HISTORIA

ALJARANDA

Apuntes históricos sobre la Patrona Tarifeña

Jesús Terán Gil

    Sin duda alguna que el mes de septiembre es el mes más tarifeño del año. En este noveno mes, la Santísima Virgen de la Luz, Patrona de la Ciudad, viene desde su casa de campo, en la Dehesa de Caheruelas, hasta la parroquia mayor de San Mateo Apostol, en Tarifa, para pasar las fiestas en su honor.

    Debido a la antigüedad de esta Pontificia y Real Congregación, su historial está cargado de efemérides. Una de las que Tarifa celebró en el año 1989, fue el Bicentenario de que la imagen de la Virgen de la Luz es traida a la Ciudad, para rendirle cultos. Antes, estos cultos se le hacían en el propio Santuario, a donde el día 8 de septiembre, festividad de la Virgen, se trasladaba la Corporación Municipal con el pueblo, a celebrar esta fiesta en bulliciosa romería y para asistir a la función religiosa, cuyo panegírico (120 reales) pagaba el Ayuntamiento en cumplimiento del VOTO que hizo la ciudad, al proclamarla Patrona el 16 de enero de 1750 y aprobado por el Obispo de Cádiz, Fray Tomás del Valle, con fecha 9 de febrero del referido año.

    Fue a partir de 1789 cuando ya la Virgen empieza a ser traida a Tarifa para hacerle aquí sus fiestas. Y este primer año del 1789, la Patrona vino la antevíspera de su festividad, o sea, el 6 de septiembre, de forma reservada, dejándose en esa tarde en la ermita de San Sebastian, para el dia siguiente, en procesión solemne, trasladarla a San Mateo, según consta en el acta del Cabildo de fecha 20 de agosto del citado año.

    Por lo tanto, 204 años son los que se han cumplido desde aquella primera vez que Tarifa recibe a la Virgen. Antes se traía únicamente en caso de penitencias, cuando se acentuaba la sequía, o cuando se sufría cualquier epidémia o calamidad.

    ¿Desde cuándo se venera a la Virgen en Tarifa? En verdad que no se sabe a ciencia cierta de cuando data esta veneración que Tarifa siente por su Virgen, y de cuando, por lo tanto, data la Virgen. Con no pocos fundamentos, pudiera ser una imagen del siglo XIV, de cuando la Batalla del Salado, librada en las inmediaciones de Tarifa en el año 1340.

    En un escrito dirigido al Papa Benedicto XIV, en 1753, solicitando indulgencias plenarias para los hermanos de la que entonces se llamaba Cofradía, se demuestra el origen, tanto de la imagen, como del título de Luz que ostenta la Virgen. Para robustecer los motivos de la gracia que solicitaban del pontifice, los hermanos mayores invocaban argumentos como éste que decía: Que teniendo por Patrona a la Virgen Santísima de la Luz, cuyo nombre le dieron aquellos pueblos, por los resplandores que arrojaba sobre el ejército cristiano en la batalla que dieron contra el rey de África, en la que quedaron muertos mas de ciento sesenta mil africanos; por lo que en vista de tal milagro, hicieron de dicho lugar, sitio o paraje, una iglesia a honra de dicha Virgen Santísima, que ha hecho y hace constantes milagros, libertando tanto a los ciudadanos, como a los extranjeros, del cautiverio africano.

    Más que suficiente es ello para que se pueda sustentar la creencia, de que dicha imagen proceda de cuando aquella célebre batalla, librada como se sabe, en octubre de 1340, en las inmediaciones de donde se encuentra la ermita de la Virgen. Y existen además otros muy interesantes detalles, entre éstos, una argolla que hay en la parte superior del dorso de la talla, que admite la posibilidad de que se pueda tratar de una imagen peregrina traida por Alfonso XI, cuando dicha memorable batalla. Algo así como el rey Santo, su tatarabuelo, cuando en sus campañas de la gran Cruzada, llevaba a la pequeña Virgen de marfil en el arzón de su silla.

    Se hace parangón con el caso de Nuestra Señora de Tentudía. Pedro de Madrazos, en su interesante obra España y en el tomo dedicado a Sevilla y Cádiz, al glosar sobre la creencia en el milagroso auxilio que la Virgen María, como nombre genérico, defendió al rey San Fernando y a los caudillos de sus huestes, cuenta como durante una de las impetuosas salidas del maestre Santiago contra los moros de Sierra Morena, se repite el prodigio de Josué que detuvo el sol en medio de su carrera. Y a tal efecto Madrazos refiere como en esta ocasión el maestre de Santiago, don Pelayo Pérez Correa, faltándole días para acabar la pelea, ya que la proximidad de la noche favorecería la huida de la morisma, invocó la protección de la Virgen, una de cuyas festividades se celebraba aquel día, exclamando: ¡Santa María, detén tu día! lo que descendió la piedad divina deteniendo la puesta del sol hasta que se vio colmado el triunfo sobre el enemigo. Y dice que de aquí vino la advocación de Nuestra Señora de Tentudía.

    Y volviendo a la Batalla del Salado, en Tarifa, se dice que fue entonces, cuando convencido ya el justiciero y valiente rey, en lo más enconado de la cruel y despiadada pelea, cuando los cristianos libraban contienda de vida y muerte, ya cayendo la tarde, casi en penumbra, lo que favorecía a los de la media luna, cuando aquel Alfonso XI, viendo tan difícil la contienda, en una vehemente y ansiada súplica a la Madre de Dios, igual que el maestre Santiago invocando a la Virgen de Tentudía, se dirigió al Cielo para aclamar: ¡Señora, luz, más luz! ¡Señora, luz, más luz! y se cuenta y se deja sentado como tradición veraz, que el prodigio se realizó. De ahí el título tan bello y hermoso que lleva la Patrona de Tarifa: Virgen de la Luz.

Grabado de la Virgen de la primera mitad del siglo XIX. (Archivo del Autor)

    Aún cuando entendidos en Arte rechazan este supuesto, al considerar que una talla tan perfecta pueda proceder del siglo XIV, hay que tener muy en cuenta que en un curioso documento original, hallado en 1950 en el interior de la talla, se acredita de forma fehaciente que la misma fue restaurada por tercera vez en marzo de 1726, por el imaginero sevillano Diego de Gutiérrez bautizado éste, en la parroquia de San Lorenzo.

    Ello avala nuestra creencia, por cuanto si en el año 1726 se restauró por tercera vez, ¿qué de particular tiene que proceda de aquella dicha fecha?, muy modernizada ante tantas restauraciones. Además, ¿si en 1726 se hizo la tercera restauración, cuándo se debió de hacer la primera?.

    Como la mayoría de las imágenes, nuestra Virgen de la Luz tiene su leyenda, y dice ésta que la Virgen se apareció en un palmar, ante los ojos puros e inocentes del humilde pastor que guardaba unas ovejas. Yo quiero, le dijo la Celestial Señora ser la protectora de todos los hijos de esta tierra, que vengan a este lugar de hoy para siempre. Y así, sobre ese palmar, se construyó el Santuario.

    El pueblo creyente así lo tuvo por cierto. De generación en generación se fue transmitiendo esta leyenda, bonita y hermosa como todas las leyendas, más pegadizas al alma que la historia misma. Porque la historia la escribieron los hombres, grandes eruditos, que tal vez tuvieron que recopilar datos y más datos. La leyenda no la escribió nadie. Con fondo más o menos real, donde la fantasía voló como sueño de niños, nació del corazón del pueblo. La creó el pueblo para que en las largas veladas de invierno, los abuelos se la pudieran contar a sus nietos, al calor del hogar.

    El caso fue que en el palmar se levantó el Santuario de la Virgen tarifeña, y que cubriendo una gran palma se sienta el Camarín. Las madres de antes, y las madres de todos los tiempos, aseguraron siempre a sus hijos que esa palma, allí debajo, sin necesidad de que la regaran, sin que le diera el sol, ni el aire, se mantuvo siempre jugosa y fresca.

    Las gentes poseida de la piadosa leyenda, creyendo a pies y puntilla que la Virgen se apareció en un palmar, no se preocupó de averiguar más. No se pararon mucho a pensar ¿quién hizo la Virgen?, ¿qué imaginero la modeló?, ¿de cuándo data esta imagen milagrosa?

    Si se pregunta esto a cualquiera de Tarifa: a uno del campo o a uno del mar, o a esa viejecita que tantas veces, cuando las fiestas la vio llegar de la ermita y tantas veces la vio marchar, tal vez conteste, que la Virgen de la Luz, no la hizo imaginero alguno, que la Virgen la creó Tarifa. Que la modeló Tarifa. Que la hizo Tarifa para que velara por nosotros. Y eso basta.

    Yo, buceando en el archivo de cierto Cronista Oficial de Tarifa, encuentro el dato de unas mandas dejadas en favor de la ermita, en el año 1568. Asimismo un escrito solicitando la licencia del Santo Padre para un Jubileo, el día de Nuestra Señora, en su ermita, en el año 1589. Era un poder para Roma, por Juan Ruiz Moreno, hermano mayor, entonces, de la Hermandad de la Luz, a Pedro Álvarez y Fernando Castro. Licencia que fue concedida, y que ahora ha cumplido 404 años. Esto demuestra parte de la antigüedad de la veneración a la Virgen. No obstante, hasta el año 1720 no aparece el nombre de María de la Luz en las partidas de bautismos. Sin embargo, hasta el año 1750 no fue proclamada Patrona de la Ciudad. Era tal la pertinaz sequía que asolaba los campos, que se trajo a la imagen en rogativa el 14 de Enero del referido año, y habiendo sido prodigiosa su interseción, se reunieron los Cabildos, y la Ciudad hizo voto y juramento a la Señora, proclamándola Patrona.

    Precisamente en la conmemoración del Segundo Centenario de este Voto en 1950, el Rvdo. Padre José Font de Benito recordó que él había oido al Padre Marchena que en el interior de la talla se guardaba un documento; Documento al que ya hemos hecho mención y que acredita que fue restaurada hace ahora 267 años. Y fue en esta misma conmemoración cuando tuvo lugar (aunque no es frecuente) la celebración de un bautizo en el Santuario. El de una niña nacida en el contorno, cuya madre había muerto hacía poco. El padre era jornalero de campo. La cosa era natural, natural que el padrino fuera el alcalde y así sucedió: Salvador Pérez Gutiérrez fue el padrino; y su madre, Josefa Gutiérrez Vda. de Pérez Quero, la madrina. No hace falta añadir que a la niña se le impuso el nombre de María de la Luz.

    La misa de la celebración del Bicentenario del Voto fue ofrecida por el canónigo José María Benítez Duarte, actuando de diácono y subdiácono José Font de Benito y José Martínez Acuña. Todos hijos de Tarifa. La homilía, brillante como todas las suyas, estuvo a cargo del párroco de San Mateo José Luis Mainé Vaca. El Delegado del Trabajo gran tarifeño que fue, Antonio Cazalla Morales, ostentaba la representación del Gobernador Civil de Cádiz Carlos María Rodríguez de Valcárcel. Y por supuesto las autoridades locales como eran el alcalde Salvador Pérez, el Comandante Militar de Marina, Rafael Barroso Pando, el Juez Comarcal sustituto, Benito Flores Millán y el Hermano Mayor de la Hermandad, Francisco Terán Fernández.

    La Hermandad fue denominada así por mucho tiempo, pero anteriormente había sido Cofradía y últimamente Congregación, Pontificia y Real Congregación. Se hace titular Pontificia ante las Bulas de los Papas Benedictino XIV, en 1753 y las de Gregorio XVI, en 1835 y fue declarada Real, al aceptar Isabel II el nombramiento de Hermana Mayor Honoraria con la aprobación de sus Reglas. Reglas que con la firma de la reina, la Congregación guarda celosamente en su archivo. Este mismo título de Hermano Mayor Honorario le fue concedido a Alfonso XIII en 1904. Es la misma reina Isabel II la que encomendándose a la Virgen y en súplica a que le diese un hijo varón, le regaló un manto de raso azul-celeste con adornos de oro y al que se le conoce como "El manto de la Reina". Portador del regio presente lo fue el oficial del ejército, hijo de Tarifa y de guarnición en Madrid, José de Benito Huguet, abuelo del querido Padre Font. El manto llegó a Tarifa el 17 de junio de 1857 y el 28 de noviembre del mismo año nacía el que había de llamarse Alfonso XII. La Virgen oyó a la reina.

    Hay quizás una cosa relacionada con la Virgen que muchos no conocen: la reliquia de Santa Rosalía. Esta reliquia que contiene partículas de huesos de un dedo de la Santa, fue donada por Bernardo Bañales y Mendoza, coronel de los ejércitos de S.M. Siciliana, sargento mayor de la ciudad de Palermo y después fue Gobernador de las Armas en Tarifa, de donde era natural. La donó con el fin de que se expusiese a la veneración de los fieles, en el Santuario, y allí está desde hace unos años.

    Fue bendecida esta reliquia por el Obispo de Palermo Don Domingo, en la Capilla que tiene en el monte Peregrino y llegó a Tarifa el 15 de Mayo de 1715 día de San Isidro.

    Recibía cultos el día 4 de septiembre, festividad de la Santa y el 20 de agosto de 1774 el Obispo de Cádiz Fray Tomás del Valle, al aprobar la autenticidad, concedió 49 días de indulgencia a todas las personas que devotamente rezasen un Padrenuestro y Ave María, delante de la citada reliquia.

    Y para hacer más magnífica la celebración del 4 de septiembre, se dispuso asistiera el Cabildo Eclesiástico conduciendo procesionalmente la Reliquia desde la Parroquia de San Francisco, a la de San Mateo, con manifiesto del Señor. Todo ello, de acuerdo a lo solicitado por la Hermandad de la Luz.

    El Sr. Bañales regaló una reliquia a la Hermandad (como queda dicho) y otra al Ayuntamiento. Esta última estuvo durante muchos años en el despacho de la Alcaldía, después, por los años 1960 o 61, se extravió.

    Como cualquier población, Tarifa se esmera para rendir cultos a su Patrona, y una de las cosas a destacar es la Procesión al domingo siguiente de su llegada. En la Procesión hay una devoción más seria, yo diría que una devoción más ordenada. El pueblo entero se echa a la calle. Va la Comitiva Oficial y el Comandante Militar de la Plaza que lleva la cola de manto de la Imagen, cumpliendo una tradición castrense de cuando el General Copons el cual cuando los franceses, se encomendó a la Virgen, ofreciéndole su fajín y reconociéndola como única Capitana. Y desfila la Virgen por las calles tarifeñas, en medio de un piadoso silencio. Y de una ventana cualquiera, de una calle cualquiera, aquella viejecita que tras los cristales llora, como despidiéndose de Élla, porque no sabe si podrá verla el año que viene. Y desfila majestuosamente en su paso de plata cuajado de claveles y nardos. Que guapa va la Virgen. Pero la Virgen va guapa, porque es guapa, porque es bonita. Y más en ese paso, sin palio, la Virgen de la Luz nunca llevó palio, y como decía aquella mujer, su palio es el mismo cielo, de cuyo color es su manto, y porque ello impediría que se viera bien lo bonita que es; y porque sería un poco de tropiezo y las Salves tardarían más en llegar a Ella.

    Y en la mente de muchos está el Acto de Consagración del Pueblo a su Patrona la vispera de su regreso a la ermita. La consagración es grandiosa. Este acto fue instituido por el recordado padre Francisco Sánchez Marchena, allá en las postrimerías del siglo pasado o principios de éste. Y desde entonces, Tarifa entera, hombres, mujeres y niños, ricos y pobres, todos al mismo nivel, se dan cita todos los años en San Mateo, para desfilar bajo el manto de la Virgen. Es un desfile continuo de horas y horas que hay que aguantar en la interminable fila que se forma en la calle hasta dentro de la iglesia misma. Y en esto no hay cohetes, ni música, ni empaque procesional, ni nada, solamente el fervor, fervor callado, fervor sentido muy dentro por todas aquellas personas amantes de la Virgen. Porque muy contados serán los tarifeños, como muchísimos que sin haber nacido aquí ya lo son de adopción, que no se lleguen en esa noche a despedirse de la Virgen de la Luz.

    Después de ese paso bajo el manto de la Virgen, a Tarifa le suenan como nunca las campanas de San Mateo al llegar la madrugada, son repiques alegres, que no obstante suenan un poco a nostalgia, es el agridulce de las despedidas. Y terminada la misa del alba, ya en la calle, emprendido el retorno, el obligado retorno tras las fiestas, todos en pos de la Virgen, rodeándola, codeándose unos con otros para acercarse más a Élla, discutiéndose los más jóvenes el cargarla sobre sus hombros para sentir su peso. Para ya, después, tras la larga caminata de ocho kilómetros, alegre caminata con sofocos de calor, dejarla allí, en su Casa de Campo, en su Santuario, en ese Santuario en el que Tarifa plasmó su fé mariana, allí hasta el año que viene. En ese Santuario con prestancia de Cortijo Andaluz, donde en esa mañana de un otoño que comienza se celebra esta romería. Y el pueblo entero y de toda la Comarca llegan para acompañar a la Virgen. Muchos, descalzos y sin hablar durante el recorrido. Recuerdo de cuando hace algún tiempo, una buena mujer acompañaba a la Virgen con los pies descalzos, en promesa, detrás de la Imagen. Ello durante muchos años. No hablaba durante el trayecto. Parecía muda. Y nadie la veía llegar, ni nadie notaba, cuando ya llegada la comitiva a la ermita, desaparecía, e iba en pos de la Imagen, sin importarle si sus pies, desnudos pisaban los guijarros del camino. Era una mujer del pueblo, que vestía un sencillo hábito de la Virgen. Nadie sabía quien era, ni de donde venía. Era una mujer anónima. Pero un año, al cabo de muchos, aquella mujer, con cuya presencia nos habíamos familiarizado los que soliamos concurrir a este traslado, no apareció. Hubo extrañezas, se notaba su falta. Y ya no se vio más. ¿Qué le habría pasado a aquella devota mujer? ¿Habría cumplido ya su promesa? ¿O sería, tal vez, que la Virgen se la quiso llevar más cerca de Élla...?

Santuario con la Casa Hospedería. (Cuadro de Juan Labao)

    Como datos más interesantes, ya que el tocar el tema del Santuario se prolongaría mucho, he de señalar que la ermita donde se venera la Patrona tarifeña, como es natural, ha sufrido muchas reformas a través de los años. En tiempo hubo una casa de hospedería, a la que muchas gentes concurrían a pasar largas temporadas, arrendando cuartos y demás. Constaba de dos pisos como se puede observar en un cuadro que pintó ese gran tarifeño que se llamó Juan Labao Díaz. El piso alto fue derruido al estar amenazado de caerse. Así, el Cabildo de fecha 16 de septiembre de 1815, dice: El Hermano Mayor, José María de Prado y Ayllón, expone que tiene en su poder 18.000 reales de vellón que dos devotos le habían entregado para que lo invirtiese en aquello que se creyese más necesario en Nuestra Señora, se acordó la reedificación del Santuario, que se hallaba en casi total ruina por el accidente de los franceses; también se facultó a dicho Hermano Mayor que si faltare dinero después de invertida esta cantidad, se dispusiese la venta del ganado vacuno que existiese de la Virgen.

    Dentro del tema del Santuario decir, que por ejemplo, el Camarín es más moderno que el resto de la iglesia. Fue construido en los años 1773 a 1794, y fueron sus constructores los maestros Juan Pérez Arroyo y Antonio Cayetano; el primero, en el año 1776 se desplazó a las localidades de Alcalá de los Gazules y a Vejer de la Frontera para reconocer los Camarines de las Vírgenes de los Santos y de la Oliva.

    Este tallista, Pérez Arroyo, estuvo muchos años trabajando en el Camarín. Aparece recibo por 4.536 reales, y por 189 días de trabajo, el 7 de octubre de 1784, o sea, que ganaba 24 reales diarios.

    También existe, dentro de las obras realizadas en el citado Camarín por el Sr. Pérez Arroyo, una partida de 5.647 reales y 17 maravedíes, por obras y jornales de los capiteles de las columnas.

    Hay otro dato importante y es una Carta Orden de fecha 6 de Julio de 1756, en la que dice: Los comestibles que se consumen en el Santuario para la fiesta de la Virgen, e18 de septiembre, exceptuando, tanto dulces, frutas y turrones u otras cosas, no siendo vino, vinagre, aceite y carnes, dispondrá que no se cobren derechos según antiguamente se ejecutaba por resultar en beneficio del milagroso Santuario. Esta Carta Orden original, se encuentra en la Administración de Rentas de la Provincia.

    El pozo comenzó a construirse el 18 de agosto y se terminó el 29 de septiembre de 1773, y su coste fue de 2.072 reales y 32 maravedíes.

    En esa misma fecha, el 16 de agosto de 1773 se obtiene 2.088 reales, líquido.de una corrida de toros, celebrada en el Patio del Matadero de Algeciras, a beneficio de la Hermandad, precisamente para el Camarín.

    Y el 6 de Abril de 1776 hubo un huracán que ocasionó destrozos en el Santuario, por cuya reparación se le pagó al maestro José Barrios 700 reales.

    De los estatutos, los últimos aprobados tienen fecha 10 de Enero de 1991. Sabemos que existe documentación sobre las Constituciones de la Cofradía de Hermanos de Ntra. Sra. de la Luz en 1717. Y dice: Constituciones hechas en su ermita a una legua de esta ciudad de Tarifa, hechas por mandato del Obispo Lorenzo Armengual de la Mota y entregadas a este Sr. Obispo, en su visita pastoral de 10 de diciembre del referido 1717, y aprobadas el 7 de mayo de 1720.

    Una de estas Constituciones, la 4ª del capítulo 3º dice: Se dispone que los Hermanos Mayores marchen a lo que deban ir, en el mes de agosto por las eras, pidiendo limosnas de trigo, para la Virgen.

    En 1720, según dato, se recogieron 34 reales de vellón, recaudados de limosnas, cuando estuvo en la Ciudad una compañía de tirititeros.

    No es normal, de hecho es el único caso que se conoce, el de un enterramiento en la Ermita. Es el cadáver de José Cristóbal Herrera y García, viudo de Andrea Aragón, que falleció el 10 de diciembre de 1800, y enterrado el día 12. Murió en su propia casa de la Cañada de Jara, a consecuencia de la epidemia de peste. Intervino la Junta de Sanidad, cuya diligencia fue llevada a cabo por el Teniente Alguacil Mayor y Escribano Real.

    Precisamente, que en el año 1982, al hacerse limpieza y colocar solería en el hueco del Camarín de la Virgen, aparecieron los restos de este cadáver. Una vez efectuada la obra, los citados restos fueron metidos en una caja de madera y depositados de nuevo en el hueco donde fueron encontrados.

    Ahora el Hermano Mayor es sólo uno. Antes había más, así, por ejemplo, en Cabildo de 14 de agosto de 1772, la Hermandad tenía cuatro Hermanos Mayores. Estos eran: Gaspar Moriano y Lara, Mateo Maroto Ribera, Antonio Ochoa y José Sánchez.

    Por esta misma fecha y en visita al Santuario por José Martín y Guzmán, Canónigo Magistral de la Catedral de Cádiz, Visitador General de todo su obispado, manda se cuide con todo esmero y decoro el Santuario y prohibe que en la Casa Hospedería, su patio y habitaciones, haya bailes, música, instrumentos profanos (como guitarra y otros) bajo pena de excomunión mayor.

    Sobre el tema de la Virgen hay cosas muy interesantes, como puedan ser la concesión por el Papa Sixto V de un jubileo, los siete viernes de Espíritu Santo, esto en 1587.

    El 9 de enero de 1713 existe Capellanía a favor de la Hermandad, de tres casas. El Capellan estaba obligado a decir una misa por su alma y por las de sus padres y hermanos.

    Es tradicional que todos los años, en tiempos de almadrabas regalen uno de los primeros atunes capturados a la Virgen de la Luz. Esto viene de muy antiguo. Poseo datos sobre un atún regalado por los armadores en mayo de 1722, cuya venta dio un beneficiode 112 reales. Otro, regalo éste de los armadores de Conil, el cual produjo 80 reales.

    Sobre la ganadería (el tema es muy extenso) pero, por ejemplo, decir que en 1776 ya poseía la Hermandad 40 reses. En la actualidad, el asunto de la ganadería se lleva más organizado. Recuerdo oir hablar a mi padre de aquellos herraderos en Turrao, en el cortijo de Manuel Castro, donde, por ejemplo, en 1930 se herraron 18 reses de la ganadería, que poseía 21 en total.

    Como dato interesante y curioso, podemos comentar que en el mes de marzo de 1790 se trajo a Tarifa a la Virgen, en procesión de rogativa, y se le hizo novenario; motivo: que no había llovido durante los meses de diciembre de 1789 y enero y febrero de 1790. Miren que curioso, se produjo el milagro. En esa Semana Santa del referido 1790, la Virgen se encontraba en nuestra Ciudad. Había comenzado el primer novenario de rogativa el día 10 de marzo. El sábado vísperas de Ramos, la Virgen fue cubierta con el velo en el altar mayor hasta el segundo día de Pascuas (5 de abril) que acabada la misa de 12 se rasgó el velo. A mediados de Abril, salió la Virgen para el Santuario, habiendo estado 45 días en el pueblo, debido ya al mal estado de los caminos a causa de la mucha lluvia caida.

    En 1774 se le paga a José Castro 82 reales, del plomo y estaño gastado en el órgano y que satisfizo a Tadeo del Olmo, al que después se le pagan 750 reales del resto que se le debía del órgano que hizo.

    En la procesión del segundo domingo septembrino, la Patrona tarifeña es llevada en unas preciosas andas que se estrenó en 1962. Y tuvo otras que, en 1810 y por causa de los franceses, se llevaron a Ceuta por orden del Gobernador. Estas andas de plata, junto con otros servicios de la iglesia, con un peso total de 14 arrobas, fueron trasladadas de Ceuta a Cádiz y se redujeron a monedas.

    Dentro de este siglo podemos destacar que, en el traslado del año 1926, el día 22 de septiembre, la misa se celebró en la Palmosilla, por encontrarse en obras el Santuario. Obras que salieron a.subasta y que fueron adjudicadas al Sr. Rosano. Los jornales de aquella fecha eran de 6,50 los albañiles y 4 pesetas los peones, mas 2 pesetas de manuntención. La carpintería estuvo a cargo de ese gran artista que fue Lorenzo Jiménez, y era párroco por aquel entonces el Rvdo. Gámez Coto. Finalizada estas obras, el obispo Marcial López Criado ofició una misa el día 16 de octubre del citado año 26, con asistencia de autoridades y familias.

    Al año siguiente, 1927, se comenta mucho el traslado, quizás debido a la construcción del puente. En este día del traslado, Juan Luque instaló un improvisado restaurante. Juan Luque era el que tuvo el establecimiento de bebidas en lo que fue Reten Municipal en la Calzada, y en cuyo escalón de entrada podía leerse, allí labrada, la palabra "cervecería".

    Recuerdo también, y está todavía fresco, cuando en el año 1988 y debido al conflicto del agua de los molinos de Puertollano, se corrió la voz de que los ecologistas iban a boicotear la llegada de la Patrona. En ningún momento hubo que temer nada, pero no obstante, y por primera vez, la entrada de la Patrona viene acompañada de un gran número de Guardias Civiles.

    Quiero recordar que en el año 1991 se cumplió el cincuenta aniversario de la ofrenda que el entonces alcalde de Tarifa, Francisco Terán, hizo ante la Santísima Virgen al entregar, en nombre del pueblo tarifeño, la Corona adquirida por suscripción entre el vecindario, y cuyo acto, celebrado el 14 de septiembre de 1941 en la Parroquia de San Mateo, revistió gran solemnidad.

    Una corona que la Madre y Señora estrenó y lució en la procesión de ese día 14 donde mezclados con el metal, quedó fundido el cariño, las lágrimas y las súplicas de madres, esposas e hijas y de todo este pueblo mariano.

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