| POESÍA | ALJARANDA |
Julio Fernández Varo
Vieja reja tarifeña
de cincelados primores,
de enredaderas y flores
que recuerdan mi
ilusión:
¿porqué a mi mente
dormida
vuelve otra vez tu
recuerdo,
cuando, al añorarte,
pierdo
la paz de mi corazón?
Vieja reja tarifeña
que iluminastes mi cuna
cuando a la luz de la
luna
de tus encantos gocé:
¿porqué de nuevo me
ofreces
lágrimas del bien
perdido
de aquel recuerdo
querido
de la mujer que adoré?
Ya tus matas de
claveles
no adornan tu celosía
ni en perenne noche y
día
se oye a tu lado un
cantor:
que hoy en tu triste
abandono
no llega a ti, vieja
reja,
ni una suspirada queja
del más ignoto juglar.
Reja de gótico estilo,
bella reja toledana,
vieja reja musulmana
labrada para el amor:
¿porqué de nuevo te
ofreces
a mi angustiada memoria
suya, olvidando tu
gloria,
te queda solo el dolor?
¿Qué fue de tu bello
ornato,
de tus hojas y tus
flores,
de tus cantados amores,
de tus citas sin cesar?
¿Dónde están
aquellos ojos
que en pura luz te
encendía
cuando a tus hierros
volvían
otra vez para mirar?
Ya no escucho serenatas
ni oigo cánticos de
amores
inspirados trovadores
de ti, vieja reja al
pie:
ya me dicen que pasaron
esas glorias que me
encanta:
¡hoy los ciencias
adelantan...
porque nos falta la fe!
ni percibo ya la
esencia
de tus nardos y
claveles,
ni oigo a bardos ni a
donceles
como antiguamente oí,
porque ya el romanticismo
al modernismo se inclina
y el olor a gasolina
nos arrostra en pos de
sí.
Cuando en tiempos ya
olvidados
viejas costumbres de
moros
corrían sueltos los
toros
en calles de la ciudad,
con jóvenes
perseguidos
por una angosta calleja,
tu supiste, vieja reja,
ser estaca de piedad.
Que de algún astado
huyendo,
al querer ganar la
calle,
en la propia bocacalle
otro toro aparecer
se veía con
frecuencia,
y otro extremo no cabía
que subirse, quien
podía,
por la reja o perecer.
Y aún recuerdo los
alardes
de atrevidos lidiadores
esperando los honores
de la hermosa de un
balcón
que una flor les arrojara
como premio a su
proeza,
toreando con destreza
por lograr tal
galardón.
Y aún me dicen que en
tu alfeizar
lucen como antes
lucían
los mismos ojos que
abrían
los cielos de par en
par;
y que aquellas
hermosuras
de épocas que ya
pasaron
en tus macetas dejaron
semillas que han de
brotar;
que a través de sus
encajes
de enredaderas y
flores,
hoy brota nuevos amores
con más firmeza que
ayer;
y que la gracia
andaluza
que de tus hijas se
adueña,
forja el alma tarifeña
con más pasión y
querer.
Más ¡oh, reja! al
evocarte,
muerta la esperanza mía
de verte de nuevo un día
como hace tiempo te vi,
te doy mi adios para
siempre
ya que para siempre es
ido
aquel recuerdo querido
que vive muriendo en
mi.
¡Vieja reja tarifeña
de cincelados primores
de enredaderas y flores
que recuerda mi ilusión;
¿porqué a mi mente
dormida
vuelve otra vez tu
memoria,
si acabó al par que tu
gloria
aquella generación!.
Poesía publicada el día 4 de julio de 1925 en el semanario Unión de Tarifa.
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