| PREGÓN | ALJARANDA |
Mariano Vinuesa Macías
Illmo. Sr. Alcalde, Illmas. Autoridades, bellísimas reinas y damas de honor y acompañantes. Amigos todos.
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| Mariano Vinuesa, Pregonero Feria 1993 (Foto I. Sena) |
Les agradezco protundamente la distinción que Vds. han tenido al elegirme como pregonero de estas fiestas. Igualmente agradezco a este Ayuntamiento en su delegado de festejos Manuel Garrido, por el honor que es para mi el dirigirles este pregón... En su definición, pregón signitica "promulgación o proclamación en voz alta en un espacio público de alguna cosa que conviene que todos sepan", Los precones, pregoneros o heraldos de la antigua Roma, constituían una especie de empleados al servicio de los magistrados. De su importancia podemos deducir, la acuñación de monedas con la representación de un pregonero. Era una de sus misiones, proclamar a los campeones, y coronarlos en los juegos públicos y con la fórmula solemne Favete Linguis imponer silencio en las ceremonias religiosas. Por favor invoco esta frase para imponer silencio.
También agradezco al presentador Manuel Reiné de quien todos conocemos su personalidad humana y artística, la calidad de su obra, demostrada ampliamente en las máximas distinciones en la realización de su estatua de Sancho IV, el Bravo. Los elogios que me ha dirigido, no puedo recogerlos a título personal, sino como manifestación, en mi, de las virtudes de este pueblo del cual soy mero reflejo.
Antes de nada quiero pedir disculpas por mi vocalización apresurada, debida, en parte, a una deformación profesional, tras años y años de pretender resumir en poco tiempo, lo que quería transmitir, comprimiendo las palabras.
En un principio, pensé no aceptar, pues por mi edad
como dice Ramón y Cajal el anciano propende a enjuiciar el hoy con el criterio
del ayer, pero enuncia Cicerón en su obra de Senectute, ¿hay cosa más agradable
que una vejez rodeada de juventud deseosa de aprender? y recuerdo la cita de
Chateubriand de que la ancianidad y la maternidad es una especie de sacerdocio, sin
embargo la llamada del Sr. Alcalde y mi condición de hijo adoptivo que tuve el honor de
recibir en el año 1983 con motivo de mi jubilación, me llenó de alegría y entusiasmo.
De otra parte soy consciente del afecto que siempre me ha demostrado mi pueblo desde el
año 1932, que llegué aquí, dispuesto a ayudar a quien me necesitara. Por eso el estar
entre vosotros minimiza la actitud mental que Oswald Splender define como conciencia
vigilante en relación a la posible hostilidad ambiental o humana, y que me hace sentirme
feliz y en completa relajación y bienestar. Gracias a todos.
Yo recuerdo la feria de aquellos años, eminentemente ganadera, situada
en el lugar que ocupa la barriada del Congo, al lado del molino de viento: arrieros,
carboneros, como el Tontito, Gaspar Luna, Patillejas, Serrano Sedeño, al que
cariñosamente llamabamos Pelahopo, y otros quedan en el recuerdo por su buen hacer.
Recuerdo que había seis casetas, y las tómbolas de Antón, los maños y la de las
monjas, el carrousel y los caballitos, las cunitas, que eran una especie de barcas, donde
a mano, se hacían elevar a cierta altura, el taratachin al grito de ¿queréis más?...
Las casetas tenían un organillo de verbena, algunas empezaban a contratar orquestas de
moda, se bailaban pasodobles, one step, fox trox y otros bailes de salón. Recuerdo a un
buen amigo bailando tangos y valses,que despertaba la admiración de todos. Por fuera del
recinto se bailaba el chacarrá, el baile típico de nuestra Ciudad, donde los
espectadores se regocijaban con las letras y pullas que se dirigían los que cantaban,
sobre lodo los novios o pretendientes. No quiero olvidar la presencia de cierto caballero,
porque además iba a caballo, que apareció por el real de la feria a altas horas de la
noche, para asombro de los que allí estaban. Hay que tener en cuenta que en aquel tiempo
no había paseo de caballos. Precisamente esto pudo haber sido el antecedente del actual
paseo de caballos en las ferias. Teniendo en cuenta que el principal medio de locomoción
era el caballo. Una nota típica era la afluencia de personas a la feria a caballo: las
mujeres en anca, estrenando trajes y ataviadas con lo mejor que habían encontrado. Las
muchachas acudían solas a la feria con sus amigas y allí se citaban con sus novios,
siempre bajo la vigilancia de sus "carabinas" y que no se alejaran mucho. Los
matrimonios y los solteros, se habían retirado ya a casa de Juan Luque, Fondiles, Pepe
Donda, o Fernando Silva, para degustar nuestras típicas codornices, no de granja.
En la actualidad, la realidad de Tarifa ha cambiado, y ahora es una Ciudad con proyección internacional, por algo que hasta hace unos años se consideraba negativo: su viento de levante. No hay revista de deportes, especializada, donde no aparezcan las playas de Tarifa. Los Lances, Valdevaqueros, Paloma Baja y Bolonia, que en mis primeros años era una zona con algún que otro cortijo aislado. Recuerdo que en 1934 tuve que ir con los jefes de Sanidad, provincial y local, a Bolonia, porque nos habían denunciado un caso de viruela, aunque resultó que era varicela y tuvimos que ir a caballo, desde San José del Valle, porque no había carretera. Ahora el espectáculo es fascinante, con sus windsurfistas. Pero además si ojeamos una revista técnica, puntera, allí aparece Tarifa con sus molinos, pues el viento es la materia prima que nos sobra para energía eólica. Ya en 1785 el gran viajero y geógrafo Von Humbolt en su obra "Cosmos", describe la presencia del viento de levante en las costas del Estrecho de Gibraltar como condicionante de su velocidad climática.
El hecho más tradicional de nuestra Feria es su cabalgata agrícola, que ha ido aumentando en asistencia a lo largo de los años, y la entrada de nuestra Patrona la Santísima Virgen de la Luz. Es típica su escolta desde el santuario por los caballeros cabalgatistas, y el recibimiento que el pueblo de Tarifa le hace, y en su representación sus dignísimas autoridades, los miembros de la Hermandad y la belleza que constituyen las reinas y damas de honor. El gesto emotivo del saludo a la Virgen por los caballeros cabalgatistas, y la bienvenida a la misma por el sacerdote que la recibe; con la alta emotividad que entraña el paso de la Virgen por las calles hasta llegar a la Calzada. Impresionante la llegada, ya anochecido, de la patrona al pueblo. Cohetes, que al estallar allá en lo alto, llovizna de luces, que al brillar en el ocaso de la tarde, parece quisiera prolongar en honor de la Virgen, el día que se acaba. Y en esta entrada hay lloros y lágrimas, lutos y alegrías. ¡Han pasado tantas cosas en un año, desde que se fue la Virgen! Y el sonar de la música, se confunde con el paso y relinchar de los caballos. Y así, Tarifa rinde homenaje a la Madre de Dios.
Por cierto José Mª Doussinague en su obra Pedro de Valdivia descubridor de Chile, menciona en su página 193 nuestra cabalgata y dice textualmente: Es el 9 de Septiembre, fiesta de la Virgen de la Luz, patrona de Tarifa en honor de la cual se organiza una procesión que recorre varios kilómetros por los campos, al atardecer. Detrás de la imagen, que se apareció al ejercito cristiano en el siglo XIV en el momento en que las tropas de Alfonso Xl peleaban duramente en la Batalla del Salado, ganada por su intervención, marchan los jinetes formando pareja. La imagen va cubierta con un manto celeste, regalo de una reina, y avanza en medio de la brisa del mar, de la gallardía de los jinetes y la suavidad de las plegarias. Así, desde hace muchos siglos. Y terminada la procesión, saludando los hombres con sus sombreros redondo de ala plana, tan parecido al de los huasos chilenos, se despiden de Élla al paso de sus lucidos potros. Tradición de amor a la Virgen de la Luz a la que quieren honrar los apuestos jinetes y las muchachas de Tarifa, como ofreciéndole todo el encanto de su juventud.
Nuestra fiesta constituye el antecedente de sus fiestas del Quasimodo chileno, que es uno de los espectáculos más impresionantes y cargados de emoción que pueda presenciarse. Como en una procesión de descalzos penitentes, como cuando trepan de rodillas los peregrinos de Roma la Escala Santa; antes esa desenfrenada cabalgata de los huasos chilenos se siente el ánimo sobrecogido y lleno del más profundo respeto y admiración. Ofrece el huaso al Señor cuanto sabe y tiene: su vida es el caballo, su ciencia la del jinete, su orgullo marchar al galope, compitiendo con el mejor que pueda ponérsele por delante. Su caballo y su vida, pone él a los pies de su Virgen, con la fe de un teólogo o un caballero, sus tesoros.
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| Ambiente de la Feria 1993 (Foto I. Sena) |
Las ferias eran medios útiles de contratación entre productores y consumidores, reuniones periódicas y públicas que se celebraban en los lugares y días señalados a las que acudían comerciantes y consumidores, para hacer sus transacciones con mayor facilidad. Como se suelen celebrar con intervalos regulares de tiempo, sirven para atender a las necesidades que no pueden satisfacerse diariamente. Hoy las ferias languidecen, muchas son puramente nominales y festivas. Como menciona Spencer, el hecho social al que damos el nombre de feria, es la onda comercial en su forma primitiva. Nacen al amparo de festividades religiosas, por el numeroso gentío que reune. Así, pues, las fiestas religiosas se convierten en ferias, como sucedió en el antiguo Egipto, o toman un carácter mixto, como las reuniones periódicas de los musulmanes en La Meca, y en las ciudades santas de la India, hecho que se produce en Europa después de la invasión de los pueblos germánicos.
Este doble aspecto, religioso y mercantil se siguen ofreciendo en las ferias, durante la Edad Media. Algunas ferias toman un carácter más complejo religioso-político o religioso-jurídico, reuniendo a las mismas puertas de la iglesia a los poderes y Tribunales, para administrar justicia, como aún, en la actualidad se reune y funciona el tribunal o jurado de Aguas de Valencia.
Los primitivos pueblos del Lacio, llamaban feria a los días de fiesta, o sea, a los días que pertenecían a los dioses, mientras los restantes pertenecían a los hombres. Era la llamada feria latina, y cuyo origen se atribuye a Tarquino el Soberbio, quien, habiendo vencido a los latinos, les impuso, entre otras, la obligación de la celebración de estas fiestas, que duraban tres días. El último estaba dedicado a Júpiter Latius, y a los anteriores a las fiestas populares, que consistían en dos partes: una solemne procesión de la que formaban parte los magistrados, llevando al altar de Júpiter el animal que se iba a sacrificar, que era por regla general una ternera blanca, con tonsura en señal de virginidad. La inmolaba el cónsul de Roma, y las entrañas se ofrecían al dios, mientras que la carne se distribuía entre los representantes de las ciudades confederadas. En la segunda parte, los delegados de cada ciudad obraban individualmente. El toro lo ofrecía el Latium en común, luego cada ciudad presentaba a Júpiter su ofrenda de leche, quesos y otros productos análogos. Terminada esta segunda parte; el pueblo se entregaba a la alegría y dábanse grandes festines. Finalmente al anochecer, encendíanse una hoguera en la cima de la montaña, que era la señal del fin de las fiestas, como precursora de nuestros fuegos artificiales.
Citamos a las Olimpiadas, como el inicio de la antigua Grecia de los juegos olímpicos, fiesta cívico-religiosa. De las cuatro ciudades que mantuvieron los juegos olímpicos, Olimpia, desde el año 776 antes de J.C. hasta el 426 después de J.C. Fue Teodosio II quien mando destruirla por sus soldados, incluso el edificio del estadio. Las otras ciudades eran: Delfos en honor de Apolo y Corinto en honor de Poseidón en 582 antes de J.C. y Nemea en honor de Zeus en 576 antes de J.C. Olimpia, realmente, no fue nunca una ciudad, sino un recinto sagrado, que contenía templos, edificios públicos, y unas pocas casas de habitación. Se halla situada en la costa occidental del Peloponeso en la ondulada comarca de Élida, que desciende suavemente hacia el mar. Olimpo-Olimpia deriva del griego lampo, brillar, lucir y una vez cada cuatro años era despertada de su encantado reposo por los alborozados de sus juegos. Una vez cada cuatro años, aquellos griegos divididos en Ciudades-Estados en eterna discordia, se sentían hermanados por un vinculo nacional. Podían encontrarse en ellos del brazo a diputados de izquierda atenienses y generales espartanos, e incluso grupos de filósofos en paz entre ellos y hombres llegados de todas las tierras y colonias griegas. Ya antes, desde meses, Élida, propietaria del santuario, enviaba en todas direcciones heraldos a pregonar la proximidad de los juegos y anunciar la tregua sagrada, que debía garantizar, contra todo acto hostil, la preparación de los juegos, el viaje de ida, el tiempo de los festejos y el regreso de los participantes.
En el siglo XII, se inició en todo el ámbito europeo una serie de fenómenos socio-económicos, destinado a dar gran impulso a las ferias, al mismo tiempo que modificaba su carácter y su distribución geográfica. Posteriormente, la conquista de las principales plazas musulmanas del sur español, y sobre todo del Campo de Gibraltar, llevada a cabo por los castellanos y demás reinos hispanos, en los últimos años del siglo XIII y principios del XIV y la eliminación definitiva de la amenaza de nuevas invasiones norteafricanas, tras la batalla del Salado en 1340 y la del río Palmones en 1343, creó una importantísima ruta marítima, que permitía enlazar los grandes circuitos económicos del Mediterráneo, con los de Inglaterra y Flandes y las ciudades de la liga Hanseática.
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| Cartel Feria 1993. |
En el siglo XVI, Sevilla se convierte en el gran puerto español del Atlántico, monopolizador del comercio y distribuidor del oro y plata americanos y llegaba a ser una de las mayores y prósperas ciudades del Occidente. Sin embargo, las transformaciones comerciales y económicas que se producen en Europa, origina el ocaso de las ferias. Ya en el siglo XX, permanece lo que se conoce como las ferias de muestras de nuestros días. Actualmente a pesarde la pérdida de ciertas actividades económicas, permanecen los aspectos culturales y folklóricos.
No puedo dejar de señalar la nobleza, aristocracia y altruismo de nuestro pueblo, manifestada en múltiples ocasiones. Últimamente la actuación de la Cruz Roja, servida por voluntarios, que ha sido acreedora de la medalla de oro a la institución local e impuesta por nuestra reina Dª Sofía. Igualmente, la belleza y encanto de nuestras mujeres, maravillosamente representadas por nuestras reinas y damas, de quienes dijo Benito Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales. La gloria de haber producido a nuestras mujeres, te pertenece a tí, Andalucía; después sin tí, Tarifa; donde se ha refugiado toda la gracia del tipismo español, huyendo de extranjera invasión.
Y, ahora, por favor, permitidme esta oración, creada por nuestro buen amigo y paisano Jesús Terán que dice:
María, madre de la Luz
Yo te demando y suplico
Por los que fueron ayer
Y por los que nunca han sido
Por los que serán mañana
y por los que hoy son, te pido
Que al igual que a los abuelos
De los padres de los míos
De los hijos de mis hijos
Y así sucesivamente
Por los siglos de los siglos
En Ti busquen y en Ti encuentren
El camino.
Y parodiando a los pamplonicas, al pedir la bendición de su santo patrón San Fermín, nosotros también imploramos y pedimos a nuestra patrona, la Santísima Virgen de la Luz, que nos de su bendición para poder disfrutar de estas fiestas con su máxima felicidad.
Tarifeños, amigos, muchas gracias y mucha alegría en estos días.
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