la escena, coinciden en que el Infante Don Juan tenía a un mozo pequeño, fijo deste Don Alfonso Pérez, e envió decir a este Don Alfonso Pérez que le diese la villa e si non, que le mataría el fijo que el ternía. E Don Alfonso Pérez le dijo que la villa que gela non daría; que cuanto por la muerte de su fijo, el daría el cuchillo con que lo matasen aquel fijo; e alánzoles de encima del adarve un cuchillo e dijo que antes quería que le matasen aquel fijo e otros cinco si los toviere, que non darle la villa del rey su señor, de que le ficiera omenaje. El romance amplifica la intención, con respecto a los hijos: Y otros diez que yo tuviese. Y magnifica el arma: veis ahí el puñal dorado.

    La crónica y el romancero, éste con una excepción, culpabilizan al Infante: Don Juan con saña mandó matar su fijo antel, e con todo esto nunca pudo tener la villa. E cuando los moros que estaban con el Infante Don Juan, vieron que él facía mucho por tomar la villa e non pudo, levantáronse de la cerca, e pasaron allende mar. Y hasta se dice que no esperaron tanto: los moros que aquesto vieron / Sus reales luego han alzado. Pero en el documento de 1.297, quizá por estar Fernando IV en negociaciones con su tío, como en el romance de Lucas Rodríguez, la culpa recae en los musulmanes: seyendo Alonso Pérez en Tarifa, la zercaron el Infante Don Johan con todo el poderío de los moros del Rey Abeacoben que mataron un fijo, que este Don Alfonso Pérez había, que lo moros atarían consiguo, reafirmando más abajo, que los moros matáronle al fijo, con su cuchiello. Refleja la contradicción criterios políticos opuestos. Malo de la película el matador, sin duda alguna, es lógico que cuando los moros constituían amenaza tangible, se les atribuyese el papel, correspondiendo al Infante, en períodos en que la ambición de real pariente, amenazase al ocupante del trono. Sabido casi desde el principio de los tiempos, que el poder procura hacer de la corona valor supremo, cuyo contacto presta valor a todos los valores. Sin cotización el acto, en sí mismo, hasta el más nimio lo adquiere, de ser realizado en beneficio de un rey, aunque tenga por fin satisfacer capricho soberano, irrelevante y transitorio. Basta repasar la documentación y la historia oficial, para comprobar que de no mediar servicio a la institución monárquica, el hecho o comportamiento, que se cita y premia, no hubiese merecido recompesa ni mención. Se omitió la calidad objetiva del acto o trayectoria del sujeto, para contemplarla a través de la fidelidad al poder, porque los reyes se creyeron y fueron admitidos, como propietarios de pleno derecho, con respecto a territorio que controlaban y sus frutos. Es decir, la población, con cuanto produjese y poseyese en guerra. Sumadas a matrimonios regios, fueron el origen de las naciones que hoy conocemos. Porque no pocas albergan pueblos diferentes, incluso en signo externos, como el color de la piel, que hablan distinto idioma, hemos de colegir que la unidad nacional, dimana de causas, ajenas a la raza y al lenguaje. Estas pueden ser una historia común, efecto de leyes y decisiones, dimanantes de autoridad unitaria, que al ser obedecidas, dentro de una determinada continuidad, se han transformado en costumbres, conformando una forma de mentalidad concreta, diferente, en sus líneas básicas, a la que sucesivos reyes-propiedatarios, imprimieron a las poblaciones de otros compartimentos, estancos por aislarlos una línea, ideal pues no dimana de ley natural alguna, estribando su utilidad en proteger intereses contrapuestos. En tiempo de Alonso Pérez, aún no estaba conformado el mapa político de Castilla. Inestables las fronteras, en especial la que separaba moros de cristianos, frescos los tiempos en que el rey, como cualquier padre de familia, repartía el reino por herencia, entre sus hijos, el concepto de patria era inconcebible. Único punto de referencia de la unidad territorial el Monarca, no es de extrañar que el gesto de Tarifa, fuese esgrimido como ejemplo de lealtad a la corona. Lo siguió siendo, mientras el vasallo se cambió en ciudadano, cambiaron las motivaciones. Y la población se declaró propietaria de la unidad geográfica, que ocupaba, perdiendo su carisma la imagen semidivinizada de un rey, dueño y señor de vidas y haciendas, quedando periclitado el concepto de reino. Al ser la capacidad de adaptación, característica de testas coronadas, a la que deben su supervicencia, asumieron el cambio y el concepto de patria, que en adelante encarnaron. Convertidos los originarios de la unidad territorial, en servidores del suelo, lo fueron por extensión del rey, institución suprema, donde no fue reemplazado por la republicana.

Medallón de Guzmán el Bueno del Monasterio de San Marcos en León (Foto Estudio 27)

    Adaptada la imagen del gesto de Tarifa, a los nuevos tiempos, se antepuso el patriotismo al monarquismo, según convenía a un agitado siglo XIX, producto de la revolución americana, a la que siguió la francesa. Y en España, período de desmoralización, porque las colonias se perdían, una tras otra; de agitación, al multiplicarse las revueltas, de marchamo republicano. Situados a la izquierda de los moros, por segregacionistas y diferentes, con el Infante Don Juan, éste por razones ignotas, Alonso Pérez se convirtió en símbolo de la unidad, el orden y la tradición, tanto bajo la monarquía, a punto de caer o restaurada, como bajo la breve república, que quiso ser régimen de orden. O el largo periodo imperial del franquismo. Pero el auge de la guzmanitis, que desvirtuó al personaje, privándole de biografía, hemos de situarlo en las postrimerías del XIX. Un sentimentalismo pacato, a menudo pura sensiblería, que derramaba lágrimas sobre la desgracia del personaje literario, adquiriendo sus libros y muchas cosas mas, a cargo y cuenta de una industria, que habiendo descubierto las ventajas de producir barato, se enriquecía a cargo y cuenta de la depauperación del productor, necesitó de pasado heroico, que justificase el presente. Y creó un Guzmán de guardarropía, multiplicando imágenes altisonantes. Milite, que antepuso el honor a todo principio; nuevo Abrahán, dispuesto a sacrificar cuanto tenía, por su Dios, hirsuto guerrero, sin más fin que el de servir a su rey, matando moros, quedó en la historia, junto al Cid, como arquetipo de conquistador, pero sin antes ni después de Tarifa.

    Pero ocurrió que la era industrial tropezó con el stock. Y se produjo la crisis. Entendiendo que para dar salida a la producción, era necesario procurar poder adquisitivo a los productores, se abrió una nueva era. En auge los valores y las ideas, brutal pero torpe la censura, al adquirir los productores, entre otras cosas libros, surgió un concepto inédito del pueblo, acuñado por el propio pueblo, que desembocó en revoluciones triunfantes. Pero el revolucionario es vanguardia. Seguido que no comprendido en la acción, no es fácil que lo sea, ni lo primero, en la monotonía de la paz. Tras conmocionar al mundo, el mundo volvió a su rutina. Y cada cual quiso poseer más sin preocuparse por el cómo. Ni por el vecino. Fue entonces cuando los menos, aprendieron el arte de enriquecerse, empobreciendo progresivamente a los más, hasta el límite de lo políticamente soportable. E intuyeron que este límite, podría alejarse, atomizando la sociedad. Convertirla en conjunto intelectualmente insular, exigía imponer, por principio, el ámate a ti mismo, hasta entonces patrimonio de reyes. Y éste la destrucción de escala de valores, que parte de la ética. Persiguiendo el universo, cómodo para quienes encarnan y se reparten del poder, en que se venda, para poder ser comprado, se quiso diluir el concepto pueblo en puras reivindicaciones dinerarias. Y se esgrimió el de patria, como unidad de destino en lo económico, por aquellos que al ser incapaces de competir, desean el amparo de la autarquía. En semejante contexto, es lógico que Guzmán el Bueno, reducido a un gesto sin leyenda, perdiese popularidad y vigencia. Sin utilidad política, puede ser calificado de brutal, cuando no de ridículo. O pura y simplemente, declarado fantasía. Sin embargo fue real. Y muy probable que el personaje, nos restituya un pasado, que nos ayude a comprendernos, a estimamos. Y a liberarnos.

Monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce, en donde se encuentra enterrado Guzmán el Bueno (Foto J.L. Moreno)

    Útil a casi todos los regímenes la imagen del sacrificio, el hecho fue recogido y transmitido, ya en sus primeras versiones, aislado de su contexto, por ser desagradable al estatus. Diluida la verdad en múltiples verdades o interpretaciones subjetivas, conformadas en función a la mentalidad imperante, la de Barrantes Maldonado, que escribió mediado el siglo XVI, previo pago y por encargo del VI duque de Medina Sidonia, deseoso de blanquear el pasado familiar, en lo político y étnico, adjudica al héroe la escala de valores, que el poder dictó en su tiempo. Adorno principal del héroe la lealtad al rey, como en anteriores versiones, al haber subido la cotización de valor familia, débil en el siglo XIII, pone de relieve, a imitación de romance anónimo, que Guzmán el Bueno no entregó la fortaleza, por no perder el honor, mancillado para la eternidad, de haber traicionado la real confianza. Pero añade que de no mediar que hubiese cedido al chantaje, cumpliendo muy honorablemente su deber de padre, pues ofreció a Don Juan y los moros cuanto tenía, a cambio de la vida del hijo, dispuesto a perder lo más preciado, para el hombre familiar, que es la fortuna. No se trasluce esta actitud del privilegio de 1.297 ni de la crónica. De hecho, entre las aportaciones de la Inquisición, observamos un fuerte y rápido desarrollo del sentido familiar, efecto del miedo al extraño o desconocido, que por cualquier nimiedad, sabiéndose amparado por anonimato institucional, podía convertirse en denunciante. Hasta es probable que la posibilidad de introducir esta inquietud, a nivel masivo, fue una de las causas que impulsaron, a la Corona, a introducir y mantener el Santo Oficio, siendo antigualla en desuso, en el resto de Europa. Intuyendo que transformar la sociedad en suma de células, cerradas sobre sí mismas e indiferentes al interés general, era antídoto insustituible de revueltas, no es de extrañar que Carlos V, aunque tocado de humanismo, se abstuviese de suprimir la institución, enseñado por los levantamientos de las Germanias y las Comunidades, que en verdad fueron uno, pues obedecieron a idénticas causas, persiguiendo el mismo fin.

    Socialmente impresentable el pasado de Alonso Pérez, es probable que no lo admitiesen sus coetáneos, como lo admitió Barrantes ni los fabuladores que posteriormente, se ocuparon del héroe. Es probable que realizado el gesto de Tarifa, fuese dotado del origen, que hacía de reyes y caballeros, individuos superiores al común de la humana ralea, por el hecho de haber nacido. Aprovechando un Pedro de Guzmán, Adelantado Mayor de Castilla en 1.267, se lo dieron por padre. Y le otorgaron por madre a una supuesta Isabel, naturalmente hijadalgo, justificando que los Guzmanes de la rama leonesa, no tratasen al Bueno de pariente, por haber nacido ilegítimo, hecho que el medioevo, distaba de ser considerado lacra social. En el Romance de la Sierpe, que narra un suceso acaecido en tierra de moros, se afirma que fue leonés, dándole por criado a Gonzalo García de Gallegos, cristiano estimado por Abenyuçuf, rey de Marruecos, que en ocasiones fue su embajador. Es el Gallegos que encontramos siriviendo a Marian Alphon, muerto el marido, como alcaide del Puerto de Santa María. Barrantes recoge el dato, pero cita por fuente manuscrito de cierto dominico, que presintiendo al héroe le siguió, sin dejar caer gesto ni palabra. Absurdo el supuesto, el fraile se pretende presentar como prueba del parentesco del Guzmán, con Santo Domingo, que el interesado se encargó de desmentir, apuntando relación con el Temple, al alojar comunidad del Cister, en la única fundación que hizo, para ser enterrado.

Cuadro de Primitivo Álvarez
(Foto M. Rojas)

    Sin romperse la cabeza, Barrantes presta al fundador de la casa de Medina, las cabezas de estirpe, que se buscaron los señores de la casa de Toral. Estos se consideraban descendientes del rey Gundamaro. O en su defecto, de hermano del duque de Bretaña, que acudió a la batalla de Clavijo, siendo Santo Domingo miembro probado de la casa leonesa. Es probable que ambas ramas provengan de los Quzmán almorávides, hombres de pluma y funcionarios en Extremadura. Tras la victoria de los almohades, parte de la familia debió regresar a su Marruecos de origen, quedando otros en Andalucía, como lbn Quzmán, poeta y novelista, que permaneció en su Andalucía natal. Al no haberse prohibido a los conversos de musulmán, conservar su apellido, es lógico que lo hiciesen unos y otros, habiéndose alejado Alonso Pérez de sus parientes, tras cerca de dos siglos de convivencia, con civilizaciones distintas. Sea como quiera, el VII duque de Medina Sidonia hubo de justificar, ante Felipe II, sus buenas relaciones con el Xarife Hamete y su hermano, confesando que el fundador de la casa vivió en Berbería muchos años, haciéndoles grandes plazeres en lo que le ordenaron en lo tocante a la guerra, de la qual a mucha noticia en escripturas, leadas y libros.

    Reducido, por el momento, el pasado histórico del héroe, que precedió al hecho de Tarifa, a un par de documentos, nos dicen éstos que estaba en Andalucía, cuando acuadió Abenyçaf de Marruecos, en ayuda de Alfonso X, pues en 1.282 le cambió este monarca, la villa de Alcalá Sidonia, por el donadío de Monteagudo, tierra de pan llevar y olivar, próxima a la barra del Guadalquivir. En el segundo, fechado en 1.288, que se conserva en el Convento de Santa Inés de Sevilla, Sancho IV le da tratamiento de vasallo, destinado al extranjero, que aceptase serlo del rey de Castilla, concediéndole autorización para sacar del reino, 300 cahices de pan terciado, cada año, para levar gelo a alen mar, do el es, coletilla que indica, sin dar lugar a equívocos, que nació en tierra de moros. Que hasta el primer Benemerín, los reyes de Marruecos, no tuviesen por costumbre usar de mercenarios cristianos, hace difícil que naciese de emigrantes, de casta y cuna cristiana y añeja. Por ello, Barrantes consideró necesario explicar cómo llegó el primogénito de Alonso Pérez, al que llaman Pedro Alfonso, ante los muros de Tarifa. Desmintiendo que lo hizo con los moros, como afirma el documento de 1.297, aun siendo plausible, pues pudo quedar en Fez, como rehén o por voluntad, cuando marchó el padre, por cimentar la fama de cristiano viejo, que deseaba su empleador, se aferró a las propiedades de Doña Sancha, madre de María Alphon, en Portugal, para suponer que el muchacho fue invitado a la corte de Lisboa, en calidad de paje. Y entregado a Don Juan, para que viajase en buena compañía. Pero sucede que el Infante no planificó la jornada. Cruzó la frontera acosado. Tras breve estancia en Lisboa, fue expulsado por presiones de Sancho IV. Se dice que zarpó rumbo a Francia, parando en Tánger por culpa del viento. Pero la premura con que mandó emisarios a Fez, pidiendo ayuda al rey Abeacob, para conquistar el trono de Castilla, entrando por Tarifa, hace suponer que la escala era intencionada. Absurdo confiar un niño a Infante, que huía del rey, lo es que de cometer tamaña imprudencia el padre, no lo entregase en la corte de Lisboa, siendo su destino. Más todavía que lo recogiese, para embarcarlo en su compañía, pues nada había perdido el muchacho en Francia.

Detalle del cuadro de A. Colmeiro (Foto M. Rojas)

    Muerto Sancho IV, fue Alonso Pérez tutor de Fernando IV, con el Infante Don Enrique, función a la que se refiere, en carta a Jaime II de Aragón: ove de mantener mucha gente siempre de cada día por guardar esta tierra para el rey Ferrando mio señor, que el Rey don Sancho su padre me dexó en guarda. Este Monarca, al que conoció personalmente el Guzmán, le dedica elogios reveladores. En carta de 8 de mayo de 1.298, celebra el vuestro buen entendimiento que ha vedes en enxalçamiento de la christiandad e faser servicio a Dios, prometiendo hacer la mejor obra que podamos, como sea paz e amor e concordia entre los christianos. Se refería sin duda a las disensiones que asolaban Castilla, consecuencia de haberse proclamado por Alfonso de la Cerda, el Infante Don Juan, que llegó a proclamarse rey de León, y otros caballeros. Siendo Jaime II senanler almirante Capitán General de la Santa Egresia de Roma, el Guzmán debió pedirle que mediase con el Papa, Benedicto VIII, en ésta y otras cuestiones, prometiendo hacerlo Jaime II, pues estaba con un pie en el estribo, para yr... al Padre Santo Papa de Roma: quando seamos delante el dicho padre santo nos fablaremos con el de lo que vos nos avedes embiado a dezir de poner en buen stado la crhistiandad. En 1.301, tras haber conferenciado con enviados de Castilla, sin haber logrado respuesta, el Aragonés lamentó que no hubiese acudido Alfonso Pérez, pues veemos e conoscemos le bon entendimiento que vos havedes, e havedes havido hasta aquí en endereçamiento de los fechos de nuestro synor e nuestros e a bien e pro de la xrhistiandat Y le invitó a comparecer en su corte, porque vos sodes homne que nos mucho amamos e fiamos de vos assi como de bueno y leyal cavallero fazemos vos saber que si vos segund que ya fue tractado queredes venir a nos, que nos plazerá mucho y desta razón o dotra poredes favlar con nos. A 13 de agosto, Alonso Pérez se dirigió al aragonés: como quier que esta tierra es muy bona de pan a bien unos tres años que no ovo en ella pan sino muy poco, en guisa que la tierra está agora mucho menguada de pan, siendo muy necesario para mantener la gente y la costa que tengo por que esta tierra sea guardada e enparada. Y pidió que le permitiese sacar de su reino cuatro mil trecerías de trigo, por mis dineros. Que prestó éste y otros servicios, a su cuenta, durante la minoría de Fernando IV, de cuenta privilegio de 28 de agosto de 1.307, por el que le dio la villa de Vejer, con su castillo, fortalezas, pobladores y términos, en pago de Zafra, con su castillo y Falconera, zincuenta e sies mil doblas doro que fincavan que vos desviamos, que vos nos prestastes pora mantenimiento de los castillos, et pora los nuestros vasallos, e pora mantenimiento de la Mar de las Flotas, que armastes en tiempo de la guerra, et otrosí pora pagar los marcos de las dipensaziones del matrimonio de Sancho IV, con la reina María de Molina.

    Hombre de confianza de esta reina, sabemos que el Guzmán estuvo en la cerca sobre Algeciras. Según la crónica, participó en la toma de Gibraltar, que Barrantes le adjudica en exclusiva. Y que murió días más tarde, en circunstancias problemáticas, pues adquirida la mayor parte de sus bienes por compra y otorgados los de donación real, al titular y sus herederos, a 12 de octubre de 1.309, Fernando IV firmó licencia, en principio innecesaria: todas las villas e castiellos e fortalezas e logares e aldeas e vasallos e rentas e todos los bienes, assí muebles como raysses que el avía al tiempo que lo mataron los moros en servicio de Dios e mío, mando e tengo por bien que Doña María Alfonso su muher e sus fijos e sus herederos que los ayan libres e quitos, cualquiera que fuese la forma de adquisición. Es probable que estos moros sirvan a ocultar al verdadero matador, en el año en que se iniciaban las ejecuciones de templarios, tanto en Francia como en Castilla. Costumbre de todo estado y tiempo, disimular lo impopular, no es extraño que la ejecución de un personaje, que fue leyenda encarnada, quedase disimulada por un rey, que temió verla caer sobre su cabeza. Fue enterrado en el Monasterio Sant Esidro, en término de Santiponce o Sevilla la Vieja, término que compró a la reina María de Molina, para convertirlo en abadengo. Autorizado a fundar el cenobio de 1.296, por Fernando IV, con libertad para entregarlo a la orden que mejor le pareciese, eligió el Cister, orden estrechamente vinculada a la del Temple, poniendo a la comunidad bajo la vigilancia y protección del abad de San Pedro de Gomiel.

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