| CREACIÓN LITERARIA | ALJARANDA |
José Araújo Balongo
No es corriente dejar copia de la carta que uno escribe a un familiar; sin embargo yo si lo hice con una que dirigí a mi hermana Mercedes, que vive en Carmona, el día 18 de Enero de 1970. En ella le contaba mis impresiones y vivencias de la riada que padeció Tarifa el día 13 del mismo mes y año. La transcribo aquí sin quitar ni añadir ni una coma veinticuatro años después de haber sido escrita, y lo hago con la intención de que quede memoria impresa en esta Revista de un suceso que forma parte de la pequeña historia reciente de nuestro pueblo. Dice así la carta:
"Tarifa, 18 de Enero 1970. Querida hermana:
En estos días te he mandado un par de periódicos que publican fotografías y noticias sobre la tromba de agua que, prácticamente, ha destrozado casi toda la zona baja de nuestro pueblo; aunque de todas formas quiero contarte algo de lo mucho que personalmente pude ver.
A las diez y media de la noche del día 13 llegó a mi casa nuestra hermana Rosario, a la que había mandado tita para ver cómo estábamos, ya que llovía con una tremenda violencia y comenzaban a llegar al barrio noticias de que la Calzada y calles colindantes empezaban a inundarse. Pepi se asustó mucho, pues, como tú sabes, su hermana Mari-Luz vive enfrente de Correos. Inmediatamente salí para enterarme de lo que ocurría y, nada más llegar a la carretera, el espectáculo que se ofreció a mi vista sobrecogía el ánimo: Una multitud de personas totalmente chorreando venía a refugiarse a la parte alta; hombres y mujeres que se habían visto obligados a abandonar sus casas, con los niños pequeños envueltos en lo primero que encontraron a mano; viejos e impedidos a cuesta de los más jóvenes; gritos por todas partes; llanto y horror en todas las caras... A todo esto seguía lloviendo a mares. Cuando llegué a la Puerta de Jerez la riada humana continuaba llegando, al propio tiempo que muchísimas personas de nuestro barrio queríamos bajar para tratar de conocer noticias sobre familiares y amigos de la zona afectada. A duras pude llegar hasta Teléfonos y desde allí contemplé horrorizado la tremenda riada que, con enorme fuerza, arrastraba consigo todo lo que encontraba a su paso. Estando como te he dicho en Teléfonos el agua me llegaba a los tobillos, lo que te dará una idea del nivel que alcanzó el agua en la Calzada. En línea a la puerta antigua de Casa Villanueva la guardia civil con agua a la cintura trataba de contener a los qué, con los nervios desatados, a toda costa pretendían adentrarse en las aguas a fin de llegar hasta las casas de los suyos. Esto naturalmente era imposible pues pronto hubieran sido cubiertos y arrastrados por la corriente, que, con tremenda violencia, arrancaba árboles, puertas, quioscos, al tiempo que se llevaba consigo todos los coches que por allí había aparcados. Un enorme camión frigorífico, como si se tratara de un barco sin timón, flotaba dando tremendos bandazos, rompiendo escaparates, doblando postes del alumbrado eléctrico y arrancando de cuajo las viseras de los comercios, hasta que se perdió de nuestra vista camino del mar... Garrafas, mesas, sillas y muebles de todo tipo navegaban sobre las aguas a velocidad increíble... La lluvia no cesaba ni en frecuencia ni en intensidad. El ruido que producía los borbotones de la corriente, junto con los chasquidos de rotura de cristales, topetazos de los coches y chispazos eléctricos, convertían la escena en algo alucinante.
A las once y media fue bajando el nivel de las aguas y decayendo el ímpetu de la corriente, y a las doce y media pudimos cruzar la Calzada, con agua a la rodilla, en grupos de hombres agarrados de brazos para ayudarnos mutuamente.
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| Imagen de la "Riá" (Foto Colección S. Trujillo Martínez) |
Lo primero que hice fue llegarme a casa de Maruja y de mi cuñada Mari-Luz, no habiendo ocurrido nada, afortunadamente, en ninguna de las dos casas; en la de Maruja por el sitio en que está, y en la de Mari-Luz, aunque dentro de la zona inundada, por tratarse de piso alto. Luego me dediqué a recorrer los lugares de la catástrofe que presentaban un aspecto desolador. El colegio de niñas de la Puerta del Retiro y la guardería infantil anegados y destrozados; los muros de piedra que rodean ambas edificaciones y que sirvieron en principio de diques de contención a la enorme cantidad de agua embalsada en todo el Retiro, presentaban derrumbamientos en varios metros por distintos sitios. El taller de relojería de nuestro primo Joaquín, que como sabes está frente a la casa de D. Joaquín Núñez, había sido totalmente cubierto por las aguas, dándose la circunstancia de que se encontraba él, junto con unos amigos, dentro del mismo, y salvándose de una muerte cierta por verdadero milagro. Según me ha contado él, cuando se dieron cuenta del desbordamiento fue al ver como la corriente se llevaba arrastrando a un coche al mismo tiempo que penetraba dentro del taller el primer golpe de agua. Al asomarse y comprobar que era imposible salir decidieron cerrar las puertas que, afortunadamente, es de las metálicas de corredera que cierran en perpendicular y que se introducen varios centímetros en el muro por los laterales. Aún así el agua penetraba a través de las rendijas y llegó a alcanzar un nivel de más de un metro. Ya puedes figurarte la hora y pico que pasaron allí encerrados. La desesperación les hizo romper un tabique que comunica con una vivienda, pero ésta se encontraba aún más inundada que el taller, por lo que hubieron de aguantar allí hasta que pasó la riada y les prestaron ayuda. Desde luego de no haber sido por las características de la puerta el agua habría superado en el interior el nivel de los dos metros.
Otro de los casos importantes ha sido el de la vivienda de Pompo el cartero. Todo lo ha perdido; con decirte que la fuerza de la corriente levantó hasta la solería está dicho todo. Y en estas o parecidas condiciones han quedado un centenar o más de casas y, lo más triste: de gente humilde.
En la Calzada, la iglesia de San Mateo y el Casino presentaban un aspecto desolador con el mobilario flotando sobre las aguas. En el bar de Morilla la riada había metido dentro un quiosco. De la imprenta de Ruffo desaparecieron los escaparates; del Bar Central no quedaba más que el mostrador y las estanterías altas, todo lo demás había desaparecido. De las grandes lunas de las exposiciones y escaparates de Trujillo y Villanueva no quedaba nada, como así mismo todo lo que en ellos había de metro y medio para abajo. Ambos comercios sufrieron los efectos de la inundación llevándose la corriente infinidad de artículos. La caja registradora de la farmacia de Checa apareció en el interior del bazar de Pablo Manso; el muchacho de la farmacia hubo de escapar por una claraboya del techo. Cajones completos de tabaco del estanco de Pablo Manso flotaban en el puerto. En el colegio de las monjas penetró el agua por las ventanas inundándolo todo. Del hospital, el quirófano ha quedado inservible y todas las habitaciones y salas bajas destrozadas. Un freidor del "Bar El Gallego" apareció en la lonja de pescados, y él, el gallego, estuvo dentro del bar casi una hora suspendido de una viga. En las puertas del muelle una veintena de coches destrozados se amontonaban en informe pila de chatarra. Un quiosco de la Puerta del Mar fue hallado cerca del castillo de Santa Catalina... ¿Para qué seguir...? Horror y desolación por todas partes. Restos de muebles, de electrodomésticos y de los más variados enseres por doquier... Juguetes rotos; hierros retorcidos; y fango, fango, fango y más fango.
Yo, a las dos de la mañana, calado hasta los huesos (aún llovía) llegué a mi casa. Acababa de vivir unas horas terribles que recordaré mientras viva.
El desbordamiento se produjo al obturarse el túnel del Retiro e irse embalsando el agua, que era contenida por las murallas que rodean el colegio de niñas y la guardería infantil, hasta que reventaron y sobrevino la catástrofe.
Y después de todo hay que dar gracias por la hora en que ocurrió, ya que si hubiera sido de madrugada o durante el día en horas en que estuvieran los niños en los colegios y guardería, hoy tendríamos que lamentar infinidad de víctimas.
Bueno Mercedes; termino. Muchos recuerdos para todos; besos a las niñas y tú recibe el cariño de tu hermano, José".
Hasta aquí la carta con mi impresión personal sobre el suceso. Añadir que la Barriada 13 de Enero se construyó para alojar a los damnificados de aquella catástrofe; de ahí que vulgarmente sea conocida como "La Riada"; o mejor dicho: "La Riá".
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