FOLKLORE

ALJARANDA

Nochebuena en Ahumada y Caheruelas

Jesús Caballero Márquez

    Cuando acaba el verano y poco a poco el otoño va abriendo camino con rostro gris y tímido sol, nuestro pueblo y también nuestro campo, nuestra zona rural sufre un cambio total en su seno.

    Atrás quedaron los días largos y calurosos, acompañados por la armonía y música de la incansable cigarra. Las tertulias nocturnas bajo los sombrajos de parras perfumados por el olor del jazmín y de la dama de noche.

    Y es que cuando llega el último domingo de septiembre y la virgen se va al santuario, su casa de campo, parece como si todo acabara en Tarifa. Qué vacío más grande nos deja la patrona. Durante el verano hemos vivido sin horario, sin control, mucho bullicio y era como si la vida de muchos cobrase más brillantez y armonía.

    Pero aunque a veces nos cueste mucho adaptarnos al otoño y al invierno, lo cotidiano y lo rutinario de estas estaciones es tan bonito y tan necesario como el esplendor y la viveza de la primavera y el verano si sabemos aprovecharlo.

    Por eso es esta una época propia para irse al campo. Se trata de un tiempo propicio para sacarle mucho partido a la vida. Y de otoño y de la vida de la gente del campo va a tratar este trabajo que escribo para la revista ALJARANDA.

    Desde mediados de octubre, sobre todo cuando ya han caído las primeras lluvias otoñales y los campos huelen a tierra mojada, comienza a apreciarse en los alcornoques sus frutos que son las bellotas. La gente del campo llama montanera a la época que madura la bellota y los cerdos se echan al monte para engordarlos. La montanera comienza aproximadamente a mediados de octubre y acaba en diciembre. Es pues el treinta de noviembre cuando la montanera ha dado todo lo que tenía que dar. De ahí el refrán que dice:

            Por San Andrés
            montanera hecha es,
            unos días antes
            o unos días después.

    Pasada ya la montanera, cuando los cerdos están bien cebados se recogen para hacer las típicas y tradicionales matanzas. En casi todas las casas o cortijos se hace una o varias de ellas en la temporada. Tenemos por costumbre cuando hacemos una matanza invitar a nuestros vecinos más cercanos para que nos ayuden a preparar los cerdos y al mismo tiempo pasar un rato agradable entre amigos. Lo mismo suelen hacer éstos cuando hacen las suyas.

    Mucho habría que contar y escribir sobre las matanzas en nuestra zona rural, pero sólo me voy a limitar a contar como se vive y como se saborea uno de los momentos más agradables de estas faenas de campo. Me refiero a por la noche cuando se están cociendo las morcillas y estamos todos rodeados al fuego. Normalmente suele hacerse en un lugar donde se prepara un "fogarín" , que son unas piedras que se colocan en un circulo para poner encima la caldera que es donde nos reunimos para cantar romances muy antiguos y de gran calidad literaria.

    Una tarde del mes de noviembre fuí a la Ahumada, a la casa de Isabel Gómez León y estando allí me dijo que por la noche iba a ir a lo de Candelaria a cantar la nochebuena, la acompañé, subimos un monte y llegamos a la casa de esta señora que vive en la zona norte de la Ahumada, muy cerca del parque eólico que lleva este nombre. Candelaria es una mujer hospitalaria y sencilla, y su casa es la cuna de los cantes de nochebuena en la Ahumada. Allí nos reunimos para ir ensayando y para rescatar algunos romances que se olvidan de un año para otro.

    Cuando llega el veinticuatro de diciembre la reunión de la que les voy a hablar es en Caheruelas, dispuestos a pasar la noche entera cantando romances. José le hecha unos leños a la chimenea porque la noche es húmeda y fría. Juan va al cañaveral del huerto y corta unos carrizos para la zambomba. Candelaria que también se viene con nosotros a Caheruelas prepara un poco de agua en un tiesto para que el que vaya a tocar la zambomba se moje las manos. La zambomba con un pellejo de chivo o de zorra, según dice Juanillo el de la Palanca, comienza a sonar. Las botellas y panderetas detrás y así se forma un coro llevando a la cabeza a Candelaria con su carro de romances que esparce por la noche. Unos son de amoríos entre galanes y doncellas, otros de reyes y principes. Otros que hacen referencia a las muchas y diferentes guerras que ha habido en España a través de la historia.

    He aquí una muestra de algunos de los romances que cantamos:

            GERINELDO (Versión Ahumada)
            Gerineldo, Gerineldo
            mi camarero pulido,
            quien te tuviera en mis brazos
            tres horitas naverido.
            Mientras los caballos beben
            echaremos un cantar,
            la princesa como niña
            se ha quedado enamorada.
            No te burles Gerineldo
            que de veras te lo digo
            a las diez se acuesta el rey
            y a las once está dormido
            a eso de las once y media
            el Gerineldo ha salido
            con zapatitos de seda
            para no ser sentido.
            Y al subir las escaleras
            por cada piso un suspiro,
            al subir el último piso
            la princesa lo ha sentido.
            Quien es este hombre traidor,
            quien es este hombre atrevido,
            que a deshora de la noche
            viene a rondar mi castillo.
            Soy el conde Gerineldo,
            que vengo a lo prometido,
            se ha echado abajo de la cama
            y ella la puerta ha "Abrido".
            Lo ha agarrado de las manos
            y en su lecho lo ha metido,
            y entre caricias y halagos,
            los dos se han quedado dormidos.
            Y a eso de la media noche,
            el padre los ha sentido,
            si mato a la princesa
            tengo el palacio perdido,
            y si mato a Gerineldo,
            lo he criado desde niño.
            Pondré la espada por medio
            pa que sirva de testigo.
            Al llegar el fiel al acero,
            la niña lo ha sentido.
            Levantate Gerineldo,
            levantate bienvenido,
            que la espada de mi padre,
            entre nosotros ha dormido.
            Una mañana muy alegre,
            triste estaba el pobrecillo,
            ahora por dónde me voy,
            ahora por dónde Dios mío.
            Vete por esos jardines
            cogiendo rosas y lirios
            si te encuentras a mi padre
            no le niegues lo habido.
            El padre que estaba al acecho,
            al encuentro le ha salido,
            a donde vas mi Gerineldo
            tan triste y tan pálido.
            Aquí por estos jardines
            cogiendo rosas y lirios,
            no lo niegues, no lo niegues,
            que con mi hija has dormido,
            no lo niego, no lo niego,
            que con tu hija he dormido.
            Y se ha formado una guerra
            entre Francia y Portugal,
            y el conde Gerineldo
            es capitán general.
            Si a los siete años no he vuelto,
            tu hija se puede casar.
            Pasaron los siete y ocho
            y Gerineldo por allá.
            Estando un día almorzando
            la niña se echó a llorar.
            Por que lloras hija querida
            por que voy a llorar mamá.
            Han pasado siete años
            y Gerineldo por allá.
            Mamá si me das permiso,
            para salir a buscar.
            Hija que permiso quieres,
            si tu para ti lo tienes.
            Se ha vestido de peregrina
            y ha salido a buscarlo,
            ha corrido los siete reinos
            y no lo ha podido encontrar.
            Y cuando venía de vuelta,
            ya de vuelta para acá,
            se encontró con un vaquero,
            chiquito y de poca edad.
            Vaquerito, vaquerito,
            por la Santa Trinidad,
            que me niegues la mentira
            y me digas la verdad,
            de quien son estas vaquitas,
            con tantos hierros y señas.
            Son del conde Gerineldo,
            que ya está para casar.
            Te doy la onza de oro,
            si me pones en su portal.
            Tengo cien vacas parías,
            y cien becerrillos más,
            las vacas me están pariendo
            y no las puedo dejar.
            Siguió la verdad por delante,
            sin volver la cara atrás,
            se encontró con un yegüero.
            Yegüerito, yegüerito,
            por la Santa Trinidad,
            que me niegues la mentira
            y me digas la verdad.
            De quien son estas yegüitas,
            de quien es esta yeguá.
            Son del conde Gerineldo
            que ya está para casar,
            te doy una onza de oro
            si me llevas a su portal.
            Le he dado una onza de oro
            y la ha llevado al portal.
            Ella le pidió limosna
            y él ha salido a dársela,
            ay que romera más rica,
            que romera más salá,
            esta cara se parece
            a la que yo me dejé allá.
            Mujer tu que vas a España,
            que para España irás,
            le vas a llevar una carta
            a mi mujer natural.
            No llevo carta ninguna,
            tu mujer presente está,
            tan solo vengo a decirte,
            dos palabritas nada más,
            que el niño que tengo tuyo,
            ya dice papá y mamá.
            Le ha echado el brazo por encima,
            mañana vamos a casar
            y los dulces de la boda,
            por el rio abajo irán
            y la pobre de Pepita,
            ni es casada, ni es mocita,
            y la pobre de Pepita,
            de madrina servirá.

    Este romance es uno de los más difundidos por toda España y Marruecos. Se funda en los legendarios amores de Eginardo, secretario y camarero de Carlomagno, con Enma, la hija del emperador. El chocante detalle de la espada interpuesta en el lecho era un viejo símbolo jurídico indicador del respeto a la virginidad: el rey del romance interpone su espada como expresión de un imposible deseo de proteger la pureza de su hija y, a la vez como una acusación y una amenaza.

    Esto ha sido una muestra de los muchos y bellos romances que se cantan en Ahumada y Caheruelas. Se cantan hasta el amanecer. Cuando son ya las cinco o las seis de la madrugada se hace un alto en el camino para tomar café con buñuelos que se han hecho la tarde antes. También antes se tenía por costumbre ir de casa en casa pidiendo los aguinaldos, no importaba la distancia, ni si la noche estaba lluviosa o no. Desgraciadamente esta tradición de pedir los aguinaldos ha desaparecido aunque todavía se canten en las reuniones. Lo más curioso y lo que más me ha llamado la atención ha sido, que tanto en Caheruelas como en Ahumada, los romances según la zona tienen una versión distinta a pesar de lo poco distantes que están estas dehesas. Es aquí donde puede verse la pureza y la belleza de estos romances, tan tradicionales y tan populares.

    Tengo que decir que durante octubre y noviembre he rescatado de la Ahumada más de treinta romances con versiones distintas a los de las Caheruelas. Romances que han ido transmitiéndose de forma oral de una generación a otra durante siglos. Por eso es muy importante escribir la letra y grabar la música para rescatarlos del olvido. Porque si no se hace así estos romances tan bonitos y tan bellos desaparecerán para siempre con las personas mayores.

    Pues así de esta forma tan peculiar y tan sencilla transcurre una nochebuena en Ahumada y Caheruelas.

    Tengo que dar las gracias a las personas y buenos amigos que han colaborado para la elaboración de este trabajo. Entre ellos el buen matador de cerdos Luis "El Largo". Al pelador y descuartizador Paco "El Capacho" que con la gracia de los chistes del primero y las voces del segundo, nos hicieron pasar dos inolvidables días de matanza en casa de Isabel Gómez León. También a Candelaria y a sus vecinos, que con ellos, por cierto, pienso formar un pequeño grupo para llevarlos a cantar el próximo año al Festival de Música Folk. Porque sin duda alguna lo que aquí les he contado es una muestra de auténtico folk.

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